Novena Sinfonía de Schnittke

Alfred Schnittke compuso algunas obras breves en 1997 y también una Novena Sinfonía; su partitura era prácticamente ilegible porque el compositor escribía con gran dificultad con su mano izquierda [arrastraba numerosas enfermedades y estuvo clínicamente muerto en varias ocasiones]. La Novena Sinfonía se estrenó el 19 de junio de 1998 en Moscú, en una versión descifrada – por no decir también que arreglada – por Gennadi Rozhdestvensky, quien la dirigió en su estreno. Después de escuchar una grabación de la actuación, Schnittke indicó que rechazaba dicha versión de su obra.

Schnittke murió en Hamburgo en 1998. Después de su muerte, otros trabajaron para descifrar dicha partitura. Nikolai Korndorf murió antes de poder completar la tarea, que fue continuada y completada por Alexander Raskatov. En la versión de Raskatov, los tres movimientos para orquesta de la sinfonía de Schnittke pueden ser seguidos por una obra coral en el cuarto, una obra propia de Raskatov, Nunc Dimittis (in memoriam Alfred Schnittke). Esta versión fue estrenada en Dresden, Alemania, el 16 de junio de 2007. Andrei Boreyko también tiene una [tercera] versión de la sinfonía.

Fascinante la locura de esta sinfonía que tiene tres versiones, y que posiblemente no tengan nada que ver entre sí. Alexander Raskatov, al incluir una obra suya en el cuarto movimiento, demuestra tener más cara que espalda. Es un movimiento ingenioso, como el del compositor que incluyó “Plutón” en Los Planetas” de Gustav Holst.

Esta sinfonía se une a tantas otras malogradas en la famosa maldición de la Novena Sinfonía.

La oportunidad

Dietrich Fischer-Dieskau, nacido en Berlín en 1925, es posiblemente el mejor barítono de todos los tiempos e indudablemente una de las mejores voces masculinas de toda la historia de la música (clásica).

Sin embargo el éxito no le resultó para nada sencillo. Su padre murió cuando él tenía sólo doce años. Empezó a estudiar música con dieciséis pero cuando llevaba un semestre en el conservatorio de música fue reclutado para la II Guerra Mundial, al frente italiano. Luego pasaría dos años detenido en un campo de prisioneros americano. Volvió a Alemania en 1947 y comenzó a trabajar cantando en un coro.

Para una interpretación del Requiem Alemán de Brahms en Badenweiler, en 1947, Dietrich Fischer-Dieskau figuraba entre los miembros del coro. Uno de los papeles principales tuvo una indisposición – no se sabe sin un problema con la voz o una simple borrachera – causando una baja insustituible poco antes del concierto.

Dietrich Fischer-Dieskau podía ser potencialmente el mejor barítono de la historia. Pero eso no habría servido de nada si en ese momento no hubiera dado un paso adelante diciendo que él cantaría. Nunca antes había cantado ese papel. No pudo ensayar. Fue tomar la partitura y cantar en directo, sin ningún tipo de preparación, acostumbrado al anonimato del coro ahí tuvo que enfrentarse a una de las piezas que, por más conocidas, más exigentes vuelven al público. Y no lo hizo muy mal porque a partir de ahí empezó una carrera con tantos éxitos que costaría nombrarlos a todos.

La historia de Fritz Wunderlich, nacido en Kusel en 1930, siempre se ha comparado en sus comienzos con la de Dietrich Fischer-Dieskau. Este otro cantante tuvo una infancia aún más complicada que la del anterior, pues su padre se había suicidado cuando él tenía tan solo cinco años. Desde muy pequeño tuvo que trabajar en una panadería y sólo se decidió a estudiar música ante la continua insistencia de sus vecinos que alababan su forma de cantar (no es lo mismo cuando esto sucede en Alemania que cuando ocurre en Almería).

