Cambia el modelo

En las marquesinas de la ciudad de Madrid apareció una campaña de publicidad en la que los modelos eran chicos o chicas con Síndrome de Down, en un plano medio, mirando de frente. La campaña llevaba por título “Cambia el modelo”. Me llamó la atención al frescura y naturalidad de los jóvenes, y comenté con algunas personas lo buena que me había parecido la idea dada la necesidad que esta sociedad tiene de dignificar la imagen de estas personas.

Las personas con SD (Síndrome de Down) tienen mucho que ofrecer. Todo el que ha coincidido en algún trabajo con alguna persona con SD da testimonio de que esto es así. Ahora se trataba de crear una campaña publicitaria en carteles para marquesinas para que se enterara mucha más gente. Y nosotros apostamos por decirlo con valentía, sin ningún tipo de complejo. La propuesta creativa fue la siguiente: utilizar los clichés publicitarios más reconocibles, hacer falsos anuncios de productos en los que los modelos fueran personas con SD. Que ellos fueran los profesionales que nos ofrecen cosas, los modelos que nos motivan a comprar. En este caso, comprar toda la humanidad y las cualidades que tiene un colectivo deseoso de integrarse plenamente en la sociedad laboral. De ahí nuestro lema: “Cambia el modelo”. Una llamada al cambio de chip que la sociedad debe terminar de hacer.

Me sorprende sin embargo la campaña. Usan a personas con Síndrome de Down como falsos modelos publicitarios, llamándome a que los vea como cualquier otra persona. Sin embargo, en lo que no reparan es que usan de ejemplo a personas con rasgos poco pronunciados de Síndrome de Down.

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Billon de euros

Estaba oyendo un programa de radio en el que el locutor narraba cómo el crédito en el Reino Unido ha llegado a los 1,3 billones (billones españoles) de libras. Para tratar de hacer esta cantidad más cercana, proponían a los oyentes que sugirieran una forma de visualizar esa suma de dinero.
Un oyente proponía llenar un campo de fútbol (dentro de 100 años el campo de fútbol será una unidad de medida del Sistema Métrico Internacional) con monedas de 1 libra, pudiéndolo llenar hasta una altura considerable.
En general, se proponen ejemplos muy bizarros, que no nos sirven del todo. Estaba pensando en un ejemplo que fuera del todo cotidiano. Pensemos en una familia media española, formada por dos personas adultas y un hijo y que los padres ganara 1.500 euros al mes cada uno (el sueldo medio en España). Suponiendo dos sueldos, tenemos 3.000 euros mensuales disponibles. Si esta familia dispusiera de esta cantidad de 1 billón de euros (mucho menos que esos 1,3 billones de libras), y en lugar de disfrutar de la vida decidiera seguir con su vida normal, gastaría una ínfima cantidad del total. Si suponemos que le dejan su dinero a su único hijo, este se casa y tiene un único hijo, y la saga familiar decide vivir cómodamente sin trabajar ganando 3.000 euros al mes, ¿Cuántos años podrían vivir las sucesivas generaciones?
Suponiendo que una persona viva 75 años, esta familia de tres miembros dispondría de 2.700.000 euros para toda su vida. ¿Cuántas generaciones podrían vivir del cuento? Pues la friolera de 370.000 generaciones. Haciendo el cálculo de 75 años por generación, y remontándonos en el tiempo en vez de ir hacia adelante, llegaríamos a una familia que podría vivir desde hace 27 millones de años, cuando surgieron los primeros primates superiores (el Homo sapiens apareció hace sólo 200.000 años).
1 billón de euros puede traducirse en tiempo, en toda la historia de la Humanidad, y un poco más, permitiendo a tu familia vivir sin trabajar.
(Nota: En todo este ejemplo se supone que la familia guarda sus ahorros en un banco que le permite aumentar su dinero en forma acorde a la inflación).

Sealand

Una de las medidas protectoras que el Reino Unido estableció para defenderse de las agresiones de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, fue la creación de unas bases protectoras, establecidas en el mar, en las proximidades de sus principales canales navegables. La idea era evitar que los alemanes penetraran y pudieran minar los canales de los ríos Támesis (en la costa este, que trascurre atravesando Londres) y Mersey ( en la costa oeste y desembocando en Liverpool).
Así, decidieron crear unas torres con equipamiento de detección marítima y aérea. Resultaba más barato realizar una construcción temporal y tener una dotación al cargo que fletar un barco. Además, era más seguro para los tripulantes ya que un barco puede hundirse con relativa facilidad, pero las torres estarían ancladas sobre bancos de arena.
Estas torres se llamaron Roughs Towers, o también Maunsell Sea Forts.

Las torres se construyeron con relativa facilidad. Estaban provistas de radares, generadores eléctricos y depósitos para agua y comida, pero también de fuego antiaéreo y armamento convencional. Fueron creados en tierra y transportados con tres grandes remolcadores, con todo el equipamiento y la tripulación, para que, una vez fueran anclados, estuvieran funcionando inmediatamente.
La ubicación, en las proximidades de los ríos antes indicados, implicó que algunas de ellas estuvieran en aguas internacionales, aprovechando la existencia de ciertos bancos de arena, donde se podían fijar estas estructuras. Se encontraban hasta a unos 10 kilómetros de suelo británico.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las torres fueron perdiendo su utilidad, hasta ser desarmadas y el personal que las atendía, retirado, en 1956.
No sería hasta 1967 cuando la existencia de una de estas torres ocuparía un lugar destacado en la Historia. El 2 de Septiembre de 1967, Paddy Roy Bates, un ciudadano británico, antiguo oficial del ejército, junto con su familia y algunos colaboradores, ocupó una de estas torres. Su idea era más o menos simple: montar una emisora de radio pirata, Radio Essex, sin que el Gobierno Británico pudiera meter las zarpas.
Ya en 1965 había ocupado una torre, en el estuario del Támesis, pero el gobierno le dió un toque de atención, ya que esta se encontraba en el espacio de las aguas territoriales británicas y su actividad era ilegal. Se mudó a otra torre, más alejada y en aguas internacionales. Así que de paso, reclamó la soberanía del espacio que ocupaba, dándole el nombre de Sealand.

