Petróleo en Noruega

De todos es conocido que Noruega es uno de los países más ricos del mundo porque tiene unas enormes reservas de petróleo que, además, administra sabiamente con mentalidad de pobre.

Lo que no es tan conocida es la cronología de cómo se descubrió ese petróleo.

Noruega y Suecia fueron, de 1814 a 1905 una unión de dos países, que entre otras denominaciones tuvo la de United Kingdoms (Reinos Unidos, que no Reino Unido). La unión, que en realidad fue una especie de OPA hostil por parte de Suecia, se había producido de una forma bastante trapera.

Noruega, al comienzo del siglo XIX, era un territorio danés. Dinamarca no se planteaba tomar partido en las Guerras Napoleónicas, pero los ingleses, por si acaso se les pasaba por la cabeza, les atacaron para mermar su flota. Los daneses, como buenos nórdicos, se enfadaron, dijeron que aquello estaba mal. Pero no hicieron nada…hasta que los ingleses les volvieron a atacar. No les quedó más remedio que unirse a las tropas francesas.

Suecia aprovechó el rio revuelto para atacar a Noruega, pero no lo hizo con mucha pericia. Además, se encontró con que Rusia, envuelta en el conflicto, decidió invadir Finlandia, contra lo que poco pudieron hacer los suecos.

Así, al terminar las guerras, Dinamarca, como perdedor, se quedó sin Noruega. Suecia, como derrotado en su guerra particular contra Rusia, se quedó sin Finlandia. Pero como ganador parcial, se sentó a exigir Noruega como compensación. Un extraño intercambio de estampitas en el que Noruega no fue un mero convidado de piedra, pues pasó de ser un territorio danés a un casi igual de Suecia, en una coalición similar a la que ahora une – de momento – a Escocia con Inglaterra.

Estos Reinos Unidos tuvieron unas diferencias en 1905, diferencias que Suecia decidió solucionar proponiendo un referéndum a la Independencia de Noruega, en una historia que recuerda bastante a la del Brexit británico. Quizás no fuera una total sorpresa, pero los noruegos votaron masivamente por la disolución de la Únión, el 99,95% de la gente votó a favor de la independencia (¡Sólo 184 personas votaron en contra!). Un resultado de referéndum más propio de la reelección en una dictadura africana.

¿Por qué contar estas batallitas de la independencia de Noruega? En parte para mostrar que Noruega no deja de ser un país que aún huele a recién pintado. En parte para mostrar que nunca se les ha tenido en serio en los Acuerdos Internacionales.

Pero volvamos al petróleo. El petróleo era conocido desde tiempos inmemoriales, pero no se le consideró un producto valiosísimo hasta mediado el siglo XIX, siendo ya un objetivo buscando en algunas de las conquistas durante las Guerras Mundiales.

Las reservas de Arabia Saudí, las más grandes y conocidas del mundo, no se encontrarían hasta 1938. Puede decirse que gran parte del petróleo estaba por descubrir.

La cronología del petróleo en Noruega es extrañísima.

En 1959 se encuentra un enorme depósito de gas natural en Groningen, Holanda. Hasta entonces se pensaba que en el Mar del Norte no había nada de nada. De ahí nacería la monstruosa (por tamaño) Shell, la empresa más grande del mundo por capitalización bursátil en 2013.

Visto que podía haber más gas en el Mar del Norte, de inmediato se ofrece una empresa a Noruega, para explorar una zona de sus fondos marinos. Los nórdicos tienen dos ideas geniales de inmediato: la primera, que no es bueno que toda la extracción de tu petróleo caiga en las manos de una única empresa – y además, extranjera. Así, en 1963 proclaman una ley que especifica que los recursos en el territorio noruego pertenecen exclusivamente al gobierno (bueno, lo típico de la época, al Rey) y que además sólo el gobierno puede emitir licencias de explotación.

La segunda idea genial que tuvieron desde el gobierno de Oslo, era que había que poner orden en definir cuáles eran sus aguas territoriales. Hasta entonces, las aguas territoriales sólo habían servido para pescar bacalaos. Basta mirar el mapa para darse cuenta de que el vértice inferior de Noruega, está bastante pegado a Dinamarca, pero incluso no muy distante de Inglaterra.

En 1965 se firma un acuerdo que define exactamente dónde están las aguas territoriales de cada país, especialmente entre Dinamarca y Noruega. El trazado, según las páginas oficiales noruegas “estuvo bastado en el principio de equidistancia“. Aunque en el mapa, no se ven las líneas tan rectas como ellos afirman. Pero como se trataba de los noruegos, al igual que con el referéndum de 1905, nadie los tomó muy en serio, o pensaron que pudieran ir con algún tipo de suspicacia.

El caso es que una vez estuvo todo el papeleo firmado, comenzaron las prospecciones en busca de petróleo o gas.
Marzo de 1965: se firma el acuerdo que establece las aguas territoriales al milímetro.
Abril de 1965: se concede la primera licencia para la prospección.
Verano de 1966: se hace la primera perforación.
Navidad de 1967: se descubre el yacimiento Ekofisk, uno de los más grandes del mundo por aquel entonces.

Y sí, todos hemos oído hablar del petróleo noruego pero, ¿Habéis pensado alguna vez dónde está Ekofisk, el origen de la riqueza noruega?

Pues sí, resulta que está justo en la zona que podía haber peleado con uñas y dientes Dinamarca, o hasta el Reino Unido, de haber sabido que era tan valiosa.

Para colmo de recochineo, apenas 4 años después, Dinamarca se encuentra con la crisis del petróleo de 1973, que les convertiría en uno de los mayores perjudicados. Eso sí, en lugar de dedicarse a llorar o publicar chorradas en Facebook, los daneses hicieron lo que mejor saben hacer: mirar hacia adelante y empezaron a prepararse para un mundo con poco petróleo para ellos. De aquellos barros estas bicicletas por todas partes que ahora disfrutan y su apuesta hasta la supremacía mundial en energía eólica.

Mucho tiempo después Noruega encontraría petróleo por muchas otras partes, más al norte y sin ningún tipo de discusión, con reservas que no parecen tener fin. Ahora se encuentra con problemas similares a los del inicio: delimitar sus fronteras en el Ártico, con vecinos no tan amigables. Dinamarca encontró petróleo, no en tanta cantidad pero sí suficiente para ser un país auto sostenible durante muchos años.

Y lo mejor de todo, los noruegos salieron de la Navidad de 1967 no solo ricos sino que además, su imagen internacional de buenazos sigue totalmente intacta.

La crisis, en retrospectiva

Afortunadamente en 2016 se acabó la crisis económica española. Bueno, quizás se acabó antes, pero no fue hasta 2016 en que se dejó de hablar de que la crisis seguía estando ahí.

A pesar de haber sido una experiencia devastadora para muchas personas, y haber comprometido las opciones de futuro de casi toda una generación, resulta sobrecogedor ver como la mayoría de la gente no ha aprendido nada de ella.

Con el tiempo se ha ido simplificando la explicación de la crisis y por qué sucedió hasta niveles de Pocoyó. ‘La crisis fue culpa de los bancos y la corrupción de los políticos’ es la opinión de una inmensa mayoría de la población española.

Es cierto que gran parte de la responsabilidad de la crisis la tienen bancos y políticos. Pero reducir los culpables a estos dos simples grupos, o apurando aún más, al Partido Popular como representante de los políticos y a Bankia – o hasta tan solo Rodrigo Rato – es un ejercicio de infantilismo.

