Como hacer yogur casero perfecto

La yogurtera es el paradigma de los pequeños electrodomésticos que se compran con mucha ilusión pero se acaban usando entre una vez y ninguna. El principal problema de este fracaso anunciado es que produce unos yogures bastante aguados, que hacen el ridículo en la comparativa con cualquier marca.

Tratándose de un aparato que no tiene apenas ciencia, la gente desespera y tarde o temprano, lo da por imposible. Además tiene el tamaño ideal para guardarla en un armario sin que moleste demasiado, por lo que se puede pasar 3-4 años en el olvido sin grandes problemas.

En mi caso me compré la yogurtera no por ahorro – los yogures tienen precios que rozan el dumping, es casi imposible hacerlos más baratos. Lo hice porque ninguna marca comercial hacía los yogures exactamente como a mi me gustan.

De un lado, se abusa del azúcar. En otros casos se añade fruta pero es siempre de la peor calidad imaginable. Finalmente están los yogures con suplementos raros que en realidad aportan más bien poco.

Es terrible también ver cómo se van moviendo de acuerdo a las modas de salud. Si el último peligro es el azúcar, hacen yogur con edulcorante – con el mismo sabor demasiado dulce. Si el rival a batir son las grasas, con leche desnatada, pero para compensar su mal sabor, le añaden extras de azúcar. Si quieren que tenga extra de calcio, aprovechan para incluir leche descompuesta en factores primos.

El yogur con el que soñaba tenía que estar hecho con leche normal (“leche clásica” como inquietantemente anuncia Carrefour ahora), fermento de yogur y nada más. Tener la consistencia de un yogur griego y menos acidez que un yogur comercial. Sin azúcar, pero sin preocuparme de la cantidad de grasas lo más mínimo. Ni que decir tiene que con una yogurtera no conseguí nada de eso.

Leyendo por foros de internet encontré todo tipo de sugerencias: calentar la leche antes de mezclarla. Llevarla a ebullición y luego dejarla enfriar. Usar leche fresca. Usar leche pasteurizada. Usar leche semi desnatada. Usar leche entera. Dejar la máquina más tiempo de las 8 horas recomendadas. Echar más cantidad de yogur de base.

Todos los consejos que he mencionado arriba llevan al mismo resultado: un yogur que no está ni bien ni mal. La única forma de mejorarlo fue con mi propio I+D y quiero compartirlo con todos vosotros.

La forma más sencilla de hacerlo más espeso es añadiendo un poco de leche en polvo a cada vaso de yogur. Esto aumenta la consistencia notablemente y es un método claro para aumentar el espesor: más leche en polvo, más densidad del yogur.

Durante mucho tiempo estuve con este invento que no iba nada mal. Hasta que un poco por casualidad di con la piedra filosofal del yogur casero: la leche de oveja.

La leche de oveja es el típico producto que jamás se pondrá de moda: tiene unos niveles de grasas superiores a la leche de vaca. Y es mucho más cara por razones de tamaño obvias. Se trata de un producto tan graso que apenas si se puede comercializar más que en su forma semi desnatada.

La leche de oveja semi desnatada tiene exactamente las mismas calorías que la leche de vaca entera. Eso sí, un 80% más de calcio. El brick cuesta unos 2 euros, con lo que el precio es, de largo más del doble que la leche de vaca.

Ahora bien, la leche de oveja hace un yogur de yogurtera perfecto. Estoy hablando de un yogur con mucha más consistencia que el queso mascarpone. Si además se combina con un yogur de leche de oveja, estamos ante un producto de calidad sublime – con un precio razonable.

oveja yogurt

El mayor problema es encontrar estos productos en el supermercado. El mejor yogur del mundo es el de oveja de ‘El Cantero de Letur‘. Simplemente es un producto que no se parece a ningún otro: yogur casi para comer con cuchillo y tenedor. Este yogur se vende en Aldi y Supermercados El Corte Inglés – que yo sepa. El único problema que tiene para que sea perfecto es que quizás es demasiado denso para mi gusto: el único yogur que se pasa en densidad de todo el mercado.