Wunderlich estudió trompa (la no tan equivocada idea de que un músico debe saber cómo tocar un instrumento) además de canto en Friburgo gracias a una beca. Los padres de Wunderlich eran músicos y el futuro tenor sabía tocar varios instrumentos, participando en orquestas de jazz con las que conseguía algunos ingresos.

La gran oportunidad de Wunderlich llegaría en 1956, cuando contaba con 26 años. Su puesto era un tanto perentorio, suplente del suplente de uno de los papeles principales de la Flauta Mágica de Mozart (una de las óperas más importantes del repertorio). Sus posibilidades de debutar eran remotas pero el tenor principal, Josef Traxel, fingió ponerse enfermo para que el suplente, Wolfgang Windgassen, que se había puesto de acuerdo con él, le diera la oportunidad de debutar al joven Fritz Wunderlich.

En este caso no fue cuestión de aprovechar una oportunidad única, dos enormes cantantes se confabularon para darle una oportunidad extraordinaria de triunfar. La historia les honra con ese favor que ha pasado a la historia en el mundo de la música, donde la competitividad suele ser implacable.

Wunderlich consiguió una fama casi instantánea por su excelente interpretación del personaje mozartiano. Su relación con ese personaje, de nombre Tamino, es llamativa para los amantes de las coincidencias. Fue su primer papel protagonista en una representación de estudiantes y con el que consiguió su primer trabajo en Stuttgart. Luego le llegaría la gran oportunidad con la que dio un paso de gigante en su carrera hacia la fama. Su última representación operística fue también en el papel de Tamino. Y la historia también le recuerda como el mejor Tamino de todos los tiempos.

La historia de estos dos magistrales cantantes da una moraleja: el cantante que se indispuso y dio la oportunidad a Dietrich Fischer-Dieskau es un nombre desconocido. Los tenores que dieron su gran oportunidad a Wunderlich han pasado, como él, a la historia. Quizás nunca tengas una oportunidad de demostrar tus posibilidades, pero nunca pierdas la ocasión de darle esa oportunidad a los demás.

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Squanto

Si bien la colonización de América del Sur y Central fue casi inmediata tras la llegada de Cristóbal Colón en 1492, la ocupación de los territorios de Norteamérica sería mucho más dificultosa. Estados Unidos no tuvo una colonia británica que perdurara hasta el año 1620, en Plymouth.

Es decir, pasaron 128 años desde que llegaron los españoles hasta que pudieron hacerlo los ingleses. Si ponemos las cifras actuales, imaginad que alguien descubre algo increíble en 1881 y una potencia mundial no es capaz de hacer eso mismo hasta el año 2009.

Lo que es realmente extraordinario de todo este hecho es que, cuando los desorientados ingleses que aspiraban a fijar su residencia en América, caminaban por el desconocido, peligroso y agreste territorio, se encontraron a un indio que sabía hablar inglés. Ese indio se llamaba Samoset.

Pero aún más increíble, si cabe, es que a los dos días ese indio se trajo a otro que habla un inglés muy bueno: Squanto(1580-1622) se llamaba este indio.

Y no solo eso, sino que Squanto sabía hablar algo de español. Estamos ante un caso de descubrimiento inverso a lo bestia.

Mientras los ingleses no encontraban la forma en que podrían colonizar ese territorio, Squanto había tenido una vida realmente azarosa:

1605. George Weymouth, un explorador inglés, visita los territorios actuales de Maine. Decide llevarse a unos cuantos indios como prueba de que realmente había estado en América. Squanto es uno de los elegidos.

1612. En Inglaterra aprende inglés para ser útil como traductor. Es enviado de vuelta al territorio americano, donde tras unos útiles servicios es liberado de nuevo.

1614. Camino hacia el sur, hacia las tierras de su tribu, Squanto es capturado de nuevo, por Thomas Hunt. Ahora es vendido como esclavo en Málaga (!) por 20 libras.

1616. Unos monjes franciscanos se quedan con este indio (y algunos otros que vendían junto a él). Al final Squanto consigue convencerlos de que lo liberen. Y en un viaje que no podría ser menos que extraño, consigue llegar de nuevo a Londres.

