Problemas de España

cis

Con motivo de la presentación del último ‘Barómetro del CIS’ (Centro de Investigaciones Sociológicas) me dio por buscar el estudio completo en su página web. En televisión siempre se filtran las secciones más importantes, las respuestas más votadas, pero leyendo los datos de Noviembre 2016, es interesante revisar un poco las secciones que nunca aparecen en televisión.

Al margen de las preguntas sobre intención de voto se hacen dos, sobre los problemas de la gente:

¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?
¿Y cuál es el problema que a Ud., personalmente, le afecta más? ¿Y el segundo? ¿Y el tercero?

La imagen de más arriba muestra los porcentajes de algunos aspectos interesantes que puntúan muy bajo. Nada de la corrupción, el paro, los políticos, la Sanidad, que siempre están en los primeros lugares.

Tres aspectos que están continuamente en los medios de comunicación, como son ‘Los refugiados’, ‘La violencia contra la mujer’ o ‘Los desahucios’, apenas son mencionados por la gente. La violencia contra la mujer en particular, se considera como un problema mucho más importante para España (1,1%) que para las personas en particular (0,2%). Con números tan pequeños, parece que son diferencias de décimas, pero estamos hablando de que es un problema más de 5 veces más grave para España, que para las personas en particular.

He destacado esos tres problemas en particular porque están continuamente en los medios de comunicación, dando la impresión de que no sucede otra cosa. A pesar de la continua exposición mediática, a la hora de la verdad, la gente entiende que los verdaderos problemas, son otros. Incluso con el enorme desgaste psicológico que supone oír una y otra vez las mismas opiniones, no se consigue lavar el cerebro de la gente y hacerles pensar que son lo único en que deben pensar.

Totalmente ignorado en el estudio, aparece un interesante epígrafe: ‘Falta de inversión en industrias e I+D’ (con un 0,7% y 0,3% de respuestas), frente a un 72,9% de gente que considera que su problema es ‘El paro’. Posiblemente el anterior sea el mayor problema de España, pues es estructural. Con una sólida industria agro-alimentaria y turística, el gran cáncer económico de España es no tener suficiente industria ‘de verdad’. Los polígonos industriales de muchas ciudades dan pena, con empresas que se limitan a solicitar productos por Internet (a industrias reales) y distribuirlos por España.

Mientras no tengamos industria real, dependeremos del turismo – y la construcción que está relacionada con éste – que son sectores cíclicos que se mueven por burbujas. La gente que vive de profesiones en burbujas no puede tener una vida de verdadera clase media, moviéndose entre la más absoluta miseria en los años malos, y la ostentación de los nuevos ricos en los buenos.

A Walk in the Woods

A Walk in the Woods es el nombre de una novela que publicó en 1998 el famoso escritor de viajes – que alcanzó su mayor fama por un libro de divulgación científica – Bill Bryson. En ella narra la historia de dos viejos que, sin pensarlo demasiado, deciden realizar el Sendero de los Apalaches: una ruta de senderismo de unos 3.500 km, es decir, unos cuatro Caminos de Santiago – de los de verdad. La novela está basada en hechos reales que protagonizó el escritor de la misma junto con un amigo suyo.

Sobre dicha novela se ha llevado al cine recientemente una adaptación, protagonizada por Robert Redford. De la película me ha llamado muchísimo la atención el desquiciado uso de la edad por parte de esta versión.

Robert Redford protagoniza la película por el sencillo hecho de que es él el que decidió llevarla al cine, tras disfrutar mucho con la novela. Incluso había pensado que su compañero de reparto fuera su amigo Paul Newman.

Ahora bien, la esencia misma de la novela es un hecho real: dos tipos sin condición física, descuidados y con vidas muy sedentarias, se lanzan a un último reto físico que tiene pocas perspectivas de tener éxito. La historia gira en torno a dicho desafío y la edad de los participantes es aún más importante que el hecho de que se lleve a cabo en el Sendero de los Apalaches o cualquier otro lugar.

Sin embargo, hoy en día parece que no se puede decir que una persona de 47, la edad con que Bill Bryson escribió el libro, puede ser ya mayor y estar en declive. Bill Bryson es un gran escritor pero nunca se ha preocupado mucho por su dieta o por hacer ejercicio. No deja de ser una persona bastante común para su edad.

Ahora bien, para adaptar la novela no se puede usar un actor de su edad. George Clooney tiene 54 años y un aspecto mucho más deportivo del que encajaría en ese papel. No obstante, con Robert Redford, que cuenta con 79 años, se da un salto en la ficción totalmente delirante.

