Tiempos pasados

Una de las fantasías más vanas de las personas es el deseo de haber vivido en otra época histórica. Uno se siente más feliz en la Grecia de los filósofos, en la Roma Imperial, en el Barroco. Sin embargo, cuando se realiza la traslación mental, uno tiende a colocarse en un puesto de la más alta de las clases. Diputado romano, hablando de política de verdad y celebrando orgías y cenas opíparas. En la Edad Media, construyendo una catedral o en el siglo XVII navegando rumbo a lo desconocido.
En esa mudanza temporal se nos olvida llevar la clase social que tenemos ahora. Así, pasaríamos a convertirnos en un artesano romano, que sólo podía permitirse una comida al día. O un esclavo griego, pero no de los que educaban a nobles, sino de los que acarreaban piedras durante toda su vida. O un empleado de una fábrica del siglo XIX con doce horas diarias de trabajo y un día de descanso a la semana.
Esa es la verdadera clase media del pasado. Piensa ahora si te gustaría ir hacia atrás o simplemente ansías subir hacia arriba.

La otra crisis del cine

Mientras la industria cinematográfica trata de adaptarse a las nuevas reglas del juego que la tecnología de compartición de copias de seguridad (P2P) está imponiendo, ideando nuevas formas de negocio, los directores y guionistas siguen anclados en el pasado. Prueba de ello es la buena salud de géneros como el western (películas del oeste), la ciencia ficción, el histórico o el biográfico. En cualquiera de estos géneros se evita enfrentarse a narrar una historia en el tiempo presente. Y es que también han cambiado en el terreno narrativo las reglas del juego.
Películas clásicas y contemporáneas no serían posibles con los avances de la tecnología actual. Hannibal Lecter no habría escapado de las cárceles de máxima seguridad si se hubiera encontrado con los métodos de identificación de hoy en día, basados en el iris. El encierro del escritor en Misery se habría solucionado con un email en un momento de despiste de su secuestradora. Y con una simple llamada desde un móvil se habría desmontado el clásico corte de línea telefónica del también clásico asesino en serie de casa rural.
Un claro ejemplo de esta dificultad puede apreciarse en la serie «Sexo en Nueva York«. En su última temporada, aún no todas las protagonistas tienen teléfono móvil, y lo normal en cualquier caso es llamar al teléfono fijo para poder escuchar románticos mensajes del contestador, que a su vez sirven como Deux ex machina narrativo. En House hay doctores con buscapersonas pero sin móvil.

Continúa leyendo La otra crisis del cine

Cómo rellenar una encuesta

Aunque casi todos hemos dicho alguna vez eso de que «las encuestas siempre mienten» cuando nos toca responder solemos decir la verdad. Cada cual es libre de hacerlo. Personalmente creo que una encuesta es, más que una oportunidad para opinar sobre un determinado asunto, una excelente oportunidad para influir sobre dicho asunto.
Para realizar una estadística se escoge una muestra ( un grupo de personas, teóricamente representativo del total ). Se le pregunta a la gente de ese grupo y los datos que se obtengan se extrapolan al global. En una encuesta, lo habitual es que se pregunten a un mínimo de 1.000 personas y a un máximo de 4.000. Estudios que tomen muestras más amplias serán estudios más serios. Por lo general, se apuran las cifras, porque cada persona a la que se pide su opinión cuesta un dinero a la empresa de encuestas – el tiempo que está el encuestador tomando los datos y pasándolos a ordenador. Así, lo más frecuente es que un estudio tenga a unas 1.000 personas.

Continúa leyendo Cómo rellenar una encuesta

A 35 minutos de Madrid

Con la construcción de la línea de alta velocidad entre Madrid y Toledo, ahora puede hacerse el recorrido Madrid-Toledo en 35 minutos.
Para muchos, esto significa que Madrid está a 35 minutos de Toledo. Eso es, en mi opinión, incorrecto.
Hay gente que está planeando comprarse casa en Toledo, aprovechando que ahora tardarían menos en llegar a Atocha desde allí que si vivieran en el barrio de Hortaleza. Los 35 minutos son una situación ideal, que, la verdad, siempre se traducirán en bastante más.
a) Llegar a la estación de Toledo. Por muy cerca que esté un edificio de la estación de trenes, los cinco minutos hasta llegar a la estación no te los quita nadie. Aún cinco minutos es una cifra demasiado optimista. Si estás a cinco minutos de la estación, es más que posible que desde tu casa se oiga el ruido de los trenes, al salir o al llegar. Muy romántico pero muy molesto.
b) El check-in en Toledo. Aun cuando se entienda que si tomas el AVE a Madrid a las siete de la mañana es porque vas a trabajar, tras el triste precedente del 11-M las medidas de seguridad han aumentado en las estaciones de trenes, especialmente en las cool como esta. Así, tendrás que pasar tus pertenencias por un detector de metales. Entre el tiempo que tienes que caminar dentro de la misma estación hasta que te sientas en el tren, deben pasar al menos otros cinco minutos. De nuevo, con grandes dosis de optimismo.

