Definición de hoygan

hoygan
No hay una definición clara para hoygan. Podría decirse que es un usuario de internet, con escasos conocimientos de ortografía y gramática, tendencia al uso de mayúsculas y discurso narrativo un tanto onírico.

Pocas palabras más atinadas para definir este vago concepto que la elegida de ‘hoygan’, pues incluye la misma esencia del término:
dolorosa falta de ortografía y error de concordancia, falso amigo, adelanto de una petición y desconocimiento del foro al que va dirigido el mensaje.

Tras este intento de definir a tan complejo concepto, me gustaría entrar en la definición de la persona hoygan. En primer lugar, definamos cómo es esa persona fuera de su forma de escribir en Internet. Me lo imagino como un hombre entre 30 y 50 años. No tiene estudios medios. Algunas prendas de vestir que usa: chaqueta plumón, chandal con colores brillantes, previos a la irrupción de Decathlon, riñoneras y descoloridas camisetas de publicidad. No renuncia a las tecnologías antiguas, en tanto en cuanto los aparatos sigan funcionando. Usa a veces walkmans y diskmans y discos usb de 256MB regalados en cualquier promoción. Es una persona pragmática, usando gafas de sol graduadas de tipo flip up. Tiene algo de sobrepeso y mucho pelo en la espalda.

Salgamos ahora de la pura especulación para entrar en terreno firme. Estos son los puntos que definen a un hoygan.

Uso de mayúsculas. Los textos que escriben los hoygan tienen tendencia al abuso de mayúsculas, normalmente todo el texto está así. En un internet dominado por la publicidad, el usuario tiene la sensación de que su comentario o mensaje será insignificante ante la abundancia de títulos, imágenes y otros elementos destacados. El hoygan, antes de empezar a escribir su mensaje se para uno o dos segundos. Mira el cuadro en blanco y piensa «voy a darle a bloqueo de mayúsculas para que se va bien el mensaje, pues el mío, es importante».

No obstante la prevalencia de las mayúsculas, hay veces que el hoygan decide usar las minúsculas. Es entonces cuando aparecen textos barrocos, con palabras donde un porcentaje de las letras están en mayúsculas y otro en minúsculas. Me atrevería a decir que el motivo por el que hace algo así es porque no distingue entre el botón de bloqueo de mayúsculas y el de mayúscula normal. Llega un momento en que nota la extraña capitalización, pero en lugar de corregirlo, se limita a continuar escribiendo todo en mayúsculas.

El concepto de hoygan engloba una petición. Podemos escribir en Internet para opinar sobre un tema, pero el hoygan en si mismo lo hace, casi siempre, con la intención de solicitar algún tipo de ayuda. Al tratarse de una persona con la autoestima muy alta, entiende que su problema es bastante más importante que el de los demás y espera atención prioritaria, directa y, a ser posible, inmediata.

El hoygan tiene una forma de trabajo bastante metódica. Realiza una búsqueda en internet, nunca empleando menos de 4 palabras, normalmente mediante una frase completa. De los resultados que le ofrece el buscador – que casi nunca es Google porque tiene el ordenador infectado de spyware que cambia tu herramienta de búsqueda por defecto, entre mil otras diabluras – elige el primero, y trata de localizar un cuadro de texto seguido de un botón. Si la pregunta trata sobre un personaje famoso, el hoygan asume que ese famoso estará leyendo su mensaje. Sólo en esos casos puede tratarse de un texto que no implique una petición implícita, llegándose al caso de escribir un simple mensaje de agradecimiento, sin pedir nada a cambio.

Pero lo normal es que sea un mensaje de petición que, sin embargo, casi siempre aborda algún tipo de ilegalidad o actitud deshonesta. El hoygan quiere saber cómo conseguir cosas gratis, saltarse protecciones de productos, conseguir más por menos. A veces pregunta por personas desaparecidas de su vida – algún motivo tendrían para ello. En la misma descripción de su petición el hoygan se cataloga como persona zafia y trapera; ave de rapiña capaz de vender a su madre por un mechero con publicidad. A menudo su problema ha sido causado por un intento de engaño a otros, que en todo momento negará.

A la hora de formular su pregunta, el hoygan incluye todo tipo de detalles accesorios, innecesarios y a veces directamente bizarros. No es extraño que presente su petición con una introducción en que da importantes nociones de su biografía. Sin necesidad de ocultarse bajo seudónimos, suele mencionar sus nombres y apellidos completos.

El hoygan se salta la etiqueta de cualquier foro o formulario de consultas. En lugar de esperar una respuesta por el mismo medio, suele dar datos de contacto privados, como su número de teléfono o dirección de correo. A pesar de que resulta muy improbable que alguien le responda por ese medio, casi con total seguridad escribirá su dirección de correo mal, con alguna letra cambiada (a veces es tan obvio como ser del tipo @HOSMAIL.COM), con lo que resulta totalmente imposible que reciba su respuesta.