En la película se trata de solventar esa desproporcionada diferencia de edad haciéndolo pasar por alguien más joven. Rejuvenecer a un actor viejo para que parezca un viejo pero no demasiado, es bastante grotesco. Para colmo de males, en la película representa a la mujer del protagonista (Robert Redford) la actriz Emma Thompson, que tiene el mismo aspecto y corte de pelo que hace 30 años. Esta actriz tiene en la actualidad 56 años – 23 años menos que Robert Redford.

Elegir a una actriz que puede considerarse el equivalente femenino a Jordi Hurtado es un despropósito absoluto que hace aún más confusa la historia. Tenemos a un hombre de 79 representando a uno de 47 con una mujer de 56 que aparenta 40.

Estamos acostumbrados a que los actores tengan parejas femeninas mucho más jóvenes, pero en una película que va sobre viejos y el mismo acto de envejecer, se ha cometido un despropósito digno de mención.

Nota: Al margen de eso, es una película que no está mal, dentro de que es una historia donde no caben los giros inesperados, enredos de pareja o ningún tipo de aventura exagerada.

Perros abandonados

A primeros de año siempre se oye la noticia de la gente que regala mascotas y la alerta de que muchos de esos animales acabarán, pocos meses después abandonados.

La solución que mencionan para evitar este problema es siempre la misma: adoptar perros, en vez de comprarlos.

Es sorprendente como se puede aceptar algo tan falto de lógica, que se repite año tras año, tan solo porque emocionalmente se percibe como la medida adecuada.

Supongamos que los perros fueran teléfonos móviles de última generación y que los que los compran no son otros sino abuelos, con su escasa facilidad para adoptar nuevas tecnologías.

Tarde o temprano se enfrentan a los problemas de usar aparatos tan complejos. En muchos casos la dificultad les supera y acaban solicitando volver a los teléfonos que tenían antes.

Ahora apliquemos la lógica de los perros abandonados: en lugar de comprarse un Iphone nuevo, hubiera sido mucho mejor que se compraran un plasticoso Samsung de gama baja y encima de segunda mano. De esa forma, se evitarían los problemas de abandono de teléfonos móviles.

Lo obvio es que es mucho más fácil que el abuelo sepa manejarse con un teléfono de primera calidad, con usabilidad cuidada hasta el paroxismo y estética provocadora de erecciones, antes que con un telefóno que evoca miseria, descuido y en que nada funciona del todo bien.

El que compra y abandona cuando el cachorro crece y se convierte en un problema es una persona de valores morales en números negativos. Si adoptara un perro, sus valores no cambiarian. Por el contrario, se daría cuenta mucho antes de que no quiere un perro estéticamente mediocre, ya mayor y con posibles problemas psicológicos. Y lo abandonaría. El número de abandonos aumentaría, pues habría más motivos para el rechazo, incluyendo los atenuantes psicológicos de “yo no soy el que lo abandonó la primera vez” y el nada despreciable de valorar poco aquello por lo que no se ha pagado nada.

Adoptar perros es muy noble, pero si le preguntas a una persona que trabaja en un refugio para animales maltratados, ante cualquier problema su solución será “que hay que adoptar más perros”. ¿Violencia de género? Hay que adoptar más perros. ¿Desempleo? Adoptar perros.

La verdadera solución es que ese tipo de personas no compre perros jamás. Y los que si tienen humanidad, que los adopten o compren. Pero como todo tiene que ser democrático, tenemos que aceptar este tipo de consejos genéricos, vacíos de contenido y que, la verdad, nunca solucionarán nada.

High-end devices

Cuando Adsense muestra los datos de ingresos por publicidad, los divide de acuerdo a tres categorías: Tablets, Móviles y Ordenadores.

tablets

Desde hace años se ha tratado de separar a los usuarios de móviles. Primero porque eran una rareza y usaban pantallas muy pequeñas, lo que causaba problemas. Pero pronto pasaron a ser la guinda del pastel publicitario. Usuarios de los que se podía saber prácticamente todo: edad, sexo, localización física en cada instante. Además, con cierto poder adquisitivo, demostrado al menos por el hecho de tener un teléfono carísimo.

Por eso, los clicks en publicidad se pagaban de forma diferente dependiendo del origen del usuario. Los que pinchan en la publicidad desde teléfonos móviles son considerados automáticamente clientes de mejor calidad que los que lo hacen desde el ordenador. La empresa anunciante tiene que pagar más por esos clicks.