1618. Squanto hace un viaje a Terranova y vuelve de nuevo a Inglaterra.

1619. Por fin vuelve a América para quedarse. Se encuentra con que su tribu ha sido arrasada por la viruela. Sin donde ir, se une a otra tribu.

Así, cuando los temerosos peregrinos que llegaron a Plymouth en 1621 se encontraron con Squanto, tenía un conocimiento de Inglaterra mucho mayor que la mayoría de ellos y por supuesto había visto más mundo del que ellos jamás conocerían. Gracias a Squanto, la vida de los colonos sería más fácil y conseguirían ser la avanzadilla a la invasión europea que pronto sobrevendría.

Curación del asma

Los enfermos de asma normalmente sólo encuentran que con el paso del tiempo su dependencia de los medicamentos y el inhalador aumentan, mientras que los síntomas no disminuyen. Hay personas que pasan por urgencias médicas cada pocas semanas.

El siguiente artículo muestra el caso de una persona que hizo lo que todos los enfermos: probó uno tras otro todos los medicamentos y tratamientos posibles sin que ninguno se mostrase eficaz.

Entonces se enteró de la existencia de un gusano que infecta al cuerpo humano, el anquilostoma, provocando una desagradable enfermedad: la anquilostomiasis.

Es de estas enfermedades que no habías oído hablar jamás y resulta que la tienen 600 millones de personas aproximadamente. (sí, seiscientos millones, que no se me ha ido la mano).

Esta enfermedad produce anemia y hemorragias intestinales crónicas. Pero según cuenta el relato en cuestión, los que la padecen no sufren asma. O al menos eso decía un documental de la BBC.

Pues bien, el paciente en cuestión, desesperado por su gravísimo asma, decidió infectarse con esa enfermedad. Y su relato es una maravilla de lo extraño que inunda internet: quieres contagiarte de una enfermedad que tienen 1.000 millones de personas y no es sencillo.

Lejos de ser la narración de un pirado con altas dosis de credulidad, en todo momento se dan indicaciones casi científicas (y digo casi porque ningún médico recomendaría lo que aquí se cuenta). Nuestro sufrido paciente, ante la dificultad de contraer la enfermedad en un país desarrollado, no tuvo más remedio que ir a Camerún.

Camerún es uno de esos países de África que no salen en el folleto de Halcón Viajes, porque no es turístico. Si un país es turístico, entonces se complica el contraer anquilostomiasis. Para lograrlo, hay que realizar unas excursiones que no ofrecería ningún touroperador.

Y bueno, no me gusta desvelar los misterios. El relato es extrañísimo. Contrajo la enfermedad. Y se curó del asma. Pero claro, para evitar una recaída, no tuvo más remedio que mantenerse enfermo de anquilostomiasis. Y a pesar de ser una enfermedad mil millonaria, en el mundo en que vivimos, de asepsia y limpieza, casi tuvo que montarse un cultivo en casa para poder mantener a sus gusanitos en perfecto estado de enfermedad.

En fin, una de las lecturas más extrañas de Internet, en mucho tiempo.

Vía: Blog de Seth Roberts (uno de los blogs más interesantes de Internet).

Nota posterior:
Un artículo de New Scientist sobre los gusanos parasitarios como método alternativo para curar enfermedades.