Lo más triste es ver cómo en muchos casos la gente responde a sus complejas peticiones, usando el mismo foro donde él preguntaba, y ver cómo el hoygan jamás volvió allí para leer la considerada respuesta. Leer esos mensajes de ayuda que predican en el desierto suele causar más pena que un documental sobre campos de exterminio nazi.

Al margen del «hoygan de libro» existen actitudes que podríamos calificar de hoygan. En toda empresa siempre hay una o varias personas que suelen gestionar pobremente los botones de «responder» y «responder a todos», creando malentendidos o situaciones directamente bélicas. Este tipo de hoygan empresarial suele anunciar que envía un correo con archivos adjuntos, recreándose en la descripción de dichos archivos, para luego, no enviarlos. No es infrecuente que al ser advertidos de su error, vuelvan a cometer el mismo despiste en su sucesiva respuesta.

Otra actitud hoygan es la de aquellos que entran al trapo de una pequeña broma con salidas de tono super violentas, rozando la amenaza de agresión física. Esta entronca con la innata personalidad del hoygan; Tras su educada petición de ayuda siempre se suele esconder una persona problemática, marginada y despreciable.

Lambrusco

Una forma de galantería precocinada es la idea de que cenar en un restaurante italiano es algo romántico. Y como todo lo que tiene que ver con el amor, los hombres suelen tener la idea de convertir un gesto del corazón en una posterior transacción de los bajos instintos. Así, surge el plan perfecto, carente de toda sutileza a poco que se rasque en la superficie. Consiste en invitar a la novia o al ligue a un restaurante italiano y, con el conjuro del alcohol, culminar en casa en una proeza digna del olvido. Si se realiza en un sábado, sirve para justificar el refranero español.

La pieza que falta en este puzzle de Casanova es un vino italiano. Aunque en España tenemos muy claro que disfrutamos de los mejores vinos, sin necesidad de dejar opinar siquiera a los franceses, muchos desconocen que los vinos italianos merecen un lugar de excepción. Algunos de sus vinos son de una singularidad única. De entre todas las regiones vinícolas italianas, una de las más burdas es la de Lambrusco, sobre todo si tenemos en cuenta que el vino que se exporta a muchos países, entre ellos España, es el de la peor calidad de entre casi todos los que se fabrican. Es un vino para tomar frío, que entra fácil y que emborracha de una forma alegre, desenfadada.

Ahora bien, es bueno que sepas, y esto puede servirte tanto para amargarte una de esas supuestamente cenas románticas, como para aportar un barniz cultural que siempre tiene algo de atractivo, que el sobreprecio al que se venden estas botellas es delirante.

No te digo que ocurra como con todos los vinos del mundo, que en el supermercado valen una cantidad y en un restaurante ese precio se puede ver multiplicado fácilmente hasta por ocho. Lo que te estoy hablando en primer lugar es que estos vinos se suelen vender con uno de los múltiplos de beneficio más exagerados posibles. Mercadona vende una botella de Lambrusco, que no es peor que la del restaurante italiano, a 1.5 euros. Y llegamos al punto crucial. No importa que el restaurante lo venda a 20 euros, a 15 o a 10. Lo que quiero es que entiendas ese euro y medio cómo está repartido.

Lo más caro de toda la botella de Lambrusco es el tapón. Al final es un tipo de corcho resistente a varias atmósferas. No existen opciones baratuzas. Sólo ese tapón de corcho vale cerca de un euro, cincuenta céntimos si se realiza una tirada de millones de botellas. Lo siguiente más caro es la etiqueta del vino. Los dos trozos de papel, el de delante y detrás, donde se cuentan las virtudes embriagadoras del bebedizo. Lo tercero es el cuello de la botella, la parte superior, que de nuevo es de un vidrio reforzado, al tratarse de un vino a presión. Fuera del podio, no está claro si lo más costoso sería el resto de la botella de cristal o la cápsula de plástico que hay en torno al cuello de la botella. Sólo al final, sin lugar a dudas, llega el vino, cuyo precio está entre los 5 y los 20 céntimos de euro. Hay que entender que este vino es, es decir, el líquido, no la botella o la presentación, el más barato que se vende en el mercado, muy por debajo del vino de cartón de marcas blancas.

Más información: Foro de especialistas.
Fuente: Tradición oral.

De Borbón y Borbón

Los reyes, por lo general, no suelen tener apellidos. El rey de España nació con el nombre de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Su padre se llamaba Juan de Borbón y Battenberg – nunca llegó a ser rey – pero ya su abuelo no era más que Alfonso XIII de Borbón, con un solo apellido. El bisabuelo de nuestro rey actual se llamaba Alfonso XII de Borbón.

La reina de España se llamaba al nacer Sofía de Grecia y Dinamarca. Su padre, rey de Grecia, se llamaba Pablo I de Grecia.

El primogénito de los reyes de España se llama Felipe de Borbón y Grecia. Cuando sea rey – si es que esto ocurre – pasará a llamarse Felipe VI. El nombre de Felipe le viene por el de Felipe V, primer rey Borbón de España.