Pero han pasado ya bastantes años. Los usuarios de móviles, o como menciona Adsense en su detalle ‘High-end mobile devices‘ (teléfonos móviles de calidad superior) se han ido convirtiendo poco a poco en usuarios Low-end o de calidad inferior.

Una tendencia inevitable es ver cómo los ordenadores ‘de toda la vida’: portátiles y sobremesas, acabarán volviéndose las auténticas high-end devices, aparatos que nos hablan de usuarios avanzados, con verdadero poder adquisitivo. Al fin y al cabo, serán usados por aquellos que tienen un puesto de trabajo en el sector servicios, mientras que los teléfonos móviles serán algo más democrático, y por lo tanto usados en su mayoría por clases medias y bajas.

La fantasía publicitaria, que sólo se puede aplicar en unas pocas ciudades enormes del mundo, es la de un usuario que busca algo en internet y, gracias a la geolocalización, recibe un anuncio de un servicio que está a pocos metros de distancia de donde él se encuentra. En ese caso, un anuncio adecuado se convierte en un cliente y el anunciante tiene que pagar por eso. La realidad es que ese tipo de búsquedas de última hora sólo suelen aplicarse a restaurantes. El resto son rarezas o servicios de emergencias – situaciones excepcionales.

El verdadero cliente buscará una peluquería, un taller o una tienda especializada desde el ordenador del trabajo, como se ha venido realizando toda la vida. El usuario de móvil – que puede ser a veces ese mismo que antes empleó el ordenador – buscará letras de canciones y memes.

No es una reflexión muy profunda pero creo que merece ser señalada. Con los teléfonos móviles estamos llegando a una situación inusual en que los clientes con más poder adquisitivo no serán los que usen el soporte más costoso.

PIN

Los delitos de guante blanco son cada vez más fáciles gracias a las nuevas tecnologías. O más bien diría que, gracias a los avances tecnológicos, resulta mucho más fácil conseguir los mismos botines que en el pasado, sin tener que realizar ninguna acción violenta.

Un delito de guante blanco no tiene una condena más leve o causa menos daños que uno violento. Psicológicamente nos suelen causar un rechazo menor, aunque también desagrada la aparente cobardía del criminal que no entra en un cara a cara con la víctima.

Hace unos días detuvieron a Kawser Ali, un ladrón especializados en gimnasios. Y más que en gimnasios, en los de una cadena en concreto: Virgin Active(que también tiene presencia en España).

Más que un ladrón profesional, Kawser Ali se dio cuenta de algo bastante evidente. Los sistemas de seguridad por combinación numérica son ridículos. Y en esos gimnasios se congregaban dos puntos decisivos: las taquillas tienen seguridad por combinación y los clientes suelen tener bastante dinero.

El modus operandi del delincuente es bastante trivial, al alcance de cualquiera. Simplemente asistía al gimnasio como un socio más y en el rato que pasaba en los vestuarios podía ver fácilmente la combinación que los clientes introducían.

Es un riesgo con el que hoy en día todos estamos en peligro. Cuando introducimos el PIN para realizar una compra, algo que se ha convertido en rutinario por ser un requisito en todas las transacciones, no prestamos la menor atención al entorno que nos rodea y casi cualquiera puede ver nuestro número. Había costado conseguir que la gente tuviera cuidado en los cajeros automáticos, pero con los nuevos chips de seguridad, se ha perdido por completo una medida de seguridad básica.

En los gimnasios uno tiene la guardia aún más baja. Se dejan todas las pertenencias: móvil, llaves de casa y el coche, cartera, pendientes de un número de cuatro cifras que cualquiera te ha podido ver introducir.

Así, Kawser Ali robaba con una facilidad trivial. Y lo mejor de todo viene luego. La ubicuidad de los mismos sistemas de seguridad provoca que, al conocer el código de acceso a la taquilla, en muchos otros casos se sepan ya el código PIN de la tarjeta de crédito y el código PIN del teléfono móvil. Y si se tiene una casa de fantasía, también se puede saber el código de acceso o de la alarma.

De esta forma, este criminal más ingenioso que inteligente, conseguía botines cuantiosos. Aparte de los relojes de lujo, móviles, coches y carteras de sus clientes, en más de una ocasión pudo extraer efectivo de los cajeros al saber el PIN de la tarjeta de crédito.

Detenido sin ningún glamour policial, al seguir la policía la pista de las llamadas realizadas con uno de los móviles robados, llama la atención la sentencia judicial, que le condena a dos años de prisión. En ella, la jueza resalta que se aprovechó de la debilidad de la naturaleza humana que lleva a usar el mismo pin para diversos sistemas. Según se extrae de la sentencia, el aprovecharse de esta miseria en que todos caemos, es un agravante importante.