Continúa leyendo A 35 minutos de Madrid

¿Qué es lo correcto?

Me encontré una cartera en un autobús. Inmediatamente, se la di al conductor. Al llegar a casa, me di cuenta de que no había hecho lo correcto.
También me di cuenta de que actué por instinto. Si ves una viejita, la ayudas a cruzar. Los bomberos rescatan gatos de los árboles y las carteras se entregan a los conductores de autobús.
No tuve que esperar mucho para obtener la confirmación. En el metro oí como un chico contaba que, justo cuando pensaba comprarse un i-pod, su tío, que es conductor, le entregó uno que alguien había perdido en el autobús.
¿Qué es lo correcto? En mi caso, me equivoqué. Me lavé las manos en la situación. Fui honrado, no quedándome con el dinero, pero la honradez era solo una parte de la corrección. Porque no solo es posible que el conductor no entregue a objetos perdidos la cartera. También puede pasar que nunca nadie pase por objetos perdidos para recogerla.

Continúa leyendo ¿Qué es lo correcto?

Tuertos por convencimiento

Como tantos otros despojos humanos, tras vaguear durante todo el año, me he apuntado a un curso de francés intensivo. Lo que no he hecho en todo el año, ahora pretendo hacerlo en un mes. Qué moral. Un curso de idiomas para gente sin conocimientos. Para empezar de cero. Lo más sorprendente es que en la clase había un chico que sí que sabía bastante.
La pregunta de la profesora no tardó en llegar. ¿Por qué te has apuntado al curso?
En cualquier disciplina de aprendizaje existen niveles. La gente va escalando progresivamente dichos niveles, hasta alcanzar la maestría. O al menos, eso es lo que creía.
Sin embargo, uniendo la experiencia del día de hoy a otras anteriores, haciendo la retrospectiva, me he encontrado a un tipo humano del que desconocía su existencia. Es el tuerto por convencimiento. Aquel que voluntariamente emigra al país de los ciegos para ser más que los demás.
Soy hijo de la generación competitiva, de los cursos de inglés por las tardes, de las clases en el conservatorio, del equipo de fútbol. Todas esas cosas que echas de menos cuando te entrevistan para tu primer puesto de trabajo. Aunque no haya pasado por nada de eso, sé que el objetivo de toda clase es pasar de curso, de forma natural.
Mi primer encuentro consciente con los tuertos fue en el curso de natación de la piscina. Establecen un nivel 0 para la gente que no sabe nadar. Siempre pensé que no saber nadar es que te suelten a 10 metros de la orilla y tengas chances de morir ahogado. Sin embargo, cuando me apunté a dichos cursos, me di cuenta de que estaba equivocado. Para muchos no saber nadar era cansarse mucho haciéndolo. O sólo saber hacerlo en un estilo. O simplemente, no ser un medallista olímpico. Tras empezar las clases lo vi claro: toda la gente que había en el nivel 0 sabía nadar.
Con el paso de los días el curso fue avanzando. Mejoré lo suficiente como para que ahora fueran necesarios más de 25 metros para que perdiera la esperanza de salvación. Llegó el día de las calificaciones. Todos podían pasar de curso, salvo tres pobres desgraciados entre los que me incluía. Lo sorprendente es que a la gente no te tembló el pulso lo más mínimo. Dijeron que el mes siguiente seguirían en el mismo nivel, que eso era lo que les gustaba.

Continúa leyendo Tuertos por convencimiento

Por qué el Quijote es un buen libro.

Estamos hartos de escuchar que el Quijote es un grandísimo libro y sin embargo pocos de nosotros lo leemos, si no es obligados por los profesores. Dos son las cosas que más nos echan atrás. La primera, que el libro es muy grueso. Pueden ser 600/700 páginas como poco. La segunda, que acentúa la primera, es que el lenguaje no se corresponde con el actual y eso siempre puede ser una traba. Finalmente puede hablarse de un tercer impedimiento: la historia, tratada en películas y dibujos animados, es por casi todos conocida.