La leche de oveja semidesnatada, de la marca Gaza, Ganaderos de Zamora, por otro lado sólo se vende en Carrefour e Hipercor.

gaza

Creedme cuando os digo que esa combinación es el Santo Grial de la yogurtera.

10 años

Llevo 10 años manteniendo esta página. La primera letra del primer artículo publicado fue una L, desde entonces, algunos cientos de miles han ido filtrándose por Internet. Del total anonimato fui pasando por etapas de cierta popularidad, hasta ahora, un periodo de claro declive y vuelta al anonimato.

En varias ocasiones he explicado ese empeoramiento: con el paso del tiempo, cada vez cuesta más dedicar tiempo a tareas improductivas. Al mismo tiempo, la emoción de que muchos lean lo escrito es cada vez menor. Miro el contador de visitas una vez al mes, o incluso menos. He tenido la página caída dos o tres días seguidos, sin saberlo.

También noto una evolución personal, antes me fascinaba más lo sorprendente, lo único. Ahora es casi rutinario el descubrir cada día docenas de novedades. Lo científico casi me aburre, no hay nada como la compleja irracionalidad de las relaciones humanas. Pero al mismo tiempo es mucho más difícil escribir sobre ello. Y del mismo modo, resulta menos interesante de leer, y más cuestionable.

Nadie recordará especialmente ese artículo, pero creo que Couchsurfing en España es uno de los mejores artículos del blog. Es totalmente contenido original, desde experiencias personales y conversaciones con docenas de personas. Es personal, y trata de ser honesto. Puede compararse con “La compra de Alaska“, un artículo del 2008, bastante bien escrito, que llegó a estar enlazado desde la Wikipedia. Ni una sola opinión negativa al mismo, nadie llamándome mezquino o rancio.

En diez años, han cambiado muchas cosas en Internet y en mi. Cada uno hemos seguido un camino diferente. Es por tanto inevitable que lo que yo escriba cada vez interese menos. El último año, con intención de no dejar de intervenir, empecé a usar Twitter. Ha sido una experiencia favorable, pero el resultado me parece totalmente descorazonador. Tener nada más que 100 seguidores es una marca patética, pero una buena medida de que lo que digo no tiene ya tanto interés para otros.

Twitter ha acabado con las referencias, con las citas, con los enlaces. Ya sólo queda el titular. Por supuesto, se pueden seguir escribiendo artículos extensos, pero la mayoría ya no está interesada en ese contenido.

No obstante, sé que tengo la razón, que lo que he escrito es valioso e interesante. Y como prueba, este twit, que todo el mundo ignoró, porque no era divertido ni sorprendente. La única recomendación de compra en bolsa que he publicado en mi vida, porque recomendar cien cosas y que diez salgan bien, es fácil. Ese fue mi guiño y la forma de deciros: hay mucho ruido, ignoráis casi todo y mucho de lo bueno. Quien hubiera seguido ese consejo, hubiera sabido valorarlo, hoy tendría el doble de dinero. Vuelve a tu historial de Twitter, mira lo que hiciste el 24 de junio, la de tonterías que retuiteaste. Si sigues a 100 personas, haces bien en ignorar lo que pongo, o no dedicarle más de un segundo al día.

Lo peor de mi evolución personal es que poco a poco he ido interesándome por cuestiones más contradictorias y polémicas. En muchos casos tengo ideas para artículos que ni me planteo escribir, porque aunque fueran material muy original, sería demasiado controvertido. Y la libertad de expresión no existe, no voy a publicar algo que no me traiga nada positivo y sólo pueda recibir opiniones negativas, amenazas o denuncias.

Con el paso de los años, los blogs vuelven a su verdadera esencia: el contenido personal, la batallita, lo que te sucedió a ti interesa a otros. Al margen de eso, sigue existiendo mucho profesional del blog, que ahora se gana la vida dignamente. Aunque he tratado de ser lo más aséptico posible, todo el contenido de la página ha sido un velado desgranar de mi propio día a día. Los ocho muebles que no quieres ver en un piso de alquiler: me estaba mudando por enésima vez. The year of the car, tras vender mi coche y contar mil andanzas con él. Jubilación anticipadísima, el libro que leía cuando iba al trabajo y tomaba fuerzas para despedirme, a pesar de la crisis y de tener un sueldo de locura. Tener un blog anónimo y no anunciar despidos, separaciones, cambios de residencia, mudanzas, ha sido complicado. En algunas de las épocas más complicadas de mi vida he publicado artículos totalmente frívolos y hasta hilarantes.