Lo peor de las guias de viajes

A lo largo de mi vida me he tropezado con tantas guías de viajes, ya sea de destinos que he visitado como de lugares que al final no pudieron ser, que creo poder hablar sobre ellas con algo de conocimiento.

Qué duda cabe que aún hoy en día con la existencia de Internet su utilidad sigue siendo manifiesta. Y es que los portales sobre turismo, ya sean colaborativos o mediante supuestas redes sociales, son bastante lamentables, salvo Tripadvisor en las valoraciones de hoteles.

Pero las guías hay veces que te hacen desear la muerte a fuego lento de los editores. Pues igual que ayudan en muchas situaciones, en otras te echan una mano al cuello. Algunos de los peores vicios que les he encontrado son los siguientes:

  • El lugar inexistente
  • Un problema cada vez menos común pero no exento de riesgo es cuando una guía de viajes te recomienda un sitio ¡Que ya no existe! Cuando de lo que te habla es de un hotel y tienes pensado plantarte allí sin reserva, el daño que puede hacerte esa pequeña omisión es tremendo.

    Esto sucede sobre todo porque muchas guías se actualizan sólo en algunos apartados. Puedes ver que la guía está actualizada a 2010 pero una lectura detallada te lleva a observar que sólo un porcentaje muy pequeño del libro está actualizado a esa fecha. Hay auténticas zonas tenebrosas que se copian tal cual edición tras edición. Si vas con una guía anticuada sabes lo que puedes encontrate, pero si se supone que es más moderna te expones a toparte de bruces con uno de esos lugares que no existen.

    También es negativo cuando hay lugares que existen y que no te indican. Esto es especialmente molesto en lo que a estaciones de metro se refiere pues a veces te dan rutas para ir a un sitio o puntos de referencia que están totalmente obsoletos. Puede haber una parada de metro que se llame Museo de la Ciencia pero la guía te dice que para ir al museo de la Ciencia lo mejor es el autobús.

  • La valoración vacía de contenido
  • En una guía hay que resumir toda una ciudad, o incluso un país entero, en pocos párrafos. Esto obliga a ser muy concretos en lo que se dice, no se puede escribir palabrería de relleno. Un fallo que pone de los nervios es cuando se da una lista de sitios recomendados y de uno de ellos se da un juicio vago, sin llegar a precisar si es bueno o regular. Si se muestran restaurantes de una ciudad: indicar los mejores, los que siendo baratos sean buenos y punto. No se puede incluir un sitio que diga “La ubicación es bastante buena, salvo cuando haga mucho sol. Pero la comida y el servicio son muy mejorables.” Se supone que has visitado 100 restaurantes y te has quedado con los 5 ó 10 mejores. No necesito que me pongas ni uno sólo de los malos.

  • El rollo guay
  • Sobre todo en la guía Lonely Planet, pero también en muchas otras, se trata de identificar al lector con un tipo humano que normalmente no coincide con el ciudadano medio. No entiendo por qué se asocia con una persona independiente, ecologista, solidaria, deportista y gay. Luego viajas y te encuentras a los de siempre: familias con niños, tripones, alcoholizables, fiesteros, incultos y desenfadados. Vamos, gente promedio.

    Cuando se mencionan idioteces como lo de las emisiones de CO2 en un libro de viajes, la autocensura se echa en falta. Luego la guía te muestra una serie de planes genéricos y otros adaptados a esos tipos humanos tan urbanos y modernos. Pero muchos de esos planes no te sirven para nada, ni a ti ni a nadie porque las personas que leen la guía suelen ser como he dicho antes de lo más normal. Y como antes te encuentras con un tomaco tremendo, molesto de llevar porque a alguien se le ocurrió incluir un apartado en cada pueblo que se llama “turismo solidario”.

    Si un destino es “de turismo sexual” y otro un “paraíso de las compras piratas” o un tercero famoso por sus tatuajes no importa si a ti no te gustan los tatuajes o eres célibe o no te causa rechazo el pirateo. Tienes la obligación de contar lo que la gente espera oír, censurando sólo lo que sea claramente ilegal. Pero hablar de unas islas donde todo el mundo encuentra pareja pero no mencionar esos sitios por cuestiones personales del editor es un tanto ridículo.