Allá en la época dorada de los blogs, había unos cuantos contando los riesgos a los que se enfrentaba España, inmensa en una enorme burbuja inmobiliaria. Mientras sonaba la orquesta, nadie hacía nada al respecto. Todo el mundo era próspero y se decía aquello de “la cosa va p’arriba”, que era una forma de entender que se soñaba con un mundo de perpetua prosperidad.

Muchos acabarían viendo como el sueño se convirtió en pesadilla. Familias enteras arruinadas, que pasaban de la bonanza y la vida acomodada a un mundo de precariedad y vergüenza. Ahora bien, todas esas personas ya han olvidado a todos los culpables de su situación. No es de extrañar que dentro de unos años, cuando la situación se repita, vuelvan a tropezar con las mismas piedras. Ellos o sus hijos, asesorados por sus consejos.

No voy a decir aquí “quienes son los verdaderos culpables”. Hay muchos. Los políticos y su intervención en los bancos, tienen el puesto de honor. Pero me parece muy injusto cómo tantos otros actores se han marchado de la fiesta sin pagar las consumiciones.

Quizás el mayor responsable de la crisis que ha salido de rositas ha sido el mundo de los medios de comunicación. Eran ellos los que jamás publicaban una noticia negativa de un banco o de un directivo importante. Dependientes de la publicidad que estos pagaban, durante los años previos a la crisis siempre hubo una total falta de periodismo crítico.

Era responsabilidad de los medios de comunicación el alertar sobre los riesgos de lo que estaba a punto de suceder. Si lo hubieran hecho adecuadamente, muchas personas no habrían pedido ese crédito justo en la cima de la burbuja, o no se hubiera inflado un 10% más el precio de la vivienda o no se hubiera comprado ese tentador Porsche Cayenne. Del mismo modo, los políticos y los banqueros se hubieran cortado un poco en su forma de actuar, tan a cara descubierta. El Cuarto Poder también miró para otro lado durante la crisis.

Resultaba patético ver cómo había que informarse en medios alternativos, como preparacionistas o conspiracionistas. Nunca una noticia alertando de riesgos, peligros. Para colmo de males, luego los medios de comunicación han hecho caja con programas y personajes que explicaban la crisis de forma sencilla, a toro pasado. Al Rojo Vivo, de la Sexta, ha sido un referente, trayendo la economía al Prime Time de las televisiones. Aunque este programa ha hecho cosas muy buenas, ¿Por qué no surgió cuando se le necesitaba de verdad, cuando todo iba bien? Luego también es penoso ver cómo han ganado mucho dinero durante la crisis economistas y personajes que no tenían ni idea de lo que estaba a punto de ocurrir, pero se mostraron muy expertos en contar la realidad y sus causas con meses de retraso. Los periodistas económicos, de notables culpables, a figuras ensalzadas y libres de toda culpa.

Los políticos son muy responsables de lo que ocurrió. Y resulta triste ver como ninguno ha sufrido consecuencias por ello, salvo aquellos que han robado descaradamente y se les ha descubierto con multitud de pruebas. Cuando se empezaba a hablar de nueva política, con los partidos de Podemos y Ciudadanos, se mostró una gran verdad: todos los políticos que estaban antes de la crisis, siguieron en sus cargos durante y después de la crisis. Un puesto de gran responsabilidad que, sin embargo, no tiene ninguna. Pase lo que pase, ellos seguirán como el dinosaurio de Monterroso.

Ahora bien, ¿Por qué seguían esos políticos ahí? Porque la gente los votaba. Recuerdo como si fuera ayer la campaña electoral de las Elecciones Generales del 2008, ganadas por el Partido Socialista. Tras haber gobernado los cuatro años anteriores – de bonanza económica – se centraron en negar la existencia de síntomas de declive económico. En medio de una situación insostenible, en que cada indicador era peor que el anterior, se atrevieron a negarlos y lo mejor de todo fue…que la gente les votó.

Mentir salía gratis y dar malas noticias, como hizo el Partido Popular en la campaña del 2008, restaba votos. Del mismo modo, en regiones con futuros escándalos de corrupción, como Andalucía o Valencia, todo iba bien. Se renovaban mayorías una tras otra. A la gente le gustaba la campechanía de los dirigentes públicos, que vivían en una perpetua euforia del 3%. Nadie votaba a los políticos de la oposición, con aspecto de aguafiestas y amargados.

Puede decirse que la gente les votaba porque aún no sabían que eran corruptos. Lo cual es cierto solo en parte. Cierto es que los periodistas no se atrevían a decir nada sobre ellos hasta que estuviera reconfirmado cien veces. Todo el mundo sospechaba la existencia de tejemanejes. Pero como hemos podido ver en las Elecciones de 2016, la corrupción es uno de los mayores problemas para los españoles pero no es uno de los factores más decisivos a la hora de elegir el voto.

Así, nos guste o no, hemos votado de forma irresponsable una y otra vez. Y lo seguiremos haciendo.

Luego basta con mirar a cualquier colectivo damnificado por la crisis para encontrar su parte de culpabilidad. Los afectados por el escándalo de las preferentes de Bankia por ejemplo. Se ha incidido en el caso de personas mayores que no sabían escribir, gente que no podía ni tan siquiera ver, que habían perdido ‘los ahorros de toda una vida’.

Sin embargo, en España nadie ahorraba. Una gran parte de esas personas mayores tenían ese dinero como parte de una venta de vivienda. Muchas de estas inocentes personas, estafadas por los bancos, habían sido los que se habían lucrado enormemente durante la bonanza de la burbuja inmobiliaria. El paradigma de compraventa era una pareja joven, sin hijos pero con planes de tenerlos, que compraba sobre plano. Y luego, ya a un nivel más modesto, que compraba un piso o local comercial a reformar a una persona mayor.

Uno de los aspectos más dramáticos previos a la crisis era ver cómo se producía una transferencia de riqueza de la gente joven – en muchos casos riqueza futura o riqueza que jamás alcanzarían – hacia las personas mayores. Durante los años posteriores hemos podido ver cómo se revertía este proceso. El abuelo con una modesta pensión acogiendo a sus hijos desahuciados o ayudándoles a llegar a fin de mes.

Con una población cada vez más envejecida, los mayores y sus pensiones son intocables, mientras los jóvenes tienen que elegir la forma en que se evaden de la realidad donde no tienen cabida: pagar con impuestos las pensiones de varios jubilados, o ser tratados como escoria una y otra vez (puteros, ni-nis, obsesionados con los videojuegos). Antes de la crisis había un problema generacional muy grande. Sigue habiéndolo y se sigue mirando para otro lado. Esta es una especie de burbuja que nos arrasará lentamente. Habrá una generación que prácticamente sólo pague impuestos para pagar las pensiones de sus mayores, mientras que cuando les llegue su jubilación, no percibirán casi nada.

Pero no fue la crisis una cuestión de jóvenes o mayores. Todos estábamos inmersos en una locura colectiva, la sociedad entera estaba enferma y no se empezaron a ver valores humanos hasta que estalló la crisis. La solidaridad entre familias, ayudando al que se quedó sin techo era antes un continuo duelo de cuñados a ver quién se había comprado el piso más adosado, a ver quién había metido más extras en la hipoteca, quién tenía la deuda más grande.