Empiezas un blog, tienes una lista de ideas que te gustaría plasmar. Y luego surgen otras. De la lista inicial, que tenía en la cabeza antes de escribir la primera L, aún hay dos que no he conseguido publicar. El compañero de estantería, y Vodka Rachmaninov. El primero, porque dije que sería aquel con el que cerraría el blog. Pero las promesas están para no cumplirlas.

El compañero de estantería parte del hecho de que todo el que escribe dos palabras juntas tiene el sueño de que, tal vez en un futuro, podría escribir un libro. En la inmensa mayoría de los casos, ese libro será una pésima idea y peor lectura. Ahora bien, imagina que ese libro estuviera publicado y hubiera sido un éxito. Pasado el subidón de encontrarlo destacado en las librerías, llegaría el reposado momento de verlo campar en bibliotecas públicas, junto a tantos grandes.

Ve a una biblioteca pública. Busca ese libro. Obviamente no está porque no existe. Pero ve a esa estantería. Y, simplemente, toma el libro que haya al lado. El que apoyaría su contraportada en la portada del tuyo. Ese, es el compañero de estantería.

Lo que sigue no es una extraordinaria narrativa, pero es una historia realmente chocante para mi. Que otro día terminaré.

Ahora bien, la verdadera historia definitiva es la de vodka Rachmaninov. Grandezas y miserias a partes iguales, como en esa bebida: vodka barato con el nombre de un glorioso compositor.

Aunque me cueste mucho más escribir, el blog sigue vivo. Me falta esa energía que tenía de joven para perder el sueño escribiendo sobre algo que me llamó la atención. Ahora me llevo esos pensamientos a la cama y por la mañana, han muerto para siempre.

Correlaciones sorprendentes

Si la lucha por crear un buscador mejor que Google es tan infructuosa como popular, el intentar crear una herramienta de sugerencias capaz de acertar casi siempre es otra de las quimeras del moderno desarrollo en Internet que atrae a mayor cantidad de empresas, obteniendo aún peores resultados.

Es el equivalente a querer conocer el futuro, pero con un aire tecnológico que lo transforma en pseudo-científico. Basándose en tus libros, películas y compras anteriores, pretenden averiguar qué es lo que querrás o necesitarás en el futuro. Detrás de ello, la posibilidad de vender publicidad de eficacia garantizada. No es lo mismo mostrar publicidad de automóviles en un foro sobre coches que mostrar publicidad del objeto que querrás comprar o que ya sabemos que necesitas en cualquier página. Esa publicidad se pagará a precio de oro.

Pero los resultados son siempre decepcionantes, por mucho que se intente mejorar esta tecnología. Muchas empresas que se las prometían felices se han ido quedando en el camino y han redirigido su modelo de negocio a otras actividades más tangibles aunque de ingresos menos suculentos.

Hunch.com, dirigida por Catherine Fake (impagable apellido que significa falso), una de las creadoras de Flickr.com, es uno de esos proyectos. La idea del proyecto no fue suya pero según cuenta este artículo de Wired ella se subió al carro porque le pareció muy interesante.

Los creadores de Hunch contrataron a Catherine Fake para dar la idea de éxito en el producto: si ella triunfó con Flickr, y se unió a ellos entonces es porque vio en ellos a un potencial éxito.