  • La guía al peso
  • Se nota que en las guías de viaje se ha entrado en una tendencia irracional en la que el libro más grueso es el mejor. Y esto provoca que se rellenen las guías con más y más información, normalmente inútil. Algunas incluso tienen tipografías inusitadamente grandes para que el libro ocupe muchas páginas. La sección de “notas” del final donde hay varias páginas en blanco creo que no para de crecer, cualquier día te la entregan con un cuaderno de canutillo adosado.

    Sucede un poco como con las cuchillas de afeitar, que ni el fabricante ni el usuario quieren ver crecer esa loca espiral de más y más cuchillas pero la situación se ha asentado y no hay quien rompa el equilibrio. Uno tiene tendencia a descartar libros muy breves y las editoriales rellenan que da gusto.

    La realidad es que la guía suele ir siempre en la mochila o el bolso y si pesa y abulta es una gran molestia. Una guía de viajes que fuera como un cuaderno con anillas, en la que puedas sacar las páginas correspondientes al sitio que vas a visitar podría arrasar. El problema es que también sería mucho más fácil de escanear y de piratear o compartir por Internet.

  • El viajero cutre
  • Especialmente la guía Lonely Planet destaca por su idea, que llevan hasta lo patológico, de ahorrar lo más posible. Pero también otras siguen esta tendencia de mostrar opciones siempre muy baratas. Que pueden tener algún sentido en ciudades caras, como Moscú u Oslo. Pero que pierden todo sentido en destinos como Egipto o Vietnam.

    Resulta hilarante, si no fuera porque no te ofrecen alternativa posible, cuando te narran el desplazamiento para ir desde A a B empleando tres autobuses locales de horarios impredecibles cuando en la cuarta parte del tiempo y por sólo el doble de dinero, y aún una cantidad irrisoria, puedes desplazarte en taxi. O cuando te recomiendan lugares locales donde dormir muy baratos pero que no tienen baño, ni siquiera compartido.

    Creo que falta un poco de sentido común en ese tipo de sugerencias. Entender que si en España uno puede permitirse un cuatro estrellas y en Egipto, por un poco menos se va a uno de cinco, pues que no hay ni que mencionar los lugares de tres estrellas.

    También hay un error equivalente cuando se muestran opciones “de lujo” en que se muestran, a veces sin mayor investigación, los lugares más caros dentro de un destino barato. Cuando el lugar de destino es de muy bajo poder adquisitivo los sitios elegantes, que uno puede permitirse, no se seleccionan sino que se muestran por orden de precio. Y las mismas descripciones no dan apenas detalles del lugar, sólo que es caro o más caro que el otro.

  • Los mapas
  • Los mapas que muestran las guías suelen ser pésimos.

  • Cada sitio tiene su encanto
  • Quizás el peor defecto de todos es el que indica Miguel en los comentarios: cuando todo se pinta de color de rosa pero no se entra en valoraciones, en dar preferencias. España está llena de ciudades interesantes pero si sólo tienes un día, entonces visita Madrid. Y si vas a ver dos ciudades, Madrid y Barcelona. Y para tres incluye Sevilla. Pero no, las guías dan un montón de atractivos de cada ciudad y te toca a ti decidir qué es lo que te conviene. Y constantemente hay que seleccionar y descartar lugares por falta de tiempo.

    En eso las guías de Lonely Planet han avanzado un poco pues sugieren visitas para itinerarios de dos o tres días. Pero aunque se atreven a sugerir lugares donde comer y dormir no he visto ni una sola guía que valore los atractivos de las atracciones, que se atreva a dar un 8 a la Sagrada Familia y un 7,5 al Parque Güell. Los dos son excelentes, tu verás el que ves.

  • La recomendación de restaurantes
  • Un problema común que encuentro es que las sugerencias de sitios donde comer o tomar una copa no siempre tienen lógica con la vida normal de un turista, de agenda especialmente apretada. Cientos de veces uno visita un museo, un parque o una iglesia y sale de allí a la hora de la comida. Luego mira los posibles sitios donde ir a comer que te dice la guía y no hay ninguno cerca. Al final uno acaba escogiendo al azar y sólo usa las recomendaciones de dónde comer en lugares muy pequeños o cuando se quiere dar uno un capricho y planifica la visita al restaurante como una excursión más.

    Este problema tampoco está resuelto con las páginas de Internet que te dan listados extensos de restaurantes próximos pero sin valorar o sin descartar. Te toca leer opiniones como un loco e intentar decidir.

Seguro que vosotros tenéis algo más de que quejaros. Podéis hacerlo en los comentarios.