26 de Marzo

Honrado como el día de la Independencia en Bangladesh, San Poncio según el santoral católico, o el Día Mundial por los Documentos Libres y los Estándares Abiertos para los linuxeros, el 26 de marzo tiene algo que lo convierte en muy especial.
Es el 85º día del año (el 86º en los años bisiestos), pero el 26 de marzo faltan 280 días para terminar el año.
280 días es el tiempo medio, aproximado, de gestación del ser humano, por lo que si hoy te quedas embarazada, tu hijo nacerá, en promedio, el 1 de enero del año que viene.
La primera puntualización importante es revisitar una vez más lo inexacto de nuestro conocimiento sobre algo muy sencillo, en este caso el nacimiento de los niños. 280 días es una unidad de medida múltiplo de 40 semanas, que a su vez es un número muy redondo.
A pesar de que se conocen los decimales de pi con una precisión de millones de cifras, el periodo de gestación para las personas se conoce con una precisión de semanas. Los estudios más profundos al respecto se atreven a sugerir cifras como el de 282 días.
No es esta una media convencional: los embarazos prematuros se eliminan de la estadística. Los embarazos normales, duran en torno a esos días.
El segundo punto a señalar es la no arbitrariedad del nacimiento de un hijo. A priori puede parecer trivial pero no es así.
El niño nacido el 1 de enero compartirá clase con niños nacidos después que él. Todos sus compañeros de clase serán más jóvenes. Esto tiene una ventaja, demostrada estadísticamente, para los niños: la probabilidad de que sean unos buenos deportistas es considerablemente mayor. Al final, se entiende: en cualquier clase serán los más grandes, los más fuertes y los que han tenido más tiempo para aprender.
Para los padres también es una desventaja: si el niño nace el 31 de diciembre el gasto en guardería será mucho menor que si nace el 1 de enero: exactamente habrá que pagar unos ocho meses de guardería más, que a unos 200 euros (tirando por bajo) son nada menos que 1.600 euros. Algo que se pueden ahorrar los padres previsores. Pero si los padres tienen dinero, y lo que les interesa es el futuro del niño, mejor tenerlo a principio del año.
Eso sí, con lo mal que está la fertilidad en los tiempos que corren, no está la cosa como para tanta planificación. Eso sí, si lo estás buscando, el 26 de marzo es un día perfecto para hacer un esfuerzo extra.
Fuente: No hay fuente, esto lo escribí el 1 de enero, y se me pasó publicarlo en el día exacto.