De entre los resultados que han obtenido hunch.com, a través de sus exhaustivas encuestas a usuarios, resultados que son un enorme secreto industrial, nos muestra algunas correlaciones bastante frívolas e inusuales y que ningún estudio científico sería capaz de detectar:

  • A la gente que le gusta matar moscas le suele gustar el periódico USA Today.
  • Los que creen en abducciones de extraterrestres tienen una mayor tendencia a beber Pepsi que los que no.
  • Aquellos que suelen tomar fruta fresca a diario tienen una mayor tendencia a sentirse atraídos por la costosa cámara EOS 7D de Canon.
  • Los que cortan los sándwiches en diagonal (en lugar de en vertical) tienen una mayor preferencia por las gafas de sol Ray-Ban.

Kindle

Me hubiera gustado empezar la entrada mostrando la caja del paquete en el que llega el Kindle y luego ir sacando fotos sucesivas del proceso de desembalaje. Pero la verdad es que es algo que siempre me ha parecido entristecedor y que ni soy bueno haciendo fotografías ni desempaquetando regalos.

Bueno, el Kindle es el lector de libros electrónicos de Amazon. No voy a hacer una reseña al uso pues porque esas siempre abundan. No por ello serán menos útiles que esta. Lo que quiero recalcar es lo que no vi en la publicidad y en esas reseñas de fotos de cajas.

Diseño y usabilidad del Kindle

Lo primero que me llama la atención es que en muchos sitios para hablar del Kindle se muestran fotografías del modelo más antiguo de todos (el Kindle 1) incluso en la propia página principal de Amazon. Es algo que realmente no tiene sentido pues ese modelo ya ni siquiera se vende. Supongo que en el caso de Amazon es una mezcla de despiste y de depender de alguna empresa subcontratada. En los blogs es la típica desidia de “compartir” la primera foto que se encuentre a mano.

El Kindle no tiene un diseño muy elegante que digamos pero en mi opinión este es uno de los últimos aspectos a la hora de comprar un aparato que es eminentemente práctico. Los materiales no parecen de primera clase y la carcasa es en sí misma baratuza, algunos controles son endebles y hacen temer por la integridad del cacharro. Me recuerda un poco a esas calculadoras grandes de conversión a euros. Si se rompe un botón importante tienes que tirar el cacharro entero a la basura.

A la hora de hacer cuentas sobre si comprar un Kindle o no uno debe tener muy en cuenta que no es un aparato para toda la vida. Los que realizan las estimaciones más optimistas hablan de dos años de vida útil, lo que es muy poco. A la hora de hacer matemáticas, si el aparato cuesta 250€, esto quiere decir que aproximadamente pagas 10€ al mes por el Kindle, luego para que te salga más barato que el equivalente en libros de papel, tienes que ahorrarte una cantidad superior a esa cifra.

Al precio del Kindle hay que añadir el de la funda, que no viene de serie. El Kindle sin la funda me parece un aparato sin sentido alguno, es como llevar un portátil por la calle sin funda. No deja de ser un aparato muy frágil y sin ella es carne de accidente. También la funda facilita bastante la lectura. La funda del Kindle cuesta otros 30$ que hay que incluir al presupuesto. No, no venden fundas del Kindle en los chinos. Todavía.

Comparación con el libro de papel

El Kindle en ningún momento recuerda a un libro convencional, más recuerda a un pequeño PC o a un móvil grande que a un libro de papel. El parecido principal es que no emite luz, con lo que no se cansa la vista. Eso es cierto.

En las reseñas he visto mucho que la pantalla no da reflejos y eso me parece totalmente falso. La sensación es la misma que cuando lees un libro de papel con un cristal o plástico transparente encima: se producen brillos cuando la luz da directamente sobre la pantalla. Desde luego no es para nada terrible y no entiendo por qué la gente no puede reconocer eso.

Luego el hecho de pasar páginas y tal es mucho más cómodo que en un libro y el no perderte continuamente buscando la página o el renglón por el que vas hace que se lea mucho más rápido que en un libro de papel. Se dice que en recuperar la posición por dónde se iba leyendo se va un elevado porcentaje del tiempo de lectura, con lo que teóricamente con el Kindle se debe leer a más velocidad.

Lo peor de pasar al Kindle es que la vuelta atrás cuesta. Tras usarlo un tiempo los libros parecen pesados e incómodos y no apatece leerlos. El hecho de que sea un aparato tecnológico lo hace sofisticado y es por eso que una parte de nuestra mente se siente atraída por leer de esa forma.