Unas forma de ocio más grotescas que ponerse a cazar Pokemons. Más viajes a Punta Cana que a Torremolinos. Turismo burdo de capitales europeas sin dejar jamás una propina. Todos los fines de semana de turismo rural a alguna parte, para no morirse de vergüenza en el trabajo por no tener nada que contar. Ocio tan a crédito como la vivienda. Restaurantes fuera de las estrellas Michelin con listas de espera de años. Comprar marcas blancas era de pobre. Toda la ropa, de marca. Menos mal que los smartphones no empezaron a aparecer hasta después de la crisis o no sé qué cosas habríamos visto. Todo el mundo tenía Audis porque los Seats eran para los muertos de hambre. Un mercado de segunda mano prácticamente inexistente.

Con la crisis llegarían medidas razonables: veranear en el piso de la playa de tu cuñado. Comer fuera pero en sitios baratos, convirtiendo a Ikea en uno de los principales proveedores de comida rápida del país. Pasar tiempo en casa, pasear. Visitar a los familiares, alargar la vida útil de coches que siguen funcionando perfectamente.

Uno de los mayores responsables de la crisis era una sociedad enferma, egoísta, sólo preocupada de aparentar. La riqueza – ficticia – y el dinero en el centro de todo lo que se hacía. Operaciones de estética sin parangón en toda Europa. Era normal incluir una operación de aumento de pecho a los gastos de la hipoteca. Las parejas se divorciaban no por falta de amor – que nunca hubo mucho – sino por falta de ambición de sus cónyuges. Antes de la crisis se vivía un egoísmo generalizado y era casi imposible escapar a él.

Blogs como Sanchiguarro, los colonos del Páramo, en tono humorístico, mostraban la irracionalidad de la sociedad en medio de la verdadera crisis : la de valores. Una cita que lo resume todo:

El problema no es que los pisos sean caros: es que nos hemos convertido en unos animales de bellota.

Inmersos como estábamos en una sociedad enferma, la crisis era en cierto modo una consecuencia inevitable.

Finalmente, antes de la crisis había un mercado de trabajo totalmente disfuncional. Todo el mundo vivía, directa o indirectamente, de negocios bancarios, inmobiliarios o una mezcla de ambos. Mucha gente cobraba una parte de su sueldo en negro, o vivía directamente de comisiones de venta que parecía nunca acabarían. La gente sin estudios ganaba mucho más dinero y tenía mejores condiciones laborales. Pero claro está, con decenas de miles de personas que estudiaban carreras profesionalmente inútiles por aquello de que uno tiene que estudiar aquello que realmente le gusta. Luego basta con desearlo mucho para que surja una trabajo soñado de Filosofía y Letras, o de Historia del Arte. Estudiar Empresariales sin vocación nunca será la solución.

El mercado laboral era una auténtica locura: empleados con intocable antigüedad que no sabían – ni querían – tocar un ordenador, mientras los jóvenes llegaban con contratos precarios debajo del brazo y palmaditas en el hombro. El aluvión de la crisis no ha arreglado nada de esto pero al menos ha servido para mostrar el inquietante aspecto de la realidad que nos podemos permitir, mientras no tengamos ningún tipo de industria.

En resumen, la crisis tuvo muchos culpables. Unos más que otros, pero me parece muy triste, e infantil, que muchas personas duerman con una total sensación de inocencia. Sobre todo porque la vida es una rueda que da continuos giros. Y si dentro de 15 años se repite algo parecido a todo esto, por lo menos que sepamos darnos cuenta y tomar las medidas que estén en nuestra mano.

Brexit

Europe1650
Ya ha pasado casi un mes desde que Reino Unido votara en referéndum su salida de la Unión Europea. Creo que tiene sentido escribir algo sin el calentón del momento.

La cobertura desde España del Brexit ha sido totalmente parcial en favor de que Reino Unido siguiera en la Unión Europea. Casi todos los artículos al respecto se centran en las ventajas y desventajas del Brexit para los que no son británicos. En qué nos afecta a nosotros, no a ellos.

Es como el temido referéndum catalán, a ellos les puede perjudicar salir de España, pero el resto de España saldría perdiendo siempre. ¿Os imagináis un artículo sobre las consecuencias de la salida de Cataluña para la economía de Aragón? Suena a bizarrismo periodístico, pero sería el mismo rigor periodístico que aquí se ha dado al Brexit, centrándose en los británicos que viven su jubilación en la Costa del Sol o Valencia o el caso de Gibraltar, que de repente, parece gustar que no sea español.

Hay 30.000 residentes en Gibraltar. 300.000 británicos residentes en España. Reino Unido tiene 64 millones de habitantes. La cobertura del problema en España, simplemente entrando en lo anecdótico, es preocupante.

El otro punto de vista para hablar del Brexit ha sido mencionar los numerosos españoles residentes en el Reino Unido. Por una vez nos preocupan los españoles…que se han tenido que ir de España. Nos guste o no pensarlo, son una pieza totalmente irrelevante en la decisión que han tomado los británicos. Su punto de vista puede tenerse en cuenta a la hora de informar, pero jamás debería ser el centro de la noticia.

El último clavo del ataúd ha sido mencionar que la gente “urbana” de Londres ha votado a favor de quedarse, mientras que la gente rural es la que quiere salir de la Unión. Ese tipo de puntualizaciones lo que deja caer, más o menos veladamente, es que hay un voto paleto y que este, debería valer menos.

Los defensores de la Democracia, este sistema de Gobierno tan cutre pero mejor que otros aún peores, no se atreven a rasgarse las vestiduras con sus propios argumentos tan antidemocráticos. Están los paletos que votan sin saber y luego está aquello de que los Referéndum es que no están bien convocarlos sin informar bien a la gente. Es decir, que hasta que no haya certeza de que van a votar lo que los políticos quieren, no deberían convocarse.

Culpar a David Cameron de las consecuencias del Brexit, por atreverse a convocar una consulta que había prometido en su campaña electoral, es aparentemente muy democrático. Al igual que con los aeropuertos, radiales y tranvías en mitad de la nada de España, la culpa no es del político que decide construirlos, sino de los votantes que deciden votarle para que lo construya. Si Cameron ganó las elecciones con el Brexit en su programa, la culpa sería de sus votantes, que no lo vieron como una propuesta temeraria.

Si el Brexit ha ganado, teniendo en contra a los dos principales partidos británicos, que hacían campaña en contra, y todo el resto de Europa, es porque la opinión generalizada era muy mayoritaria en contra a seguir en la Unión Europea.

En la campaña del miedo contra el Brexit casi todos los argumentos han sido, aparte de pensando en nuestros intereses (insisto, el Brexit es malo para España, sin lugar a dudas), sobre los problemas a corto plazo con que se enfrentaría Reino Unido.

El primer afectado sería, la cotización de la Libra respecto al Euro o el Dolar. Y esto ha sido así, tras el sí a la salida de la UE, la libra sufrió una severa caída, de la que no se recuperará en el medio plazo.

pound

Sin embargo es interesante mirar las cosas en perspectiva. La libra nunca había tenido una caída tan significativa. Y estará en valores de los años 80. Pero si comparamos con datos de épocas puntuales, la libra había sufrido un lento Brexit, de valer 1.7 en Julio de 2014 a 1.44 en Marzo de 2016. Y en ese bajada no había ningún tipo de factor riesgo ante una posible salida. Es simplemente otra moneda y dependiendo de muchos factores puede subir o bajar, el Brexit es sólo uno de ellos.