5 formas de perder en ajedrez

Hay infinitas formas de perder una partida de ajedrez, aunque lo habitual es hacerlo porque tu rival te da jaque mate (o decides retirarte antes de ese mal trago) o porque superas el tiempo de reflexión de tu reloj (tienes un tiempo determinado para pensar las jugadas; Si lo superas, pierdes). También puedes perder la partida por conductas antideportivas (romperle una silla en la cabeza a tu rival).
Al margen de las anteriores, que yo sepa sólo se puede perder una partida por estas otras razones:
a) Darle al reloj antes de realizar el movimiento.
Un gesto tan inocente en los jugadores poco habituados al reloj es motivo de pérdida de la partida en una competición. Hay que mover y después darle al reloj. Esto es algo mecánico en los jugadores habituales, pero el que por picaresca o error le de primero al reloj, pierde la partida.
b) Que te suene el teléfono móvil.
Los teléfonos móviles están prohibidos en las salas de torneos de ajedrez. Teóricamente el simple hecho de que estén encendidos ya es motivo de sanción. En la práctica la sanción se lleva a cabo cuando el móvil suena y la sanción es implacable: pérdida de la partida.
c) Llegar tarde a la partida.
En ajedrez existe una regla viejísima que establece que se puede llegar a la sala de juego de un torneo hasta con una hora de retraso. Si se llega pasada la hora, el jugador pierde la partida sin opción a empezarla.
Esta regla es motivo de duda entre los jugadores. No hay que realizar el primer movimiento antes de que transcurra una hora.
Supongamos por ejemplo que un jugador llega a la sala de juego cuando han pasado 59 minutos desde que comenzara la sesión. El jugador puede pensar todo el tiempo que quiera su primer movimiento (se le restará de su reloj así como esos otros 59 minutos). Puede estar otra hora pensando si eso le complace.
O incluso puede llegar 59 minutos tarde, decirle al árbitro “aquí estoy” y luego marcharse otra vez, a desayunar, o simplemente marcharse sin aparecer jamás. En este caso su única opción es perder por tiempo, consumir todo el tiempo para la partida.
Esta norma de la hora de cortesía es totalmente arcaica y en el próximo reglamento de la Federación Internacional será cambiada por una más brusca: el que no está a la hora de comienzo, pierde la partida.
d) Realizar una jugada ilegal.
En ajedrez no se pueden realizar “jugadas ilegales”. Es como en matemáticas, que no se puede dividir por cero o hacer una raíz cuadrada de un número negativo.
Sin embargo no deja de ser un juego en que por error se puede dejar el rey expuesto a que sea capturado, o mover la reina como si fuera un caballo, o mil irregularidades propias de mentes enfermas.
Cuando se realiza una jugada ilegal, hay que volver la posición atrás y hacer una que fuera válida. Si el torneo es de partidas rápidas (pocos minutos para toda la partida) el hacer esta jugada ilegal puede ser sancionado con la pérdida de la partida.
Esto no ocurriría en un torneo de “partidas lentas” en que el jugador sería penalizado con tiempo extra para su rival. (El realizar la jugada ilegal es algo que puede desconcentrar del ritmo normal de juego). Sin embargo si estos errores se repiten, hasta tres veces, el árbitro dará la partida por perdida al infractor.
e) No saludar al rival.
Suele ser habitual darle la mano al rival antes de comenzar la partida. Es un gesto honorable, existente en muchos deportes. Con él se trata de indicar que la contienda no tiene que existir más que en los términos de lo deportivo.
Pero en toda competición que se precie hay enormes enemistades personales. En muchos casos los rivales se odian a muerte, no se hablan y se amenazan mediante declaraciones. Uno de los casos más claros es el de Karpov y Korchnoi, que se enfrentaron por el título mundial. Más de andar por casa es la rivalidad (que no sé cómo andará) entre Shirov (nacionalizado español) y Zurab Azmaiparashvili (por motivo de la historia narrada en el link anterior).
En alguna competición se ha indicado expresamente como obligatorio el tener que saludar al rival, dándole la mano. El no hacerlo fue motivo de pérdida de la partida para el búlgaro Ivan Cheparinov ante el inglés Nigel Short. (Estas cosas le pasan mucho a Short porque es un periodista bocazas que sólo sabe crearse enemigos).
De toda esta lista, he perdido por jugada ilegal (d) y he ganado por que le suene el móvil a mi contrincante (b), que el rival llegue tarde (c) y porque haga una jugada ilegal (d).
Tengo pendiente romperle una silla en la cabeza a más de uno, pero lo guardo para mis propósitos de fin de año.

El viaje del pavo

No hay país que dignifique más la carne de pavo que los Estados Unidos. Y es curioso cómo el animal llegó a los Estados Unidos.
En México, antes de la llegada de los españoles, no había animales de granja, con la única excepción del pavo, que no existía en Europa. El otro animal doméstico que a veces comían los mexicanos era el perro.
Los españoles llevaron sus animales a América y trajeron al pavo a Europa. Desde allí, vía Sevilla, viajó muy pronto a Inglaterra. Los barcos de colonos británicos, en algunos de sus viajes a las costas americanas, empezaron a enviar pavos a Norteamérica, esta vez a los Estados Unidos.
En Estados Unidos existían, al igual que en México, pavos salvajes. Pero la versión doméstica tuvo que recorrer miles de kilómetros para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.
En aquella época era común ese trasiego: los productos americanos viajaban a España y Portugal y desde Sevilla o Lisboa eran exportados a toda Europa. Ingleses y franceses enviaban estos productos de vuelta a Canadá y Estados Unidos.
Se tardó muchos años en realizar trayectos más eficientes. Luego se usaron las islas del Caribe como puertos principales que distribuían los productos de América a todo el mundo. En algún momento del tiempo Inglaterra llegó a valorar mucho más a las islas de las Antillas que a Canadá y Estados Unidos juntos.
Aún hoy en día no se aclaran sobre el origen del famoso pavo en la Cena de Acción de Gracias. Unos opinan que los colonos tomaron pavo por una costumbre Navideña británica. Otros que lo hicieron basados en los pavos salvajes que encontraron en el nuevo territorio. Lo que sí que es cierto es lo que os acabo de contar, que había pavos en México y llegaron a Estados Unidos por tan extraña ruta.