Me recuerda a escribir a máquina frente a hacerlo a ordenador. De la primera forma se hacía más rápido pero había algo de agradable en hacerlo a ordenador (aparte de poder procesar los textos) que hizo que esa opción se tornara indiscutible vencedora.

Un aspecto a tener en cuenta con el Kindle es que siendo un aparato electrónico es muy frágil y susceptible de ser robado. Nadie roba libros, especialmente si no son best-sellers y no están en perfectas condiciones. Pero algo que parezca remotamente a un ordenador es muy atractivo para cualquier mangante. Un libro se puede caer dentro de un bidón de aceite y se puede seguir leyendo pero si a un Kindle le toca una gota de agua malintencionada, o recibe un golpe inesperado deja de funcionar para siempre.

Aspectos muy positivos del Kindle

a) La perpetua conexión a Internet de gratis. Aunque en Europa no se puede usar más que para cuatro cosas, tener una conexión a Internet que podría ser hackeable y sin tener que pagar es algo que vale dinero de por sí.

b) El acceso a la Wikipedia de gratis. Por supuesto a la Wikipedia en inglés. Si no tienes nada que leer, tienes entretenimiento y lecturas de calidad garantizadas de por vida.

c) El diccionario de inglés integrado. Una maravilla para los que saben inglés y tiene de vez en cuando alguna duda que antes lo que hacían era pasar del tema y deducir el significado (más bien obviarlo).

d) Que puedes comprar los libros online y navegar por las páginas de Amazon de gratis. Amazon es otra fuente interesante de información y las reseñas de libros suelen ser uno de sus puntos fuertes.

Puedes conseguir nuevas lecturas de calidad en cualquier instante y en cualquier lugar ¡Del mundo! Los viajeros de pacotilla que se mueven mucho por la T4 están acostumbrados a la omnipotencia con sus teléfonos móviles, pero en cuanto salen de España se encuentran sin tarifas de internet y tienen que recurrir a los incómodos e inseguros ciber cafés o las inexistentes redes wifis abiertas.

Con el Kindle puedes comprar un libro o un periódico del país que quieras en un instante. Eso no me parece una ventaja sino una maravilla.

e) Desde la página de Amazon te puedes descargar muchos contenidos gratis a modo de prueba, primeros capítulos de libros, suscribirte a prueba a un periódico durante un par de semanas (y luego no pagar y suscribirte a otro, etc.)

Creo que esos puntos son los fuertes del Kindle tal vez respecto a otros sistemas. Inconvenientes que le veo:

Aspectos negativos del Kindle

a) Las páginas de Amazon que ves desde el Kindle son versiones reducidas de la misma página en la web y eso hace que no puedas decidir tanto sobre si comprar un libro o no. A mi no me importa leerme 20 reseñas extensas antes de comprar un libro y en el Kindle sólo ves unas pocas.

b) El sistema operativo es de Linux y ya se me ha colgado dos veces (dos veces más que el Windows 7 que uso muchísimo más). Que una aplicación tan sencilla se cuelgue en según que casos, es un poco triste.

c) Los libros están protegidos con DRM, cosa que me parece lógica desde el punto de vista de Amazon. Es un defecto para mi, pero no para los que venden los libros que lógicamente están mirando por su bolsillo.

Amazon ha hecho su aparato como le ha parecido a la gente que allí decide, que normalmente no son bloggers ociosos que publican entradas desde el trabajo mientras hacen como que trabajan. En Amazon cometen errores pero tecnológicamente no tienen a nadie que les tenga que dar lecciones. El Kindle es un aparato que impone respeto, te das cuenta de que gente con mucha cabeza ha estado ahí dando opiniones inteligentes en todo el diseño del producto, hay cosas que gustarán más o menos pero no dan muchas ganas de criticar por criticar.

d) Muchos libros no están en Kindle ni jamás estarán en Kindle. Para un lector exquisito, el Kindle nunca será la única fuente para obtener libros.

e) Amazon tiene en los acuerdos de distribución sobre el material de Kindle la proporción 70%-30%. El dueño del producto se queda con un 30% del precio que Amazon imponga mientras que Amazon juega con su margen para hacer los descuentos y pagar al que haya que pagar (como las operadoras de telefonía para su red de distribución). Esta forma de repartir es equivalente a las de la “obsoleta” industria de la música. Sin embargo a Amazon se la ensalza mientras que a los otros se les tacha de usureros y aprovechados. Éticamente el 70-30 no es defendible, pero tanto en un caso como en el otro es lo mismo: el que tiene la sartén por el mango se puede permitir abusar y lo hace.