Otro de los miedos que se han intentado inculcar en los británicos es a sus opciones de viajar a países de la Unión Europea. Esto sin embargo es bastante absurdo. España es la primera interesada en mantener un acuerdo bilateral con Reino Unido para que el movimiento de sus ciudadanos sea el mismo que mientras estaba en la Unión. El resto de países se verán en situaciones similares porque Reino Unido es un país muy importante. No es como Noruega o Estonia, a donde nadie va de vacaciones o a trabajar. España, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido siempre estarán a favor de mantener casi todas sus relaciones comerciales entre sí.

Es cierto que puede que la gente menos educada, menos informada, menos internacional, haya provocado el Brexit. Pero eso no quiere decir que sea una opción irracional. El Brexit tiene ventajas para Reino Unido, algunas de ellas sólo se notarán en el largo plazo.

En España el largo plazo simplemente no existe. Es que ni siquiera se habla de él. El sistema de pensiones de España es insostenible. Y no me refiero a que el sistema actual haya que cambiarlo, me refiero a que no hay una solución posible. Con sueldos decrecientes, pirámide poblacional invertida, gente que no se muere nunca porque en España se vive muy bien, una Sanidad intocable, no hay manera de que se siga teniendo una pensión “al estilo antiguo”.

Cierto que se escriben tonterías del tipo “que los robots, que sustituyan a los humanos, coticen a la seguridad social” o “que el dinero de la corrupción – que aparentemente tiende a infinito – sirva para eso”. Pero las únicas medidas sólidas deben ser brutales. Una Seguridad Social sin tantas coberturas, o la minimización de la prestación por desempleo, puede que incluso la desaparición (no al estilo Pinochet) de la figura del jubilado.

¿Y qué tiene que ver esto con el Brexit? Pues lo mismo que la construcción de un muro para evitar que entren refugiados sirios en Hungría. Suena muy racista, sobre todo cuando no vives en Hungría. Para desgracia de este país, al formar parte de la Santa Unión Europea, no puede hacer algo tan sencillo como evitar una invasión descontrolada de inmigrantes, porque la Ley Europea es común a todos los países.

Hungría ha tenido que entrar en la desobediencia para poder solucionar un problema de fronteras. Un problema que tenían ellos y que la Unión Europea no sólo no les solucionaba, sino que, con sus normativas, impedía que ellos pudieran tomar su propia solución.

Así, formar parte de la Unión Europea nos permite tener una moneda común, algunas leyes generales comunes, derechos similares. Pero también restringe mucho las opciones de los países a tomar decisiones en problemas que sólo tienen ellos. Grecia tiene un problema de fronteras tamaño XXL. Polonia tiene un problema de suministro de gas si hay problemas con Ucrania. Francia y España tienen serios problemas con regiones internas que aspiran a independizarse. Reino Unido, como destino de emigración masivo.

Cada uno de estos países tiene problemas estructurales que la Unión no puede solucionarles, en primer lugar, porque la mayoría de la gente ni siquiera los entiende. En segundo lugar, porque la legislación tiene que llegar a un compromiso en el punto medio. España se sorprende ante la intransigencia húngara, el racismo británico o las fronteras griegas. No sólo no tenemos su problema, sino que ni siquiera lo entendemos. Y es por eso que, casi siempre, vamos a votar en contra de soluciones que suenen demasiado drásticas.

Así, la salida del Reino Unido de la Unión Europea tiene una ventaja que no he leído en ninguna parte: ahora su gobierno podría hacer política. El gobierno de España, que tanto está costando formar, es una especie de Diputación de la Unión Europea. Se deciden aspectos secundarios, como las materias a incluir en los planes de estudio de Secundaria, si vamos a financiar la deuda con el BBVA o con el Santander y si hacemos dos aeropuertos nuevos o tiramos dos de los antiguos. Pero la inmensa mayoría de las medidas ya no las toma el Gobierno.

En el caso de España, donde el gobierno suele elegir entre meter la pata, favorecer a los amigos o quedar bien, estar en la Unión Europea es lo mejor que nos puede pasar, somos como una persona que tiene la mayoría de edad pero necesita de un tutor. Lo sufriremos cuando queramos tomar algunas medidas relacionadas con las pensiones y veamos que ni siquiera tenemos libertad de hacerlo por tener que cumplir las normativas Europeas. Pero Reino Unido es un país atrevido, de ADN peculiar, afición desmedida por el fútbol, la jardinería y el alcohol. Pero también de muy buenos políticos.

El Brexit es una decisión valiente. Es como dejar de trabajar para el Gobierno y decidir montar una Startup. Seguir en la Unión Europea es fácil, pensar que lo puedes hacer mejor por separado, en personas es valorado, en países parece ser que no.

Una perspectiva interesante del Brexit es el Acuerdo de Libre Comercio de Canadá con al Unión Europea. Ahora se ha hablado mucho de él porque Canadá quería firmar dicho acuerdo principalmente por sus exportaciones al Reino Unido, su principal socio en Europa. Estando Reino Unido fuera del acuerdo, este es mucho menos interesante para Canadá, que se plantea modificarlo.

Sin embargo, revisando dicho acuerdo, puede verse que se firmó en agosto de 2014, aunque dos años después aún no ha sido ratificado. ¿Por qué? Porque la Unión Europea es un elefante. Ahora cada país miembro tiene que revisar la normativa, aprobar leyes internas, ratificarlo en su congreso o, en casos excepcionales, promover un referéndum. La burocracia de la Unión Europea es infinita. Si por ejemplo Dinamarca decide que no sigue adelante, o que necesita cambiar alguna cláusula, el proceso volvería al punto de partida.

Pero en realidad el acuerdo de Canadá era con el Reino Unido. Si no hubiera estado la Unión de por medio, habría entrado en vigor en septiembre de 2014 y si es un acuerdo bueno – como así parece – sus beneficios se habrían empezado a notar dos años antes.

En resumen, vivimos en un mundo complicado, lleno de relaciones de todo tipo. La visión del Brexit que se ha dado en España ha sido tan simplista y centrada en nuestros propios intereses – que nada importaban en este asunto – que creo que una opinión algo diferente merecía ser expuesta.

Votar

Desde siempre me ha fascinado la actitud de la gente hacia las votaciones. La mezcla de emociones y absoluta irracionalidad con la que la mayoría de la gente decide su voto.

Por un lado están esas personas que se niegan a decirte lo que han votado. Para ellos, el concepto de que el voto es secreto es un pilar que sostiene su imagen del mundo. El hecho de no decir lo que votan es, la más de las veces, simplemente porque sienten algo de ridículo en la opción elegida.

Eso nos lleva a otro grupo singular: los que no votan, porque son incapaces de elegir. Saben que todas las opciones son pésimas y que no importa quien elijas, siempre será una opción de la que sentirse avergonzado a corto o medio plazo.

En esta caso estamos ante una actitud chirriante: pensar que hay que votar a un buen partido. Se habla de la Democracia en grandes términos para la realidad es que no es más que un restaurante de kebab donde te dan la opción de elegir. No importa lo que escojas, todas las opciones son una basura. Veo que muchas de esas personas entran al restaurante con pretensiones de Adrià y se encuentran con un menú carcelario. La realidad es que, te guste o no, tienes que comer algo.

Lo triste es ver que ciertos gobiernos autoritarios funcionan mejor que algunas democracias. Como en los restaurantes de premio en que no hay carta, te sientas, te sirven lo que les de la gana, y aún así sales por la puerta borracho y extasiado.

Mi opinión es que no puedes creer que la Democracia es el mejor de los sistemas posibles, o el menos malo, y que luego haya unas elecciones y te comportes como una nenaza incapaz de elegir entre partidos de pacotilla.