Un hecho trivial es que si los reyes hubieran aplicado la herencia de apellidos de acuerdo al criterio alfabético, tal y como se está discutiendo mucho hoy en día por una modificación en una ley de reciente publicación, nuestro rey tendría los apellidos de «de Austria y de Austria». Y curiosamente no haría falta remontarse a la época de la dinastía de los Austrias, la predecesora de los Borbones. Retrocediendo tan solo cuatro generaciones tenemos al Archiduque Carlos Fernando de Austria (que habría dejado su apellido a Alfonso XIII y de ahí al rey actual) y por otra rama del árbol genealógico a la Archiduquesa María Teresa de Austria. Estas ramas están ubicadas de tal forma que habrían dejado a nuestro rey, de tener que trasmitirse el primer apellido por orden alfabético, como Juan Carlos de Austria y de Austria.

Es decir, que ni la endogámica y elitista estirpe de los Borbones sería capaz de persistir a la furia alfabética de los Austrias, que paradójicamente les precedieron en la monarquía española.

Fuente: Wikipedia

El crimen perfecto en el siglo XXI

La imagen casi romántica del crimen perfecto ha ido cambiando mucho a lo largo de la historia. El concepto de crimen perfecto tiene implícita la idea de que es casi imposible realizar un delito sin dejar algún tipo de rastro, de pista que delate al delincuente.

Desde los tiempos ficticios de Sherlock Holmes, el uso de la ciencia en los métodos de detección policiales ha servido para que las posibilidades de salir de un lugar del crimen sin dejar nada atrás sean mínimas.

Muchas de las pruebas suelen ser biológicas: ADN, huellas dactilares, restos de sangre, semen, cabellos o pólvora. Pero a los criminales de hoy en día parece que se les olvida por completo las tecnológicas, que normalmente tienen un peso específico muy superior.

Esto se debe, en mi opinión, a que en gran parte están inspirados por la literatura y el cine. Pero no son conscientes de que estos medios, como ya he indicado en alguna ocasión, se sienten incómodos tratando los tiempos actuales. Algo de bueno tiene que no se sepa escribir sobre la verdadera tecnología que permite detener a más delincuentes.

El caso del asesinato presuntamente perpetrado por María Ángeles Molina Fernández, que pronto será juzgado, es uno de los ejemplos más claros que existe.

La periodista realizó un excelente trabajo narrativo y afirmó que el suyo fue «uno de los asesinatos más meticulosamente planificados jamás». Sin embargo, no deja de ser una narración al estilo antiguo, de novela más en blanco y negro que negra. Las semejanzas de su historia nos remiten incluso a Borges y a su relato Emma Zunz.

Si quieres entender el resto del texto tendrás que leer previamente la narración de cómo fue el asesinato y la posterior investigación. No voy a copiar ni a resumir un texto tan logrado.

María Ángeles hizo un trabajo extraordinario en el ámbito de lo biológico. Ni una huella dactilar, coartada, la genialidad del semen de dos extraños. Todo muy bien hecho…para el siglo XX.

De salida se puso en el punto de mira con las llamadas por teléfono. Si matan a una persona un determinado día, cualquiera que le hubiera llamado en los días previos se convierte en un importante sospechoso. Se le rastrean las llamadas previas y los lugares desde donde se realizaron (algo que muchos no parecen darse cuenta que se registra también, mostrado constantemente como prueba en los juicios que nos ofrecen los medios de comunicación). Sólo con haber realizado una llamada telefónica a la víctima ya se corren grandes riesgos. En eso María Ángeles fue una pardilla.

Errores con las llamadas telefónicas también sirvieron para inculpar a los asesinos del director del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona, Félix Martínez Touriño, en este caso fue un empleado suyo que sabía que pronto sería despedido.

Otro error de bulto es el de las cámaras de vídeo. Son omnipresentes y se nos olvida que esas imágenes pueden servir para todo tipo de detecciones y posteriormente como pruebas inculpatorias. Tras la llamada, María Ángeles se convirtió en sujeto de investigación. Con las imágenes en vídeo, en la principal sospechosa.

No son estos los únicos métodos que sirven para, con trivialidad, descubrir crímenes. Búsquedas en Google o simple tráfico por determinadas páginas en las vísperas de un delito. Las cámaras de televisión que están constantemente monitorizando matrículas, lo que permite ubicar cualquier coche con una determinada ruta. No es sólo cuestión de huellas dactilares.

Me imagino que estos errores tecnológicos serán tan frecuentes, que pueden servir incluso como coartada. Si desde tu móvil se realizó una llamada en el momento del crimen, y esta llamada te sitúa a muchos kilómetros de distancia del lugar de los hechos, serás inmediatamente exculpado y liberado de cualquier sospecha.