Los fusiles de Morgan

I

En febrero de 1861 comenzó la Guerra Civil Americana. Los Estados del Sur fueron declarando su independencia uno tras otro, hasta que se llegó a un conflicto armado entre los leales al país (el Norte) y los separatistas (el Sur).
Las primeras batallas fueron equilibradas pero más favorables al Sur que al Norte. Así, el entonces presidente del Norte, Abraham Lincoln, hizo una llamada generalizada a las armas: debían movilizarse tantas tropas y armamento como fuera posible.
Muy alejado del campo de batalla, un tal Arthur Eastman había localizado en una isla cercana a Nueva York un arsenal abandonado tras la Guerra de Independencia de Texas (1835-1836). Este consistía en unos 5.000 fusiles, bastante obsoletos para la tecnología militar de entonces.
Eastman, que no tenía profesión alguna aunque se definía como una persona “familiarizada con las armas”, le propuso en mayo de 1861 al responsable de dicho arsenal, el Intendente James W. Ripley, que él sería capaz de adaptar dichas armas a los tiempos modernos, a cambio de algún dinero.
Con buen criterio, James Ripley argumentó que las manipulaciones de armas nunca salían bien y lo normal era que empeoraran las cosas. Y que aquellos fusiles no servían para nada y no saldrían de la isla.
Entonces Eastman propuso comprar la partida de carabinas, al precio de 3,5 dólares cada una de ellas. Total, si iban a ir a ser desechadas. Ripley estuvo de acuerdo.
Pero Eastman tenía un problema: no disponía de los 17.500 dólares necesarios para realizar la transacción.

II

La guerra se recrudecía y la necesidad de comprar armas aumentaba: En julio de 1861 el General John C. Frémont apareció por Nueva York dispuesto a comprar armas de quien las tuviera. Esto llegó a oídos del abogado Simon Stevens que ningún interés tenía en las armas, pero que había oído hablar de que un tal Arthur Eastman podía contar con 5.000 fusiles.
Así que Simon Stevens se puso en contacto con Arthur Eastman y acordó con él que le compraría los fusiles a 12,5 dólares cada uno, por un total de 62.500 dólares. Y con la noticia telegrafió al General Frémont, ofreciéndole una partida de fusiles adecuados al estándar del Ejército Americano, al precio de 22 dólares cada uno.
Frémont estuvo de acuerdo con el trato e indicó a Simon Stevens que enviara los fusiles de inmediato a Missouri. Entonces Stevens tuvo que puntualizar que los fusiles todavía no estaban de acuerdo a los requerimientos del Ejército. Y el General Frémont le dijo que en cuanto los tuviera preparados, los enviara sin dilación.
La situación era compleja. Eastman compraba por 17.500$ las armas al Intendente de la isla Governors, que actuaba en nombre del Ejército. Eastman realizaba el apaño para que sirvieran para el Ejército y Stevens le compraba las armas a Eastman por 62.500$.
Finalmente Simon Stevens vendería esas armas a Frémont por 110.000$.
Así funciona la economía. Una misma cosa cambia varias veces de mano, todo el mundo gana dinero y todo el mundo queda contento. Pero faltaba una pieza fundamental: el dinero. Tanto Eastman como Stevens estaban ansiosos por cerrar el trato, pero ni uno ni otro tenían dinero para comenzar la operación.