Hay tres opciones de votar que me parecen totalmente respetables. En primer lugar, aquellos que siempre votan al mismo partido. Lo han hecho desde que se instauró la Democracia e insisten en él, hasta la muerte. Nada les importa los escándalos, los resultados de años anteriores, lo que prometan. Ellos van a seguir votándoles hasta el fin de sus días. Es una aproximación apasionada que roza el fanatismo deportivo. Afrontan la idea de que la Democracia es una elección con la actitud de que esa decisión solo se tiene que tomar una vez en la vida.

Luego están los que votan partidos que saben que son intrascendentes. Es una vía de escape lúdica, ante la incapacidad de elegir una opción que les repulsa, elijen alguna que les parece divertida. La papeleta en blanco, el voto nulo, el partido con nombre grotesco, los anti algo. La idea es expresar con un voto irrelevante que uno no se doblega a elegir entre blanco o negro.

Finalmente están los que tratan de realizar una decisión racional, sopesando programas, comentarios y el discurso de los políticos. Es de una inocencia infantil pero idealista. Son los que luego se sienten decepcionados cuando los políticos reculan, ignoran o tergiversan las opiniones inicialmente manifiestas. Pero hay gente que una y otra vez se deja llevar por un optimismo de que esta vez, tal vez, sí que hagan lo que dijeron. Una y otra vez. Escuchando mítines y debates.

Vaya por delante que considero que el gobierno en funciones y en minoría del Partido Popular en estos seis meses ha sido probablemente el mejor gobierno que ha tenido España en la Historia de la Democracia (repugnante locución repetida hasta la nausea). Un gobierno por inercia donde apenas se pueden tomar decisiones importantes y en que cualquier traspiés puede significar un futuro descalabro electoral.

En un giro kafkiano, el Partido Popular ha tenido que silenciar los logros obtenidos durante ese periodo, donde más ha bajado el desempleo en España: son mejores gobernantes en funciones que en la realidad.

Aunque soy de derechas, en estas elecciones votaré a Podemos. Con ello, por un lado, habré votado a todos los partidos no grotescos que han existido en España en los últimos años, al menos una vez.

El discurso de Podemos, sus propuestas económicas y sociales, muchos de sus políticos, me parecen una auténtica basura. ¿Por qué les voy a votar entonces?

En primer lugar porque creo que una persona tiene que votar siempre. Ser capaz de equivocarse, saber elegir entre opciones que no te gustan.

Por otro lado, hay que votar sabiendo que los políticos mienten en sus propuestas. En este caso voto a Podemos esperando que no cumplan casi nada de lo que prometen.

Como soy incapaz de votar al mismo partido siempre – me gusta estar equivocado, me gusta tener una opinión y poder replanteármela cada pocos años – y como pienso que votar a un partido que no va a salir es casi como no votar, no me queda más que hacer una elección estratégica.

Volviendo al ejemplo del restaurante de kebab, en el menú sólo hay tres opciones. Las otras dos opciones ya las probé en el pasado y al día siguiente tuve gastroenteritis. Prefiero un plato con una mala foto, pésimo nombre y sobreprecio antes que algo que ya me hizo enfermar.

Si luego el país empeora, la economía se va al sumidero, no será culpa mía. Otro aspecto pernicioso de la Democracia es pensar que porque hayas votado a un partido ya estás apoyando todas sus medidas. Votaré a ese partido que tan poco me gusta porque los otros han creado un país corrupto, en blanco y negro, de puertas giratorias y comisiones al 5%. Cualquier otro partido, ya prometa instaurar la pena de muerte, la prohibición del alcohol, volver al Comunismo o al Feudalismo, me vale.

País solidario

Siempre que se produce una catástrofe se acaba oyendo, de una forma u otra, que España es un país de gente solidaria. También suele ir de la mano el mencionar que España es un país tolerante con otras religiones, especialmente el Islam.

Spain is one of the less racist, anti-Islamic countries. Spaniards and solidarity are two very well connected concepts. We have close ties with the Islamic culture and with countries like Morocco, so Arab migrants don’t face as many integration problems as they may do in other European countries. As well, and despite of the crisis, there is no big extreme-right xenophobic party in Spain, Le Pen style.

Ahora bien, decir que España es menos racista o más solidaria que otros países implica decir que estos conceptos son, de alguna forma, susceptibles de medida y comparación. Y que en esas métricas, España puntúa alto.

Antes de entrar en otras consideraciones, merece la pena sacar de la ecuación aquello de que “España es líder mundial en donaciones de órganos”. Es así, y es algo de lo que estar orgullosos. Pero no se trata de una decisión particular de los ciudadanos, sino de haber decidido que todo el mundo sea donante salvo que opine lo contrario – una excelente medida.

¿Qué es un país solidario? Se han intentado algunas clasificaciones al respecto, como el World Giving Index, que compara las respuestas de ciudadanos de distintos a países a preguntas del tipo:

¿Has ayudado a algún extraño, o alguien que no conocieras que necesitara ayuda?
¿Has donado dinero a una ONG?
¿Has realizado trabajo voluntario en una ONG?

Los resultados son extraños, liderando el ranking Myanmar (!) seguida de Estados Unidos y algunos de los países más ricos del mundo intercalados con Sri-Lanka o Malasia en el top 10 y España en la posición 58 (de unos 150 países).

Aceptando estos datos España estaría ligeramente por encima de la media. Nada de que avergonzarse, pero tampoco para estar especialmente orgullosos.

Sin embargo el ranking es enormemente subjetivo. Deja a Grecia, el país que prácticamente inventó el concepto de hospitalidad, en el puesto 140, casi el último. Una gran cantidad de países parecen ordenados al azar, sobre todo cuando se observan en el mapa de distribución. Según la cita más arriba señalada, la solidaridad española está relacionada con países como Marruecos. que, sin embargo, aparece en un pésimo 126º puesto en dicho listado.

¿Es al menos España un país con bajo anti islamismo? Esto es aún más complicado de cuantificar. El 7.5% de la población francesa es musulmana y un 6% de la población belga pero apenas un 2.3% de la española. Prácticamente cualquier clasificación que se haga al respecto debería ponderar estas diferencias – pero esto nunca se hace. Francia tiene el triple de musulmanes que España, es una enorme minoría. ¿Hay rechazo en España a los albaneses, georgianos o guatemaltecos? Desde luego que no. Y no porque seamos muy solidarios, sino porque no conocemos a casi nadie de dichos países.

Una medida interesante para medir el rechazo a otras religiones es recurrir a los judíos. Son una comunidad enormemente minoritaria por toda Europa y al mismo tiempo son muy dados a cuantificar los que son hostiles con ellos.

El índice ADL global realiza una clasificación por países de su aceptación o rechazo hacia los judíos. Los participantes tuvieron que responder a preguntas del tipo:

¿Cree que los judíos tienen demasiado poder en el mundo de los negocios?
¿Cree que los judíos pasan demasiado tiempo hablando de lo que les sucedió en el Holocausto?
¿Con qué frecuencia hay violencia contra los judíos en tu país?

En el ranking de Europa Occidental, España consigue un notable tercer puesto con un 29% de antisemitismo. Grecia lidera implacablemente dicho listado con un inalcanzable 69% – muy por encima incluso de Irán (56%), acérrimo enemigo de Israel.

Incluyendo el resto de países de Europa, España ocupa una posición intermedia. No somos más antisemitas que otros, pero tampoco mucho menos.