Una forma muy ingeniosa de inculpar a otro sería la de cambiarle el teléfono a este cabeza de turco por otro del mismo modelo pero que parezca averiado. Mientras trata de solucionar el problema con la compañía telefónica, el delincuente puede realizar llamadas inculpatorias y si luego fuera capaz de devolver ese teléfono, la jugada resultaría perfecta.

Qué duda cabe que esto resulta mucho menos romántico que los anticuados crímenes perfectos. Pero es como está el mundo ahora. Así que si quieres escribir sobre estos delitos, pon primero a la electrónica y después a la biología. Y que lo más parecido a un crimen perfecto ha de situar al delincuente incluso fuera del círculo de los sospechosos.

Bio

Hace algún tiempo se promulgó una ley en España que prohibía que los alimentos se promocionasen mediante el término «Bio» si no eran originarios – y probablemente al 100% – de cultivos de agricultura biológica.

La medida en sí misma no estaba mal de cara a los consumidores. Para algunas marcas sin embargo supuso un problema porque habían incluido el Bio en el propio nombre de su producto.

El caso más flagrante es el de los yogures de Danone de marca Bio. La misma marca del producto tenía el término prohibido. Danone tuvo que cambiarle el nombre al producto, con el consiguiente perjuicio de cara a los clientes consolidados y la necesaria campaña publicitaria para informar del cambio de nombre. De «Bio» pasaron a llamarlo «Activia».

Mientras tanto otras empresas cortaban por lo sano y decidían que el bio bien podía convertirse en bi. Este es el caso de Biomanan – famosa por sus productos para dieta. Sin gastarse un duro en marketing de nombres, en campañas de información, pasaron a llamarse Bimanan y aquí no ha pasado nada.

En la misma línea la empresa Biocentury, que tiene un nombre que me evoca un pensamiento del tipo «es tan sano que vas a vivir por lo menos cien años», pasó a Bicentury, que es un absurdo bicentenario y queda totalmente descentrado de su afán de vender también productos para adelgazar.

La historia de traca es la de Pascual, empresa famosa por sus infrecuente enfoque de las campañas de publicidad, compensados con el buen hacer en el resto de áreas de negocio.

Pascual lanzó al mercado un producto, Biofrutas, de gran éxito de ventas, que combinaba en una bebida leche con zumos de frutas. Ante la prohibición decidieron cambiar el nombre del producto y el nuevo nombre no fue otro que Funciona.

Funciona Pascual aspira a seguir manteniendo el liderazgo de las bebidas funcionales con base de leche, con más de un 80% de cuota de mercado. […] La nueva marca «Funciona» identifica los valores perseguidos por Grupo Leche Pascual: calidad, seguridad y confianza, permitiendo avalar un producto natural con un valor añadido para la salud. Estamos ante el producto de siempre pero modernizado, más dinámico, fresco y juvenil.

Sin embargo algo debió ir mal. Porque cuatro años y un mes después de este cambio, Pascual decidió volver a cambiarle el nombre al producto. Probablemente la causa fuera que a pesar del cambio de nomenclatura, la gente seguía llamándolo Biofrutas. O muy probablemente perdieron ventas de otras marcas más ratoneras pero que habían mantenido el término «frutas» en su nombre. Así, un despistado consumidor, que buscara Biofrutas y se encontrase con dos productos, Funciona y Ratafrutas, es posible que identificara como más similar al segundo que al primero. Perdieron un volumen de cuota de mercado enorme, pasando del 80% a tan solo el 50%.

El caso es que como justificación a la pérdida de ventas Pascual dio por bueno el argumento que culpaba al cambio de nombre y reculó de una forma increíble cambiando el nombre del producto a Bifrutas. Es decir, que pasaron de Biofrutas a Funciona y de Funciona a Bifrutas. O sea, lo mismo que hicieron todas las empresas más modestas, pero tardando años y perdiendo ventas por el camino.

Pero lo divertido es comparar las dos notas de prensa de Pascual, prácticamente idénticas, donde se demuestra que el cambio de nombre es lógico y consecuente con su idea de producto.

Para ello, el nuevo posicionamiento de Bifrutas de Pascual «se basa en un equilibrio entre los motivos para su consumo de salud, nutrición y sabor refrescante. De esta manera», continúa Terol, «respondemos a las demandas de nuestros dos principales grupos de consumidores: las madres, en su papel de compradoras preocupadas por la salud y nutrición de sus hijos, y los adolescentes, como principales consumidores, que dan más importancia al sabor y a su condición de bebida refrescante». Para conseguirlo, según la experta de Marketing, «relanzamos la marca con nuevo nombre y diseño, reactivando de nuevo la tradicional palanca de la innovación en Leche Pascual».