Sin embargo, pienso que estos inconvenientes son menores y daré mi opinión sobre las grandezas que encierra este libro. Sé que decir algo nuevo al respecto es como pretender inventar la rueda, y hacerlo mejor que otros tampoco será posible. Porque todo el mundo ha opinado al respecto, algunos muy doctos. Pero en mi blog, ninguno.

Ante todo la gloria del Quijote está en lo que supone: El Metalibro. Lo que hace que los escritores se deshagan en halagos ante el libro es el hecho de que sea uno de los primeros y más intricados casos de metanovela. Una metanovela es una novela que trata sobre novelas. En este caso, el Quijote lo es de una forma tan plural que sobrecoge al que lo piensa.

a)La base de la locura del Quijote son los libros de caballería. Así, en todo momento se citan otras novelas, sus virtudes, su aceptación, su propia temática. La novela parte de lo que otras causaron.

b)La autoría es anidada. Según afirma el propio Cervantes en la introducción, él encontró un texto en árabe, el cual tradujo, siendo el resultado de su traducción el Quijote. A su vez, el autor árabe indica que tomó la historia de otra fuente y en todo momento indican que la historia es real. Esta forma de darle la vuelta a las cosas permite múltiples juegos literarios, porque tenemos tres textos simultáneos. Por un lado, el del escritor original – desconocido – por otro, algunas acotaciones que aborda el autor árabe, como indicando que tal o cual capítulo le parece verídico o no. Finalmente, Cervantes hace referencia a lo que el traductor árabe dijo o dejó de decir. Así, con una original artimaña, consigue un libro con 3 autores, siendo uno de ellos anónimo, que le permite una forma de escribir totalmente original en la época.

c)La novela habla de sí misma. Esto es algo que logra el sueño de todo artista. El sueño de todo creador es realizar una obra que se haga a sí misma. El cuadro más famoso de España es «Las Meninas» que a su vez es un metacuadro, por cuanto en él podemos ver al autor mientras pintaba otro cuadro distinto – posiblemente inexistente – .Al margen de su cualidad artística, indudable, lo que le ha hecho llegar tan lejos en su fama es su faceta de metacuadro. Más allá de la pintura final hay enormes complejidades, está el cuadro dentro del cuadro, cuadros colgados de las paredes, la gente que se ve y la que no se ve. El juego del espejo, la intriga de las figuras. Velazquez realizó en pintura lo que antes Cervantes, tal vez por primera vez en las artes, había logrado en la literatura.

En otras artes se ha seguido la estela iniciada por Cervantes. En cine, una de las obras más famosas de la historia es Ocho y medio, de Fellini, que a su vez habla sobre el proceso creador de la película. Bailando bajo la lluvia es otro brillante ejemplo en el que la historia es la narración sobre cómo se prepara otra película. De vivir, Velazquez hubiera exigido derechos de autor.

Volviendo al genial alcalaíno, el Quijote habla sobre sí mismo porque es una novela en dos partes. La primera tuvo un éxito increíble, su libro se vendía como churros y en pocos años tuvo traducciones en muchos idiomas, hasta en chino. Todo esto lo cuenta el propio autor en la introducción a la segunda parte. Lo que pasó es que, dado el éxito, la gente quería la continuación de la historia. Cervantes, como excelente escritor, no quería rebajar su creación a la de autor de sagas – como el ahora tan alabado Tolkien – sino que pretendía abordar nuevas historias en diferentes formatos y estilos. Ante su falta de oportunidad, otro llegó y sacó la segunda parte del libro. Según Cervantes afirma, esta segunda parte era bochornosa, digna de vergüenza. Para defender su autoría, y evitar futuros plagios, Cervantes, obligado por las circunstancias, escribió la segunda parte, con la idea de matar al personaje al final de la misma y evitar nuevos aprovechamientos ajenos.

El colmo de su genialidad es cómo hizo esta segunda parte. Pues en ella, los personajes son conscientes de la existencia de la primera parte. Así, se encuentran a personas que han leído la primera parte del libro, y eso mediatiza la historia. Además, el Quijote, cuando conoce de la existencia de una segunda parte apócrifa, monta en cólera y trata de cambiar la historia que se cuenta. De este modo, tenemos a un libro que habla sobre sí mismo, sobre la copia que de él se hizo, en el que los personajes son conscientes de su existencia literaria. Cum Laude.