Al final España no se destaca ni en lo positivo ni en lo negativo en ninguno de estos aspectos. Somos un país más, ni mejor ni peor que otros. Para mi sorpresa sin embargo, Grecia puntúa muy alto en el ranking de los peores países y esta vez no por razones económicas.

Conciliación laboral

Hace unos días estuve viendo el programa de Salvados sobre la conciliación laboral. En dicho programa se comparaba la difícil situación para conciliar vida laboral y personal en familias de España y Suecia.

En general el concepto del programa ‘Salvados’ no me gusta nada y este episodio no fue una excepción. Solo la idea de comparar un aspecto de la vida de dos países, de forma totalmente aislada, es simplista o manipuladora. O una deliberada mezcla de ambas cosas.

¿Por qué comparar con Suecia? Desde luego que es uno de los países más ricos del mundo. Pero aún dentro de esta lista, hay numerosos países donde apenas hay cobertura social suficiente como para poder cuidar holgadamente de un hijo mientras se trabaja. Estados Unidos, Alemania u Holanda no tienen coberturas que se parezcan a las que ofrece Suecia, pareciéndose mucho más a España en ese aspecto.

Cierto es que la inexistente conciliación laboral en España, que en muchísimos casos sólo es posible gracias a los abuelos, es un problema. Pero ese programa no exponía ninguna solución posible, salvo la manida: España tiene mucha corrupción – que la tiene – y con el dinero de la corrupción, se podrían pagar un montón de compensaciones sociales.

Pero ese dinero de la corrupción tiene que dar también para la memoria histórica, para poner un policía a cada mujer maltratada, para el cuidado de personas dependientes, para una Sanidad que cubra cada aspecto mejorable. Tiene que dar para mejorar la educación y subsidiar la compra de coches y casas. Y para que haya un salario básico universal. Robamos, pero no tanto para poder pagar todo eso con el dinero de la corrupción.

Luego el programa mencionaba que ‘los políticos no quieren’, o más finamente dicho ‘no hay voluntad política’.

En mi opinión el problema de la inexistente tasa de natalidad española es uno de los más graves para el país de cara a su posición mundial dentro de digamos 50 años. Si la población no crece, es casi inevitable que la economía se mantenga en niveles de escaso crecimiento. España es, a día de hoy, el 30º país del mundo por población. En 50 años, bien podríamos estar pasado el puesto 50º. Y la población de un país es uno de los más importantes factores económicos, especialmente en países que ya no están en fases de desarrollo.

Pero en España apenas si se llevan a cabo correcciones cuyos efectos no se notarían en menos de cuatro años. ¿Para qué arreglar un problema que aún no tenemos y por el que no se pueden conseguir votos?

Volviendo a Suecia, ¿Por qué no es legítimo comparar la conciliación laboral en ese país con la del nuestro? Básicamente porque tienen una economía totalmente diferente. Dice la Wikipedia que la economía sueca es una economía orientada hacia la exportación – saludable ventaja de tener un país con poca población – mientras que de la economía española, destaca el relevante factor del turismo.

Nada nuevo bajo el sol, pero un aspecto fundamental si simplemente queremos comparar un típico puesto de trabajo sueco con un típico puesto de trabajo español. Las decisiones sociales en ambos países giran, por fuerza, en torno a empleos medios. En España no hay apenas empresas grandes y las pocas que hay, son continuamente machacadas mediáticamente, con el nuevo soniquete de ‘Las empresas del IBEX35’ popularizado por Podemos.

Como su propio nombre indica, el IBEX35 sólo tiene 35 empresas, entre las que están los supermercados Dia% (el artículo enlazado nada tiene que ver con la realidad actual).

Para sorpresa del presentador durante una de sus preparadas entrevistas, la empresa española que mejor plan de conciliación laboral tiene es Iberdrola. Un infame miembro del IBEX35. En general, casi todas las grandes empresas tienen políticas sociales muy superiores a las de empresas de menor tamaño.

Precisamente las empresas más castigadas por otros programas de ‘Salvados’ son aquellas que mejor tratan a sus empleados. Que pueden permitirse no distinguir si contratan a un hombre o una mujer. Que pueden extender una baja de varios meses sin que sea un insoportable coste.

Paradójicamente es el periodismo una de las profesiones donde menos conciliación laboral existe. Es muy posible que la productora que realizó el programa no tenga nada parecido a planes de conciliación laboral.

¿Qué conciliación laboral puede ofrecer el dueño de un bar, con dos camareros, si uno de ellos falta cada vez que el niño tiene fiebre? Como empresario, el dueño del bar será un hijo de puta. Pero también como empresario será una persona que hará números, que pondrá los precios en función de lo que cobra el bar de al lado y que tiene que pagar sueldos de miseria para poder ser competitivo. Porque su negocio es un negocio de escasos márgenes, mucha competencia y poca estabilidad.

El problema de la conciliación laboral en España es el de su sistema productivo – quizás el mayor problema de todos los que tiene España, por encima de la corrupción y el paro. Tenemos un sistema productivo que no escala, que solo permite racanear céntimos en cañas, en raciones de jamón, en habitaciones de hotel con una cama más pequeña. No tenemos empresas de verdad. O casi.

Una de las pocas empresas españolas de las que estar orgullosos a nivel mundial es Inditex. El gigante de la distribución textil fue, sin embargo, amargamente criticado en otro programa de ‘Salvados’ por contratar mano de obra infantil, mano de obra que no cumple las condiciones de seguridad laboral, etc. Puede que sea verdad que alguna de las camisetas de Zara que tienes en el armario la haya hecho un niño. La cruda realidad es que no importa de qué fabricante sea la camiseta que tienes en el armario para que la posibilidad de mano de obra infantil esté ahí.

Inditex está en un negocio que funciona así. Márgenes pequeños pero con economías de escala. Sería bonito que toda la ropa de Inditex se fabricara en Alicante, pero en tal caso Inditex no sería competitiva a nivel mundial – posiblemente ni siquiera a nivel nacional.

Un artículo muy interesante que leí hace unos meses se titula ‘Por qué es imposible comprar (ropa) éticamente’. En él aborda la problemática de este tipo de empresas. El artículo detalla que la industria textil funciona con una enorme cantidad de intermediarios y mayoristas. Inditex no tiene fábricas en Vietnam, China o Malasia. Tiene acuerdos con mayoristas en esos países que a su vez tienen acuerdos con empresas que operan en estos países.

En el articulo mencionan que son las grandes empresas – como Inditex – las únicas que tratan, a veces infructuosamente – de evitar a los fabricantes que permiten peores condiciones laborales. Así, si evitas a los grandes como Inditex, Mango, H&M, es posible que acabes en una marca de segunda fila que, esta vez ya sí, te puede garantizar al 100% que tu camiseta ha sido fabricada por un niño. Por lo tanto, la idea de comprar éticamente te acaba llevando precisamente a los comerciantes menos éticos.

Para tener opciones de conciliar vida laboral y personal necesitamos más Inditex en España. No necesitamos que España sea el nuevo centro de fabricación de camisetas, insistiendo en los empleos con poco valor añadido, de talleres pequeños. Necesitamos que haya puestos de alto nivel que se creen en España. Volviendo al ejemplo sueco, ¿Queremos un arsenal de reponedores y cajeros en los Ikea de España, o los asexuales ingenieros que diseñan los muebles de nombres impronunciables?