Jovenes artistas

I

Una noticia curiosa de Estados Unidos: Una cadena de ropa organiza un concurso de redacción para niños. El premio eran cuatro entradas, con alojamiento y vuelo incluido, a un concierto de ‘Hannah Montana’, uno de los grupos de más éxito del momento en el país y para el que todos sus conciertos programados están agotados desde hace semanas.
La vencedora fue una pequeña de seis años, original de Garland, en Dallas. La chica comenzó su conmovedor relato con la frase «Mi padre murió este año en Irak». Su redacción fue la elegida ganadora y la chica tuvo su momento de gloria en prensa y televisión. Sin embargo para el primer periodista que trató de documentar mínimamente su historia, no fue difícil constatar que el padre de la chica no había muerto en Irak.
Pronto se destapó que todo había sido mentira. Y el relato lo había escrito la madre. La familia se quedó sin las entradas para el concierto y sufrió el escarnio público.

II

Los concursos infantiles carecen de sentido. Los ganadores son casi siempre personas mayores que firman en nombre de niños. Y vencen adultos no porque sean genios de la literatura, la música o la pintura, sino porque tienen un estilo flojo según los estándares generales pero un estilo muy original suponiendo que el autor es un niño. Los vencedores de concursos infantiles dan la impresión de una obra en pañales, un talento al que le falta poco para brillar. Los miembros del jurado desconocen que ese talento no da para más y proviene de padres, tíos y amigos de los niños que se limitan a poner el nombre del jovencito.
Lo que digo lo sé de primera mano. Estando en el colegio gané algunos concursos de dibujo de pequeño, concursos en los que participaban decenas de miles de pinturas. Mis dibujos eran los que se llevaban el premio y el dinero en metálico.
Lo dramático del asunto es que dibujo rematadamente mal. Soy sucio con los lápices en la mano, los trazos suelen estar torcidos, las cosas que dibujo no se parecen en nada al original. En el juego Pictionary nunca he conseguido que me adivinen nada. Me desagrada dibujar.
El primer concurso transcurrió del siguiente modo: se convocaba un premio entre todos los colegios de la provincia. Tenías que dibujar algo relacionado con la Semana Santa. Nuestro profesor de la asignatura nos dio un par de días para que cada uno tratara de participar pintando lo que le pareciera. Como ayuda mostró unos cuantos dibujos que él había hecho, que podían servir de ejemplo.
Cada cual se aplicó en desarrollar su idea. Yo mareé la perdiz durante las horas y terminé mi horrorosa reproducción de alguno de sus dibujos. El profesor seleccionó los mejores, tomó nota de los nombres de los chicos y los guardó en el sobre para enviarlos.
Cosa de un mes después el jurado se había pronunciado: de entre todos los dibujos enviados por miles de niños, el mío era el mejor. Lo absurdo es que ni siquiera había enviado un dibujo. Le pregunté al profesor de la asignatura que me explicó que él había enviado los dibujos que puso de ejemplo, firmados con nombres de alumnos que eran buenos estudiantes. Tuve suerte porque de entre todos los dibujos que él envió, el que tenía mi nombre fue el ganador.
Habría una entrega de premios con autoridades y fotografía en los periódicos. No tuve más remedio que asistir a la exposición pública de los dibujos vencedores en una galería de arte en la ciudad. Ni siquiera sabía cómo era mi dibujo ganador.
Fui allí y reconocí perfectamente la obra de mi profesor. No era la única premiada: algunos premios menores también eran dibujos suyos, con nombres de otros alumnos de mi colegio. Con ojos alucinados tras vencer en un concurso en el que no había participado, notabas que todos los dibujos tenían el mismo tufillo: resoluciones de aficionado para ideas originales. Parecía que si esa persona tuviera una técnica un poco mejor podría llegar a algo. Todos los cuadros eran aparentemente sencillos pero con algo ingenioso, diferente.
No sería el único concurso que ganaría ese año. Tenía suerte hasta con el azar de la adjudicación de falsos autores. Volví a vencer en otra competición, tal vez más importante aún. Organizada por «El Corte Inglés». Todos los concursos en que participaba mi colegio estaban amañados. No importaba si era redacción, manualidades, pintura. Los alumnos preparaban su bodrio y los profesores enviaban los modelos creados «como ejemplo». Y casi nunca ganábamos. El colegio también sacaba su tajada: al ser premios para estudiantes, y tratando de fomentar la competición, casi todos los premios tenían una parte para el colegio, que a veces era incluso mayor que la que se llevaba el premiado. No habiendo trazado ni una línea de estos dibujos, no iba a protestar por eso.

III

No todos los concursos están amañados. Tengo un amigo que solía vencer en los concursos de literatura para niños y adolescentes. Él dice que es porque tenía un estilo que venía como anillo al dedo para el formato. La gente del jurado suele ser muy uniforme y quiere exactamente lo que él sabía escribir. Cuando por la edad tuvo que dejarlos para participar en concursos «para adultos» terminó su racha. Desde entonces no ha vuelto a ganar ningún otro concurso.
La historia de mis fraudulentos premios de dibujo es tan absurda que la gente a la que se la cuento no me cree. Pero os puedo asegurar que es verdad.