La dirección única

Durante mucho tiempo se pensó que cada persona que utilizase internet tendría una cuenta de correo. Esto en cierto modo se ha cumplido pues la forma de identificarse en las páginas suele ser aportando una dirección de correo electrónico.

También se pensó que la dirección sería una especie de identidad personal y por lo tanto única. Se establecieron luchas por conseguir la mayor cuota de mercado posible con la esperanza de que esos usuarios serían valiosos y estarían en cierto modo atrapados en el gestor de correo.

Pero esto no ha sucedido. Por mucho que se diga, lo habitual en Internet no es tener una cuenta de correo sino varias. Y no hablo, como casi siempre, de los usuarios super-avanzados sino de los más comunes. Cierto es que a esta excepción se sustraen los jubilados. Pero ni siquiera todos ellos.

Partamos de que se tiene una dirección de correo que es la original. Un día viste el portal “ole.com” y pensaste que la dirección carlos66@ole.com era la perfecta. No voy a mencionar casos frecuentes de personas que deciden ser ingeniosas con la dirección y se acaban dando cuenta de que direcciones del tipo amante_latino@ole.com no son las más acertadas para el día a día y acaban cambiándolas.

Además de la dirección original pronto nos damos cuenta de que como para registrase en cualquier página nos piden una dirección de correo, y muchas aprovechan para enviar spam, lo más acertado es tener una cuenta de correo específica sólo para los registros en páginas. Ahí aparece la segunda cuenta de correo que me parece casi imprescindible. carlos66spam@hotmail.com

Luego llegan los servicios avanzados. Te guste o no recurrir a él, Messenger es una de las aplicaciones más empleadas del mundo y la tercera herramienta de comunicación más empleada (por detrás del teléfono y el correo electrónico). Aunque es posible emplear una cuenta de correo que no sea “del messenger” la mayoría de la gente no se da cuenta de la forma y acaba recurriendo a una tercera dirección de correo: la del messenger. Ahora tenemos a carlos66_66@hotmail.com. Y van tres.

Tres direcciones de correo y la cuarta llega por numerosas vías. Es cierto que no todas pueden cumplirse pero desde luego que las circunstancias son comunes:

  • Necesitas una cuenta de Yahoo. Esto sucede si quieres registrarte en alguno de sus servicios, y muchos son muy valiosos como Yahoo Finance. También el “messenger de Yahoo” tiene una importante cuota de mercado y de nuevo muchas personas recurren a tener una cuenta de correo de Yahoo para emplearlo (sin ser imprescindible).
  • La cuenta de correo de la Universidad. Hay Universidades que te ofrecen todavía hoy una cuenta de correo y emplean el sistema como forma de registro para acceder a servicios de la misma (consultar notas y poco más).
  • Te compraste un dominio web por hacer la gracia o te lo regalaron en alguna promoción de estas que hacen. Tienes una dirección del tipo yo@carlos66.es

La quinta cuenta de correo llega con el trabajo. Entras a trabajar en una empresa donde hay férreos controles en los accesos a Internet. Pero donde el correo corporativo te permite seguir recibiendo la dosis imprescindible de PowerPoints enviados por cuñadas para mantenerte con vida. Con alegría les das tu nueva dirección del trabajo a tus contactos y a menudo comienzas a emplearla como cuenta de correo principal. Aún cuando no existan esos controles mucha gente suele emplear la cuenta de correo del trabajo para sus historias personales (algunas muy oscuras) sin ningún tipo de pudor. La cuenta de correo del trabajo también en sagrada para los cada vez más comunes usuarios que trabajan con BlackBerry u otros sistemas de correo para teléfono móvil.

Puede que la sexta cuenta de correo llegue de la mano de Gmail. De repente te das cuenta de que tu sistema de correo electrónico múltiple es más complicado que obtener la tarjeta de residencia en Corea del Norte. Tienes cuentas de correo para aburrir y la mayoría de las cadenas de mensajes están perdiéndose en ti. Muchos niños enfermos de cáncer están quedándose sin su cura porque no reenvías los mensajes que recibes en cuentas que ya ni tú mismo recuerdas.

Remotamente te suena que con Gmail puedes conseguir que te reenvíen un montón de correos electrónicos a esa misma cuenta. No funciona con todas las cuentas pero sí con muchas. También puede que uses gmail porque has oído que es más moderno que otros o incluso porque te guste el sistema que emplean para organizar la información. También puede ser que uses gmail porque hayas leído en alguna parte que muchas empresas no contratan a personas que escriben desde cuentas de hotmail (nunca quieras trabajar en una empresa que use criterios de selección tan profundos).