¿Pero cómo puede permitirse Suecia tener tantos servicios sociales? Para conseguirlo, ha llegado a un sistema impositivo bastante asfixiante, con una media del 45% del sueldo destinado a impuestos y un IVA del 24% en prácticamente todo. Si España aumentara su presión impositiva a estos mismos niveles, para permitir una mejor conciliación, podríamos llegar a unas coberturas similares a las suecas. ¿Pero, estaríamos dispuestos a hacer ese esfuerzo?

El programa de televisión simplísticamente culpabilizaba a los políticos pero ante un reto así, no se puede fabricar el dinero de la nada. Hay que tomarlo de alguna parte. Y lo tenemos que poner el resto de los españoles.

Así, en una economía de libre mercado, al estilo americano, cada uno tiene que pagar lo suyo. Compras un coche, pagas sus impuestos. Conduces sus carreteras, pagas sus impuestos. Tienes un hijo, pagas su guardería. El estilo sueco es más social: todo el mundo paga lo de todos – en los coches no. ¿Quiero yo, que he renunciado a tener hijos por la difícil conciliación laboral, pagar las guarderías del resto de españoles? ¿Y la dependencia de los abuelos que yo ya no tengo? ¿Y la educación con ordenadores de los hijos que no tengo? No es una pregunta retórica, sino directamente al bolsillo. ¿Estaría dispuesto a pagar 50 ó 150 euros al mes, cada mes, para que haya esa cobertura social a las personas que han tenido un hijo?

Si el programa se hubiera afrontado con esa pregunta la mayoría de la gente que no tiene hijos habría dicho que no, que prefiere España con sus cañas baratas a Suecia y sus días oscuros. Pero cuando se pinta todo en blanco y negro, con los malísimos políticos y empresarios, se llega a una historia fácil, pero que no es real. Y sobre todo, que no aporta soluciones, sólo lloriqueos.

La edad dorada

Hace unos meses publicó The Economist un especial sobre Nigeria. Se trata de un enorme desconocido pero con unas posibilidades de crecimiento enormes, aunque sólo fuera por la tracción que genera su enorme población actual: unos 170 millones de habitantes – cuatro veces España.

Los artículos mostraban un país lleno de contradicciones, en ciertos aspectos muy avanzado y en otros totalmente primitivo y rudimentario. Uno de los principales problemas que afronta es la falta de fiabilidad del suministro eléctrico. Vivir en Nigeria, ya sea en la capital o en ciudades pequeñas, en un barrio pobre o rico, significa que cualquier día puede haber un corte de electricidad de varias horas o días.

Nigeria se jacta de tener una enorme población de emigrantes. Unos 17 millones de nigerianos viven fuera de su país, una gran parte de ellos en Reino Unido y Estados Unidos. Muchos de sus expatriados mandan dinero a sus familias, siendo esta una importante fuente de ingresos para el país.

Leyendo todos los artículos, con la característica falta de posicionamiento de The Economist, uno se da cuenta de un sorprendente hecho: a pesar de la corrupción, los asesinatos y delitos sin siquiera investigar, la falta de infraestructuras y de luz eléctrica, muchos nigerianos, bien asentados en sus países de acogida, deciden volver a instalarse en su país.

Desde luego, el arraigo y la familia influyen mucho en su retorno. Pero son muchos los que mencionan un sorprendente motivo: Nigeria es un país interesante donde vivir.

Acostumbrados a vivir entre algodones rodeados de todo tipo de comodidades solemos olvidar que muchas incomodidades tienen partes positivas: nos hacen la vida más compleja y, por lo tanto, más rica.

Reflexionando sobre ese artículo – tiempo he tenido – me recuerda a la época de Internet que vivíamos hace 10 años. Nadie tenía Internet en el móvil y un elevado porcentaje ni siquiera tenía conexiones de alta velocidad. La gente se comunicaba por Messenger, Gmail era un sistema de correo minoritario. Terra trataba de ser un gigante tecnológico y tenía una elevada cuota de mercado de las visitas de Internet. Se cuestionaba si la Wikipedia tenía contenido de calidad o siquiera relevante.

Al mismo tiempo vivíamos en una especie de jungla. Las cartas nigerianas te llegaban al correo y tenían su público. El phishing también funcionaba y en Messenger se podía uno inventar la identidad porque nadie colgaba su verdadera foto o su nombre. Había arrestos puntuales por descargas ilegales. En el trabajo no te dejaban navegar por Internet.

Pero como diría García Márquez, el mundo olía como a nuevo. Todos los días había noticias sorprendentes, inesperados productos que se volvían imprescindibles con la misma velocidad que otros perdían todo el interés de inmediato. Las páginas no se veían bien fuera de Internet Explorer, pero ahí se veían muy bien y estaban llenas de detalles originales. Los gifs animados habían conquistado el mundo pero ya estaban en retirada. Los blogs un día florecían para al siguiente, desvanecerse.

En términos absolutos, el Internet de hace diez años era una puta mierda comparado con el de ahora. Pero del mismo modo, el Internet que ahora tenemos está dejando de ser interesante. No hay proyectos sorprendentes que no tengan detrás un montón de dinero. La mayoría de la gente se pasa el tiempo de forma pasiva, reenviando o haciendo me gusta. Nadie escribe, el teclado se ha convertido en una parte opcional de la interfaz, que aparece sólo bajo demanda explícita del usuario. Las búsquedas de Google arrojan resultados de hace 5 o 10 años – que siguen siendo las más relevantes. Internet está ya casi completado y eso lo hace muy útil pero también muy aburrido.

Debemos sentirnos privilegiados de haber vivido esta edad dorada. Volviendo a los nigerianos, uno entiende totalmente que decidan volver a su país.

Regalos

Cuando me fui de Madrid tuve que deshacerme de un montón de cosas que había ido acumulando durante más de diez años.

Recuerdo que llegué a la capital del Reino con una bolsa grande y que a cada mudanza aquello iba ganando en complejidad. Primero dos viajes en Metro. Luego un amigo me ayudó con su coche. Finalmente tuve que contratar a un desgraciado con una furgoneta.

La sensación de dar, sin tratarse de un regalo planeado o sin un falso trasfondo humanitario, es compleja. No me sentía especialmente bien por dar cosas de gran valor a cambio de nada, en plan buen samaritano. En cierto modo era una paz al saber que un objeto que valorabas ha encontrado un buen destino. Como los que buscan casa para perros abandonados.

Una experiencia en gran parte liberadora, pero no exenta de matices. Hay algo decididamente destructivo en regalar gran parte de tus pertenencias. Las semanas antes de marcharme de Madrid estuvieron llenas de sensaciones extrañas.

Me deshice de un coche con el que llevaba el suficiente poco tiempo como para no estar enamorado de él. La historia de ese coche está contada en ese artículo, bastante cuidado comparado con lo que últimamente publico.

También estuve regalando libros. Unos cuantos a una asociación cultural. Lo mejor de mi colección los regalé a través de la página http://nolotiro.org. Quedé con una chica joven y estuvo un rato en mi casa mientras hablábamos de los libros. Cada uno de ellos tenía una larga historia detrás. Las Vidas Paralelas completas. Vida de los Doce Césares. Ishmael. Trampa 22. Los Ensayos de Montaigne.

La chica era una glotona de la lectura, de esas personas que igual se leen un best seller que una novela clásica o literatura para adolescentes. Todo lo disfrutan igual – lo cual es envidiable. Nunca supe qué fue de ella, tras llevarse de golpe y porrazo casi toda mi selección de favoritos. Supongo que sería una experiencia al todo o nada. Prefiero no indagar al respecto.