Informator

El Informator fue durante décadas la publicación de referencia en ajedrez. Creada en 1966 por Alexander Matanovic, nació con la idea de ofrecer al resto del mundo el tipo de información sobre ajedrez de que disponían los jugadores soviéticos.
Una revista de divulgación sobre ajedrez con un mercado enorme, the rest of the world. Hasta la actualidad han vendido más de 3 millones de ejemplares en todo el mundo, a lo largo de más de 150 países. Todo un récord para un deporte o juego tan minoritario como era el ajedrez y teniendo en cuenta que la revista siempre ha sido muy costosa (hoy en día cuesta unos 25 euros pero apenas si ha subido de precio en 40 años). Acaba de lanzar su ejemplar número 100.
El objetivo de presentar la información sobre ajedrez al público que no fuera ruso tenía un enorme problema: el idioma. Si bien Rusia era el mayor mercado mundial para productos ajedrecísticos, quien quisiera acercarse a otros mercados tendría que quedarse con una parte muy pequeña de un pastel ya menguado. La aproximación del equipo del Informator fue muy ingeniosa: publicarían un libro que fuera comprensible en todos los idiomas del mundo.
Hoy en día esto resulta trivial. Cualquier aficionado que publique una página web sabe que puede recibir visitas de todo el mundo por lo que no haría mal en atender las diferentes características regionales y culturales. Pero estamos hablando de 1966, antes de que el hombre llegara a la Luna. La idea de Matanovic tenía ciertas esperanzas dado que existía una nomenclatura homogénea para la forma de escribir las partidas de ajedrez.
El problema radicaba en las iniciales de las letras que representan las piezas. En español los movimientos de alfil comienzan con la letra A, mientras que en inglés es con la B y en alemán con la L. Para resolver este problema se optó por crear una tipografía propia, en lugar de escribir la letra que representa la figura, se dibujó la figura misma. Un alfil en pequeño se entiende aquí y en Pekín.
Un problema aún mayor lo representaban los comentarios. Una partida de ajedrez sin comentarios es como un partido de fútbol sin gritos ni cervezas. Además, el objetivo de la revista Informator no era tan solo mostrar partidas importantes, sino también servir como herramienta de estudio. Los jugadores enviarían sus partidas así como sus comentarios a las mismas, lo que las convertiría en aún más interesantes.
Ante el problema de los comentarios Matanovic optó por crear un sistema de signos universal. Casi cada opinión posible dentro de una partida de ajedrez podía ser expresada mediante dichos símbolos. Ni qué decir tiene que como todo lenguaje, unos lo dominaban mejor que otros. Yudasin por ejemplo era el Cervantes del lenguaje del Informator.

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En esta imagen, la quinta línea (que comienza con un triángulo y b4) significa:
La anterior jugada la hice con idea de continuar con el movimiento (peón) b4. Luego sería interesante hacer alfil a b2 y luego mover el peón a c5 con iniciativa en el ala de dama (el lado izquierdo del tablero). Antes de mi nueva idea se había jugado 12.f4 siguiendo las negras por ejemplo con a6 y la idea de capturar exf4 y luego jugar su caballo a c5. También se había jugado 12.Ae3 a lo que sigue a6 seguido de Ag5 con posibilidades para ambos bandos.
El sistema de comentarios es mucho más críptico y condensado, pierde la elegancia del lenguaje natural pero gana en versatilidad.

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En poco tiempo el Informator se convirtió en la publicación más importante de ajedrez y hasta ahora en que los ordenadores y el Emule dificultan su negocio, fue una compra imprescindible para todo fuerte aficionado al juego y una referencia obligatoria en las estanterías de los clubes de ajedrez.
La tirada era de dos ejemplares al año. Aunque se llamaba revista por la periodicidad, el volumen era gigantesco, con cerca de 500 páginas en un libro de buen tamaño. Incluso los profesionales no disponían de tiempo suficiente como para ver las más de 800 partidas con comentarios.
Al aumentar rápidamente su prestigio el simple hecho de conseguir que te publicaran una partida ahí era casi imposible aún para fuertes maestros. Para muchos jugadores el esfuerzo que perdían en comentar su partida lo mejor posible estaba compensando con el logro de lograr su publicación. Normalmente tenía que resultar una partida excelente o contener algún movimiento muy nuevo y trascendente, o una combinación brillante. Todos los campeones del mundo han mandado sus partidas al Informator y la mayoría de ellos las ha comentado personalmente.