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Lugares democráticos

Algunos de mis compañeros de colegio acabaron visitando la cárcel con frecuencia. Algunas de mis compañeras fueron prostitutas durante un periodo de tiempo. Gracias a Dios, le perdí la pista a muchos de ellos. También tuve algún compañero que acabó como economista o biólogo o profesor o músico pop de tercera categoría.
El siguiente paso educativo, esta vez por el instituto, me permitió conocer a gente que acabó como ama de casa, alguna modelo, dependientes en tiendas, pero sobre todo muchos futuros universitarios.
En la universidad, conocí sobre todo a gente que estudiaba lo mismo que yo, técnicos que acabaron de profesores, de programadores, trabajando para bancos.
Conforme va uno avanzando en la vida, el círculo se va estrechando. Cuando menos preparado está uno para conocer a personas diferentes – en el colegio – es cuando se tropieza con las personas más difíciles que probablemente encuentre a lo largo de su vida. Según se adquiere experiencia en el trato, se pierde la necesidad de conocer a gentes totalmente diferentes a nosotros. Al final, se encuentra uno con un círculo bastante cerrado, en que casi todo el mundo trabaja en casi lo mismo.
Los amigos que se distancian de mi rutina habitual se acaban difuminando, y el contacto poco a poco se va perdiendo. El que vive lejos se queda en un triste email anual. El que no tiene los mismos horarios, no existe.
Por eso, cuando estoy en según que lugares, me doy cuenta de lo poco democrático que son los lugares que solemos visitar a diario. Como en restaurantes que económicamente puedo permitirme. Por eso no me encuentro a famosos de la televisión, pero tampoco a quinceañeros o a pensionistas. Cuando voy de vacaciones, acabo en destinos de clase media. Ni me degrado en Benidorm, ni me explayo por la costa oeste de Canadá. Incluso mis compañeros de trabajo son, en su mayoría, de la misma clase social que la mía, muchos comparten aficiones, problemas y sueldos.

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Cómo hacerse famoso

Aunque todos sabemos que las Maravillas del Mundo Antiguo eran siete, pocos sabemos enumerarlas con seguridad. Una de ellas era el templo de Artemisa en Éfeso(Turquía).
Desde tiempos inmemoriales, los efesos rendían culto a la diosa Artemisa y tenían un templo dedicado a ella. Sin embargo, en el siglo VII a.c. los sumerios conquistaron la ciudad, destruyendo de paso el templo.
Pasaron los años y bajo el reinado de Creso, se decide volver a construir el templo, esta vez tratando de crear algo que pase a la historia. Se construye un edificio de 127 columnas de 20 metros de altura, algo inaudito en aquellos tiempos. El templo tiene esculturas de Escopas, uno de los más famosos escultores de la historia – que tristemente presta su nombre a múltiples bares de copas – el resultado final es una maravilla que probablemente aún hoy en día sorprendería por su belleza. Estaba hecho todo en mármol.

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El efecto 2000

A todos nos suena el famoso «efecto 2000».
En el diseño de muchos programas informáticos se habían establecido sólo dos cifras para el almacenamiento de las fechas. Así, el número 84 quería decir 1984. El problema era que, la mayoría de los sistemas anómalos, entenderían que para 00 el número significante sería 1900.
La primera persona que alertó sobre el riesgo de este sistema fue Bob Bemer, en 1958. Se pasaría 20 años tratando de que tanto programadores como el gobierno estadounidense o la ISO tomaran medidas de prevención. No tuvo mucho éxito.
La prensa magnificó las posibles consecuencias del problema, que estaba en boca de todos en los últimos días de 1999.
En realidad, el problema de fechas tenía que darse antes de que se llegara al año. Y efectivamente, así ocurrió. El primer problema de importancia fue detectado en 1993. Algunas personas, con deudas que terminarían de pagar en el 2000 recibieron cartas que les decían que llevaban 93 años de mora en el pago de los recibos. El sistema había entendido que había que terminar de pagar en 1900 y habían saltado alarmas de impago al realizar las operaciones correspondientes.

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¿Qué es lo correcto?

Me encontré una cartera en un autobús. Inmediatamente, se la di al conductor. Al llegar a casa, me di cuenta de que no había hecho lo correcto.
También me di cuenta de que actué por instinto. Si ves una viejita, la ayudas a cruzar. Los bomberos rescatan gatos de los árboles y las carteras se entregan a los conductores de autobús.
No tuve que esperar mucho para obtener la confirmación. En el metro oí como un chico contaba que, justo cuando pensaba comprarse un i-pod, su tío, que es conductor, le entregó uno que alguien había perdido en el autobús.
¿Qué es lo correcto? En mi caso, me equivoqué. Me lavé las manos en la situación. Fui honrado, no quedándome con el dinero, pero la honradez era solo una parte de la corrección. Porque no solo es posible que el conductor no entregue a objetos perdidos la cartera. También puede pasar que nunca nadie pase por objetos perdidos para recogerla.

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