III

Fue entonces cuando apareció el banquero de turno: un jovencísimo J.P. Morgan, el legendario banquero que por aquel entonces sólo contaba 26 años de edad.
Morgan, tras ponerse de acuerdo con Eastman y Stevens, puso en marcha la transacción, prestando 20.000 dólares al primero. Con ese dinero, Morgan compró las armas por 17.500 dólares y le prestó 2.500 dólares a Eastman.
Con los 2.500 dólares, Eastman podría realizar las manipulaciones en el armamento. Hasta entonces las armas quedaron como aval del préstamo de Morgan.
Cuando se terminara de hacer la modificación del armamento, Morgan le prestaría 42.500 dólares a Simon Stevens, siempre y cuanto este empezara a recibir pagos de las armas por parte del Ejército.
Si embargo las dichosas alteraciones de los fusiles requirieron de más tiempo del pensado inicialmente. Y Morgan, que estaba ultimando los detalles de su boda, decidió mantenerse al margen del negocio, que ya estaba muy avanzado.
Morgan cobró del Ejército un adelanto de 55.550 dólares, a cambio de 2.500 de los fusiles, la mitad del total. Con ese dinero Morgan recuperó la inversión inicial de 20.000 dólares, cobró un interés del nueve por ciento (156 dólares) por la transacción y se pagó una comisión de 5.400 dólares, más de un 25% de la inversión inicial.
El resto del dinero y la parte del negocio que quedaba pendiente de cerrar se los trasladó a otro banquero amigo suyo, Morris Ketchum, el 10 de septiembre de 1861.

IV

La jugada maestra de J.P. Morgan es considerada según se mire como una de las más despiadadas de la Historia de la Economía. Hizo dinero vendiendo al Ejército armas compradas al Ejército, todo esto en tiempo de una preocupante Guerra Civil, cobrando una comisión desorbitada aún para la época. Y encima eliminó todo el riesgo del negocio evitándose el desagradable trago de asegurar los pagos por parte del Ejército.
Para aderezar su mala imagen, se argumenta que al tiempo que Morgan realizaba su negocio, se libró de cumplir con la llamada a filas generalizada para todos los hombres con edades comprendidas entre los 20 y 40 años. En la época lo habitual entre la gente adinerada era pagar un dinero, 300 dólares fue el precio fijado para la Guerra Civil Americana, para que otro fuera en tu lugar. Aunque en la Wikipedia lo dan por hecho, con fuente y todo, este dato no es cierto, o al menos no existe ninguna prueba, y mucho se han buscado, al respecto de que así fuera.

V

Ketchum se quedó con la patata caliente el 10 de septiembre para el 26 del mismo mes recibir un telegrama que le indicaba que ante la falta de liquidez del Gobierno, se interrumpían temporalmente los pagos.
La oscuridad del negocio no quedó oculta durante mucho tiempo. En octubre se formó una comisión de investigación, encargada de investigar los enriquecimientos indebidos conseguidos con el comercio de suministros militares. Se suspendieron los pagos hasta que todo quedara aclarado.
Hubo un enorme revuelo, pues cuando las cuentas quedaron manifiestas se argumentó que “nadie en su sano juicio compraría por 110.000 dólares algo que costaba 17.500 dólares” y que había existido alguna manipulación.
La realidad económica era que las armas faltas de valor para el inepto Intendente de la isla de Governors tenían mucho valor cerca de los campos de batalla. Que todos los aprovechados de esta cadena habían operado con legalidad.
Pero mientras J.P: Morgan se salió del negocio antes de que las aguas se pusieran turbulentas, Ketchum necesitó de más de dos años y una resolución del Tribunal Supremo para poder cobrar su dinero. El Tribunal falló a su favor y ordenó al Gobierno pagar las deudas contraídas.
Esta historia está estrechamente relacionada con esta otra.
Fuente: Morgan. American Financier.