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Pronto se convirtió en una especie de New Yorker del juego. A pesar de los comentarios de los Grandes Maestros que las jugaron, un equipo de expertos en la redacción de la revista los repasaba en busca de errores o mejoras a las jugadas sugeridas. Preferible era que descartaran tu partida a que la publicaran con algunas de las temidas RR (Nota de la redacción, eufemismo de coRRección).
En cualquier caso sabías que durante seis meses todos los fuertes jugadores del mundo iban a posar sus ojos en tus partidas, para bien o para mal, lo que fomentaba aún más el perfeccionamiento.
Todo un éxito para una revista que se publicaba en Belgrado, capital de la antigua Yugoslavia. Para quien no lo sepa, Yugoslavia fue durante algún tiempo la segunda mayor potencia ajedrecística, tras la URSS.
Un título prestigioso dentro de cada Informator era el premio a la mejor partida de la edición anterior de la revista. Este premio se realizaba escogiendo un jurado selecto formado por fuertes Grandes Maestros las mejores partidas del volumen anterior. Como en una elección de Eurovisión, cada uno repartía sus notas y al final, la mejor tenía el privilegio de ser publicada de nuevo, a toda página.

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Kasparov siempre estaba entre los ganadores a este título. No solo por la brillantez de sus combinaciones, sino porque conseguía sus victorias ante rivales de enorme fuerza que se defendían extraordinariamente.
Hoy en día el empleo de los ordenadores ha restado mucho interés al Informator. Los comentarios, en su desesperado afán perfeccionador, son demasiado complejos, repletos de extensas variantes sugeridas por las máquinas.
El sistema de comentarios de la revista se acabó convirtiendo en un estándar de facto sobre cómo comentar las partidas de ajedrez.
También Informator ideó un sistema de aperturas codificado. El nombre de la apertura suele tener un valor anecdótico y también cambia según el país del que se trate. Pero al final la agrupación por aperturas es una buena forma de organizar las partidas bajo algún criterio.
Así el equipo de Matanovic había planteado un sistema independiente del idioma para clasificar las aperturas, asignando códigos que iban desde la A00 a la E99. Este sistema distaba mucho de ser perfecto, pero acabó siendo también aceptado como estándar.

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En otras áreas más difíciles de catalogar como los finales también impusieron un sistema de códigos, del que la imagen superior es una parte. Si dentro de 5.000 años los arqueólogos sólo encuentran esa página de la revista van a tener verdaderos quebraderos de cabeza para entender de lo que realmente se trataba.

Cuatro estrellas

Llevo toda la vida oyendo comentarios peyorativos hacia hoteles que no cumplen los estándares de calidad propios de las estrellas que se supone se han ganado por méritos propios.
El que más me ofende es el de quienes comparan churras con merinas. Cuando alguien dice «este hotel es una castaña para tener cuatro estrellas, hasta la pensión en que me alojé en Madrid es mejor» no se da cuenta de que la semejanza fundamental entre la pensión de Madrid y el chusco hotel de cuatro estrellas en Venecia es precisamente que él ha estado en ambos.
¿Por qué un turista se aloja a veces en hoteles de cuatro estrellas y otras en pensiones u hoteles de baja calificación? Pues porque el standar de calidad lo define su bolsillo. El que puede pagar un cinco estrellas en Estambul, lo paga. Y resulta que una habitación doble en un cinco estrellas de esa ciudad cuesta más o menos lo mismo que una en un hotel de dos estrellas de París. Y la verdad es que no habrá grandes diferencias entre ambos establecimientos. Si te quejas de la calidad de los cuatro estrellas es porque no quieres reconocer que no eres un turista de cuatro estrellas, lo eres de tres justitas, que siempre pagas lo mismo por el alojamiento. En destinos de precios imposibles se opta por la pensión, como puede ocurrir con Madrid. En lugares baratos, uno se lanza donde puede, aunque nominalmente sea un cinco estrellas.
Lo que es de cajón es que si un hotel es de cinco estrellas o bien no es apto para turistas o bien no lo es para estrellas de cine y empresarios de postín. Si has podido pagar la habitación es porque las estrellas nada dicen del lujo.

II

La confusión general es atribuir una relación directa entre la calidad y el número de estrellas. Y es un grandísimo error. Las normativas para asignar las estrellas difieren entre países y aún dentro de un mismo país entre regiones y ciudades. El hecho fundamental es que las estrellas se ganan en función de poseer determinados equipamientos, no de la calidad de estos.
Observemos la legislación vigente en España, según un antiguo Real Decreto de 1983. Esta normativa es diferente según cada Comunidad Autónoma, pero las directrices generales son comunes y sirven para ilustrar.
Por ejemplo, apenas si hay exigencias para los baños de la habitación. Puedes tener una bañera que se caiga a pedazos, con desagüe atorado. El cuarto de baño puede ser pequeño y el espejo mohoso. Aún así, podrías encontrarte todo eso en un hotel de cinco estrellas español. Sin embargo, si el cuarto de baño no tuviera teléfono el establecimiento perdería su quinta estrella.
Puede que tu alojamiento tenga todas las comodidades posibles, pero si no dispone de calefacción, por arcaico que sea el sistema, nunca podrá alcanzar la categoría de hotel. Si mantiene una habitación «al estilo antiguo», como forma de distinción, y esta no tiene agua caliente, dejaría también de ser un hotel.
Un hotel de tres estrellas no se caracteriza por su calidad, sino sobre todo por ser un lugar con piscina. La presencia de un restaurante o bar es fundamental para alcanzar la tercera y cuarta estrellas. Estas son las mayores dificultades para algunos hoteles; de ahí que a veces uno se encuentre con maravillas de dos estrellas, que no pueden escalar simplemente por carecer de piscina o no poder tener determinado porcentaje de plazas de aparcamiento por disfrutar de una ubicación demasiado céntrica. A veces es uno tan incauto como para sorprenderse al encontrar hoteles de dos estrellas que son mucho más caros que otros de tres o hasta cuatro.
Cierto es que todo suele ir acorde. Si tienes piscina, tienes que mantenerla, y si puedes mantener una piscina puedes poner un sistema de aire acondicionado decente en cada habitación. Si has adaptado el lugar para minusválidos, incendios y salidas de humos es de esperar que los baños tengan una canalización relativamente moderna.
En fin, que las estrellas no lo son todo. Dime cuánto has pagado por la habitación y te diré qué puedes esperar de ella. No vayamos de adinerados por pisar un cuatro estrellas.
Lectura recomendada:
Elegir hotel.
Hoteles y estrellas