Finalmente quedó el típico trasto que todos tenemos: un ordenador que funciona pero que fue reemplazado por un ordenador que funcionaba mucho mejor. Guardado durante dos o tres años, estaba más que desactualizado, aún cuando funcionara perfectamente.

A través de la misma página, contactaron conmigo decenas de personas, cada una te explicaba por qué necesitaba el ordenador. El caso más común era el de una casa donde había un ordenador compartido y alguien quería tener uno propio para poder mirar en su propia habitación…páginas de la Wikipedia.

De entre todas las peticiones sin embargo se destacó una de inmediato. Era la típica mujer mayor latinoamericana que emplea un español sobre educado no exento de gruesas faltas de ortografía. Mientras todo el mundo me respondía de inmediato a las dudas que le planteaba y estaban dispuestos a recoger el ordenador, esta señora me respondía al día siguiente e insistía en que no podría recogerlo, tendría que ser yo el que se lo llevara más o menos por donde ella vivía con su familia.

No intercambiamos muchos mensajes y quedé con ella para entregarle el ordenador. Algo dentro de mi me decía que puestos a regalarlo todo, en este caso al menos iba a acertar con la persona adecuada.

Tuve que conducir hasta Alcobendas, quedar en una rotonda, enfrente de donde graban casi todas las citas de Mujeres y Hombres y Viceversa. En apenas un par de minutos me empapé del drama humano que vivía esta familia, anterior a la crisis de deuda griega. Una pareja mayor, físicamente maltratada por los años, con un hijo de apenas diez años. El hombre había sufrido algún tipo de percance y su capacidad mental estaba mermada. Podía conducir por lugares conocidos pero simplemente era incapaz de aprender nuevas rutas, entrar en Madrid para él hubiera acabado en tragedia. Amén que tenían un coche de esos que ya han dejado de soñar con pasar la ITV, empezando a flirtear con convertirse en un clásico.

Una extraña pareja con un único teléfono móvil que compartían. El marido sin trabajo y sin esperanza alguna. La mujer, algo aquí y allí. Para colmo, su hijo estaba sordo y se notaba que por negligencia – por otro lado totalmente comprensible – de sus padres, no había tenido una educación adecuada.

No eran como algunos mendigos, que te empiezan a contar problemas en busca de conseguir dar pena. Era una gente que a poco que abría la boca, ampliaba un drama humano terrorífico. Aún hablando de temas alegres, los detalles de fondo eran sobrecogedores.

Como pude me despedí de ellos, contento de haber encontrado un destino inesperado para un ordenador que acumulaba telarañas. Sabiendo que eran, de largo, la gente que más lo necesitaba. Con la meridiana sensación de que había mucho más que era mejor ni oír.

Al deshacerme de ropa que apenas usaba, de libros que no leería, de muebles y hasta del coche, sentí cierta sensación de alivio. Pero al dar el ordenador a quienes de verdad lo necesitaban, sentí todo lo contrario. En lugar de quitarme un peso de encima, me eché uno más grande sobre mi conciencia.

Turrón de Jijona

turron-jijona
Aunque a todos nos parezcan que llegan prontísimo, los dulces de Navidad aparecen en los supermercados tras el festivo del 12 de octubre. Denostados como principales culpables del sobrepeso que se consigue tras la Navidad – y no sin motivo – de entre tantos dulces quiero romper una lanza en favor del que considero uno de los mejores postres que existen: el turrón de Jijona o turrón blando.

Antes de entrar en su principal virtud, su calidad nutricional, algunas ventajas:

  • Perfecto contra gran cantidad de alergias: no tiene leche ni gluten.
  • Acepta muy buen maridaje con vinos dulces y cavas.
  • Conservación duradera y fuera del frigorífico.
  • Barato, 200 gramos se pueden comprar por menos de tres euros.
  • Buen sabor, dulce pero no demasiado empalagoso.
  • Fácil de conseguir en España, El Corte Inglés – y algunos Mercadona – suelen venderlo todo el año.
  • Tiene huevo, luego no es apto para veganos.
  • Gran poder saciante.

Pero como decía antes, el turrón de Jijona es una maravilla por su composición. Pocos ingredientes y muy buenos:

  • Almendra.
  • Miel.
  • Azúcar.
  • Estabilizante E-471
  • Clara de huevo.

Nada más.

Si lo comparamos con cualquier otro postre, la diferencia es abismal. Una tarta de queso – que es a su vez bastante anodina – tiene queso, clara pasteurizada, azúcar, leche, yema pasteurizada, almidón de maíz, margarina (vegetal), acidulante (ácido cítrico), sal, conservador y aroma. El producto más inquietante de repostería es la copa de chocolate que venden todos los supermercados, que suele costar menos de 20 céntimos y tiene una lista de casi 30 ingredientes.

Lo mejor es la proporción de almendra, el mejor fruto seco que existe. En un turrón de calidad, puede llegar al 70%, esto deja poco espacio para añadir azúcar. Y más teniendo en cuenta que el turrón de Jijona tiene más miel que azúcar. Pocos postres tan deliciosos tienen menos de un 15% de azúcar. Un yogur azucarado puede tener un 9% de azúcar. Pero difícilmente podremos comer 125 gramos de turrón (media tableta), mientras que un yogur se toma en segundos.

A la hora de evaluar un alimento, más que caer en el simplismo de contar calorías, o contar grasas, lo más importante es ver qué estamos tomando. La mayoría de las veces son subproductos de la leche o del huevo (clara de huevo pasteurizada, proteínas de leche, leche desnatada en polvo) y un sinfín de aditivos. Aquí tenemos una receta trivial, sencilla y tradicional. Donde abunda la almendra que es un producto de gran calidad nutricional – y nada barato. Puede decirse que el turrón de Jijona es una forma muy agradable de tomar almendras.

El precio del turrón de Jijona no es cuestión de esnobismo, como con otros productos donde el más barato no es el peor. Comparemos turrón Jijona Delaviuda – calidad suprema – con Carrefour discount – calidad extra.

Carrefour discount:

Almendra (50%)
Azúcar
Jarabe de glucosa-fructosa
Miel
Clara de huevo
Emulgente.

Delaviuda:

Almendra (67%)
Miel (16,4%)
Azúcar
Estabilizante E-471
Clara de huevo.

Los ingredientes, en las recetas, siempre van del más abundante al menos abundante. Así, vemos que no sólo el de Carrefour tiene más azúcar que el otro, sino que además tiene más glucosa-fructosa que miel (y azúcar también). Y encima se le quita porcentaje de almendra (apenas superando el mínimo legal del 46% requerido para poder llamarse turrón de Jijona). Es una pócima hasta arriba de azúcar, que justifica su precio muy inferior.

Angola

Angola consiguió su independencia en 1975. Participó en el Campeonato Africano de Baloncesto por primera vez en 1980, quedando penúltima de su grupo (habiendo dos grupos en total). En 1981 volvería a participar, quedando última de su grupo (otros dos grupos en total).
En 1983, en su tercera participación, conseguiría el segundo puesto, con su primera clasificación para un mundial. Desde entonces siempre ha quedado entre los tres primeros clasificados del Campeonato Africano de Baloncesto. Desde 1989 hasta 2013 ha ganado 11 de los 13 Campeonatos Africanos de Baloncesto.

Angola es un clásico en las competiciones mundiales de baloncesto. Nunca ganará nada, pero siempre será un equipo molesto.