G8

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En estos días en que se hablan de todo tipo de organizaciones de países ricos, que si el G8, que si el G20, que si el G22, que si el G8+5, resulta curioso investigar quién ocupa esa octava posición como potencia económica.
La gráfica de más arriba es la estimada para el 2007, según los datos del Fondo Monetario Internacional. Estos datos son aproximados, hasta el punto de que la Wikipedia muestra en paralelo otras listas no menos prestigiosas (como la del Banco Mundial) encontrando notables divergencias en las cifras para importantes países.
De todos los puestos, quizás el octavo sea el más abierto de todos. Hasta el punto de que en función de los vaivenes actuales, los países pueden turnarse cambiando de puesto incluso varias veces al día.
Por ejemplo, dada la notable apreciación del dólar respecto del euro, es de esperar que México suba muchas posiciones en ese ranking y se acerque paulatinamente al octavo puesto. Si el dólar sube un 3% respecto del euro en un día, algo nada infrecuente, Canadá estará por encima de España, ocupando el octavo puesto. Una bajada del dólar le haría retroceder.
Del mismo modo, las fluctuaciones en el precio del petróleo pueden convertir a Rusia en un octavo clasificado, al menos durante unas horas. Las posiciones están tan ajustadas que en un año cualquiera de los siguientes países podría ser el octavo:
España, Canadá, Brasil, México, Rusia, India o Corea del Sur.
En cualquier caso toda esta discusión no tiene sentido ya que el G8 es un club formado por ocho países, los ocho que eran los más ricos en el momento de la fundación. Lo que cuenta no es tanto la riqueza sino el hecho de haber estado ahí cuando se fraguó la asociación.
Por ello se podría congregar un G’8:
A este nuevo club se le podría llamar el de los países aspirantes al G8 que no están en el G8, más Canadá, menos China.
Una explicación más sencilla sería la de los ocho países que aspiran al puesto de octava economía mundial. En este selecto club estarían los antes citados y tal vez Australia.

El descubrimiento del Viejo Mundo

Del viaje de Cristóbal Colón a las Américas en 1492 se suele resaltar sobre todas las cosas la llegada al Nuevo Mundo. Si lo pensamos un poco, en realidad el mérito no estaba en llegar a Ámerica, sino en ser capaz de volver de ella. Si Colón hubiera naufragrado en el camino de regreso, la Historia habría premiado con el inmenso honor de ser considerado el descubridor del Nuevo Mundo a algún otro.
Cada vez está más claro que la llegada al continente americano ocurrió mucho antes, y que el primer desembarco se realizo en Norteamérica. No pensamos sin embargo en la posibilidad inversa: en que los indios americanos descubrieran Europa.
Hay una historia inquietante al respecto. Sobre ella no hay muchas referencias, por lo que hay que tomarla con suma cautela. El origen de la misma parece ser el Historiae Naturalis de Plinio el Viejo. Un libro tan importante como de poco rigor histórico o científico. No ha sido nada sencillo encontrar la referencia a pesar de que el texto completo está disponible tanto en inglés como en latín.
Dice el capítulo 67 del libro II (y no el capítulo 47 como indican aquí (pdf)):

El mismo Cornelius Nepos, refiriéndose a la circunnavegación por el norte, nos cuenta que Quinto Metelio Celer, amigo de L. Afranius en el consulado, mientras era procónsul en las Galias, recibió un regalo que le hiciera el rey de los Suevos, regalo de ciertos indios, quienes navegando desde la India por motivos comerciales, habían sido llevado por las tempestades hasta Alemania.

Basándose en este texto he encontrado todo tipo de anexiones: los indios eran “de piel rojiza y oscura y pelo negro”. En cualquier caso es curiosa esta confusión en el sentido contrario. Colón llegó a las Américas pensando que estaba en las Indias, y como unos indios despistados llegaron a Europa, se piensan que eran americanos, puesto que indios de India no podrían ser.
Es posible y hasta quizás probable que a lo largo de los siglos alguna embarcación americana llegase por error a las costas europeas. En cualquier caso está claro que el destino de esos indios debía ser la esclavitud, si no la inmediata muerte, y el más oscuro de los olvidos.
Vía: El libro de los hechos insólitos. De Gregorio Doval. Da por bueno el dato de la Conquista del Viejo Mundo.
Fuentes: El vuelo de la serpiente. Mínimo extracto de Google Books.
Referencia a la llegada de los indios, citando a Plinio.