Ivan Waltrapas

Desde luego, uno de los mayores vertederos de basuras en forma de palabras es la sección de los anuncios de «busco socio/negocios».
Bastante marginal de por sí, resulta casi imposible encontrar negocios honrados, la inmensa mayoría son chanchullos, estafas y fraudes. Y la publicidad contextual que se muestra en las páginas web de anuncios, ni te cuento.

busco prestamistas sin garantias no tengo propiedades y tengo asnef si muevo dinero pero no me dan nada ninguna financiera y cero propiedades busco alguien dispuesto a prestarme un dinero con mi unica garantia de mi palabra,dni y firma de reconocimiento de deuda seriedad pueden venir a ver mi circulo de movimientos

Por si el anuncio era poco sospechoso (debo agua en Loja, pero quiero que me prestes dinero fiándote de mi palabra) lo que lo hace brillante es la dirección de mail de contacto: wapo_25_ardiente@hotmail.com

BUSCO CUALQUIER NEGOCIO RENTABLE ABSTENERSE COMERCIAL O VENTAS NI NEGOCIOS QUE DEN MENOS DE 10 MIL EUROS AL MES Responder a: gaston__casas@hotmail.com

BUSCO PRESTAMISTAS SIN GARANTIA HIPOTECARIA UNICA GARANTIA FISICA Y PERSONAL GASTON__CASAS@HOTMAIL.COM TB DOY COMISION A QUIEN ME PONGA EN CONTACTO CON ALGUNO

Desde luego, el tal Gastón Casas está apostando fuerte por el mundo de los negocios.
He de reconocer que tengo un nuevo ídolo: Ivan Waltrapas.
Waltrapa es una forma incorrecta de escribir gualtrapa que a su vez es un término que se usa incorrectamente en lugar de gualdrapa:
gualdrapa.
(De or. inc.).
1. f. Cobertura larga, de seda o lana, que cubre y adorna las ancas de la mula o del caballo.
2. f. coloq. Calandrajo desaliñado y sucio que cuelga de la ropa.

En general se entiende este término como algo barriobajero, cutre, medio ilegal.

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Lista de dias del año ordenados por importancia

Para los amantes de las efemérides, hay una sección dentro de la Wikipedia que se refiere a cada día del año. Así, podemos ver qué ocurrió tal día como el día en que nacimos, o ver quienes nacieron el mismo día que nosotros. Por supuesto, la sección correspondiente al idioma inglés es la más completa de todas las páginas que componen la Wikipedia.
Cabe entonces realizar una comparativa entre los diferentes días del año. Porque aunque a nosotros nos parezca la distribución de los hechos a lo largo de la Historia como casi aleatoria, la realidad es que no es de ningún modo así. Hay días del año en que ocurrieron muchas cosas y otros en que no pasó casi nada, cualquiera que haya leído alguna que otra efemérides siente esa diferencia. ¿Qué días del año son los más importantes?
Mi primera impresión era clara: el día más importante del año será el 1 de enero. Cientos de acontecimientos comienzan con esa fecha, por ser inicio del año. El 1 de enero de 1986 España entra en la Unión Europea. El 1 de enero de 1995 entra Suecia, Austria y Finlandia. El 1 de enero de 2002 entra en vigor el euro como moneda europea. Y así un largo etcétera.
Como día menos importante del año, el gran candidato tenía que ser, como no, el día bisiesto del 29 de febrero.
Así, he tomado todas las páginas correspondientes a los días del año y me las he abajado al ordenador. Las he ordenado por tamaño decreciente. Y he obtenido la siguiente lista. Las páginas con ficheros más grandes son las que tienen un texto mayor y por tanto más enlaces a hechos remarcables en determinada fecha. Las más pequeñas son aquellas sobre las que menos se podía decir. Este criterio quizás no sea el más adecuado de todos, pero es sencillo de medir, claro y unívoco.

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