La sexta cuenta de correo puede llegar porque cambies de trabajo y vuelvas a emplear la cuenta profesional para tus asuntos personales. O incluso para el trabajo. No es del todo raro tener seis cuentas de correo.

Hay casos donde se pueden abordar numerosas cuentas de correo adicionales, ya para usuarios más avanzados. Si por ejemplo tienes un dominio de Internet (algo ridículamente barato) lo lógico es que tengas una cuenta de correo de dicho dominio. Personalmente empleo una cuenta de correo así sólo para mis chanchullos con el blog. También puede pasar que tengas algo que quieras hacer pasar por un negocio virtual confiable. En tal caso es importante dar una dirección de correo con el mismo dominio que el negocio. Si eres el dueño de setas-en-tu-casa.com queda raro indicar como correo de contacto carlos66-66@hotmail.com. Lo suyo sería algo como info@setas-en-tu-casa.com.

Personalmente me gustan sobre todo las personas que tocan diversos tipos de fraude y a lo mejor en una página de créditos personales se anuncian con una cuenta de correo de un dominio que habla de quiromancia o de multipropiedades en Panamá.

Finalmente uno puede necesitar una cuenta de correo para historias donde se quiera ser anónimo. Hoy en día ser anónimo en Internet se vende como un delito por las mismas personas que dicen estar dispuestos a matar por mantener el mayor control posible sobre su privacidad. Si uno quiere usar un nombre supuesto para ciertas cosas, podría tener que llegar a otra cuenta de correo más.

En resumen, que vivir con una única dirección de correo es casi imposible. Y aunque me rebatiréis, creo que tener cinco o seis es de lo más normal del mundo.

Lecturas interesantes, de Facebook a cómo hacer deporte

Algunas lecturas interesantes:

  • Cómo se fundó Facebook. La historia es bastante sórdida pues demuestra muy malas artes por parte del ahora aclamado Mark Zuckerberg. Básicamente acordó con otra gente hacer una aplicación parecida y al final hizo Facebook mientras a los otros los tenía parados y engañados diciendo que estaba muy liado y no le estaba dando tiempo a avanzar. Fue como si Pepsi le hubiera encargado a Coca-cola que fabricara su producto. Sólo que Pepsi no sabía que Coca-cola estaba a punto de sacar un refresco similar.
  • Una extensa entrevista a Javier Marias donde habla de todo un poco, un extracto:

    -¿Usted sigue sin email ni móvil?
    -Sí. Me niego a utilizar móvil, tengo uno solamente para los viajes, pero el número lo tienen mis hermanos y tres personas más. Me parece una forma de esclavismo: estar localizable permanentemente, que no haya ratos de silencio, en los que nadie sepa dónde está uno, caminando por la calle, mirando las musarañas, en el cine. No ser localizable me parece normal, una manera de descansar. La prueba de que el móvil es una herramienta de esclavización es que son las empresas los que se los ponen a sus trabajadores.

  • Matamoras, en Pennsylvania, Estados Unidos. La pesadilla de un pueblo planificado donde todas las calles tienen como nombre letras o números, salvo por la Delaware Drive y la Pennsylvania Avenue. Ver en Google Maps donde parece que hay más calles con nombre que esas dos.

    Demasiada planificación y tecnificación no lleva necesariamente al progreso. Vivir en la esquina de la avenida L con la calle 9 es demasiado abstracto para la mente humana. El artículo anterior detalla la brillantez con la que sin embargo se planificó la estructura de las calles de Nueva York (otra ciudad planificada pero bien).

  • Google Buzz, algo de lo que todo el mundo ya habló y ya nadie habla, plantea que la privacidad está dejando de ser una opción en Internet. Si en Internet tratas de mantener tus elecciones, tu nombre y tus datos de incógnito empieza a verse como algo raro y se está tratando de vender que es casi negativo.

    Las empresas no quieren privacidad porque esas páginas no pueden tener publicidad y ellas viven de eso. Pero lo triste es ver como en más y más sitios los gurús comulgan con eso y tratan de avisar: si no me das tu nombre y apellidos no eres de fiar.

  • Cómo hacer deporte. La forma en que lo entiende Nassim Nicholas Taleb. Una lectura muy buena y reveladora, ¿Tiene sentido hacer deporte de la forma planificada en que lo hacemos hoy en día?

    Es curioso que lo que él dice es lo mismo que defendía el “pirado” de Rüdiger Nehberg hace ya casi 30 años.

Colesterol bueno y colesterol no tan malo

Consideremos un bistec de solomillo con una capa de grasa de medio centímetro. Después de asarlo a la parrilla, esta carne se reducirá a partes casi iguales de grasas y proteínas.
El 51% de la grasa es grasa monoinsaturada, de la cual el 90% es ácido oleico.
Las grasas saturadas, constituyen el 45% de la grasa total, pero un tercio de estas son ácido esteárico, que incrementa el colesterol HDL (bueno), mientras que no tiene efecto sobre el LDL (malo). (El ácido esteárico se metaboliza en el cuerpo en ácido oleico, de acuerdo a la investigación de Grundy). El restante 4% es de grasas poliinsaturadas, que reducen el colesterol LDL (malo), pero no tienen efecto significativo en el HDL(bueno).

En suma, quizá tanto como un 70% del contenido de materia grasa de un filete mejorará los niveles relativos de colesterol LDL(malo) y HDL(bueno), en comparación con lo que se conseguiría si se consume hidratos de carbono como el pan, las patatas o las pastas. El restante 30% eleva el colesterol LDL(malo), pero también aumenta el colesterol HDL(bueno) y tendrá un efecto insignificante, si es que lo tiene, en la proporción de colesterol total y HDL(bueno). Todo esto sugiere que comiendo un filete en lugar de pan o patatas se reduciría el riesgo de enfermedades cardíacas, aunque prácticamente ninguna autoridad nutricional lo dicen públicamente. Lo mismo es cierto para la manteca de cerdo y el tocino.

La cita es del libro de Gary Taubes Good Calories, Bad Calories. Las críticas negativas al libro suelen decir que es demasiado científico.

Héroe sin medalla

En el siglo XXI para ser un héroe lo único necesario es que te mueras. Me resultan tristes las medallas a personas que simplemente tuvieron la mala suerte de estar en Haiti en el momento del terremoto. Es un gesto, pero desvirtúa el valor de las acciones que consiguen ese galardón con verdadera valentía y esfuerzo.

Esas medallas me temo que van por convenio, y es triste que en el convenio colectivo de tu sector se rijan los criterios para obtener medallas. O tal vez sea justo hacerlo así pero pierde todo atisbo de romanticismo del héroe clásico.

El mal sabor de boca se me quitó al conocer la historia de un héroe de verdad: Aron Ralston.

Ya el nombre es bueno: Aaron es uno de mis nombres favoritos porque es en sí mismo una lucha alfabética por ser el primero.

Aron era un campista que se fue a la parte del Gran Cañón de Utah y en esas estaba cuando se encontró con un desprendimiento de rocas que acabó con su mano atrapada bajo un pedrusco de casi 400 kilos.

Sin opciones de pedir ayuda, se encontraba en un paraje lo suficientemente remoto como para que no pasara nadie por allí en cinco días.

Al borde de la deshidratación y enfilando la muerte, Aron hizo lo que cualquiera de nosotros habría hecho en su lugar: se fracturó los huesos del brazo, y a continuación se amputó la mano atrapada con una de esas diabólicamente ineficaces navajas multiusos que todo lo hacen mal, especialmente cortar. Y así, con su mano de menos, casi muerto de sed – del hambre no se habla cuando la sed también está ahí – se arrastró hasta su coche, que pudo conducir hasta un lugar civilizado donde consiguió encontrar ayuda y sobrevivir.

Cierto que no era español, y que no murió, pero pensar que ese hombre no tiene medalla y tantos otros sí, es algo que no ayuda a dormir mejor. La historia de Aron Ralston está narrada en un libro escrito por él, aunque creo que el resumen que he hecho es motivo suficiente como para que no queráis comprarlo.

En la amputación, sentí cada uno de los cortes. Duele cuando te fracturas el hueso, y desde luego duele cuando te cortas el nervio. Pero cortar tejido muscular no es tan terrible.

También es curiosa su opinión sobre la navaja multiusos. Lejos de las legendarias de la Armada Suiza, de la suya dijo: “era una de esas que te regalan cuando compras una linterna de 12€”. Imaginaos la calidad del aparato.

La verdad es que el libro, pensándolo bien, tiene que ser una lectura demencial – y recomendable. Pues se centrará en la narración de un hombre que intenta durante cinco días destruir una piedra que le tiene atrapado. El incidente de cortarse la mano es casi anecdótico y justificado por Aron con aquello de que la mano ya estaba muerta.

En cualquier caso la película sobre su incidente ya se está rodando y se llamará “127 horas”.

Fuente: Wikipedia.