En el caso de Amazon, del 30% tiene que comer el resto de la industria del libro.

Kindle Internacional

Hay que destacar un hecho importante y es que el Kindle no es sólo el aparatito sino que es en sí mismo un servicio. El aparato más la opción de comprar libros, hacer cosas con el Kindle y comprar a ciertos precios.

En Estados Unidos la gente de Amazon ha tenido que lograr un acuerdo excelente en lo que a tarifas de conexión se refiere pues los precios de los libros y servicios son bastante baratos. Pero fuera de allí se nota que los acuerdos son bastante estrictos y Amazon ha tenido que pasar por un aro bastante estrecho.

Por ejemplo, una de las utilidades más prácticas es la de enviarte un texto desde un ordenador a tu aparato. Para ello envías ese texto (un .txt, una página web) a una dirección asociada a ti (asinorum@kindle.com) y sólo con eso ya te estás enviando el texto que luego podrás leer a tu aparato.

Este servicio tiene un coste de 0.10$ en Estados Unidos pero el precio salta a 1$ si estás en Europa (o México o India). Es un precio diez veces superior y gran parte de ese dinero se lo están llevando las empresas de telecomunicaciones.

Uno puede subir contenido a su Kindle totalmente gratis simplemente con un cable USB, pero la opción del mail es realmente útil y práctica.

Los precios de los libros son diferentes si compras desde Estados Unidos o desde fuera del país. En las revistas y periódicos llama la atención la siguiente indicación:

Newspapers and magazines delivered outside the U.S. will not include photos and other images.

Es decir, que los periódicos comprados se envían sin las imágenes en una penosa muestra de racanería de ancho de banda. Cuando veo eso no se me ocurre nada mejor que visitar páginas de la Wikipedia (que veo gratis) con muchas imágenes (que veo gratis) pues me imagino que con ello hago perder dinero a Amazon.

El hecho de que los productos sean diferentes en unos países y otros lleva a la grotesca situación de que las reseñas de los libros o contenidos pierden sentido, ya que dependiendo de lo que uno haya obtenido y el precio conseguido, merecerá la pena o no.

En la edición del New Yorker no llegan los chistes gráficos que son de lo mejorcito de la revista. Y claro, los europeos dan opiniones bastante negativas y critican el que no vengan dichas imágenes.

Pero les responden lectores americanos diciendo que no, que sí que vienen con las imágenes que ellos están suscritos y las ven. O con los precios, unos dicen que es cara, otros que es barata. Sin darse cuenta de que cada cual está pagando un precio diferente.

Comparación entre los soportes

Algo que realmente he echado en falta son pantallas reales donde se pueda ver cómo son los libros en el Kindle. Aparte de los libros que se compran de Amazon se pueden cargar otros libros, ficheros de texto (.txt) y ficheros de PDF. Esto lo dicen en todas partes pero creo que es bueno ver las diferencias visuales entre estos formatos con el mismo libro.

Aquí estamos comparando un mismo libro:

a) La versión de pago de Amazon.
b) El libro en formato PDF impecable (el clásico que se consigue del Emule).
c) El mismo libro en PDF convertido a fichero de texto.

El libro de Amazon tiene diversas tipografías y tamaños de letra, es decididamente elegante e incluye opciones varias de navegación por el libro que lo hacen muy atractivo.

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En la versión de texto se queda todo en un formato plano, todo el rato el mismo. Un PDF convertido a texto siempre tendrá basurilla: los números de las páginas mezclados con el texto, los títulos indistinguibles del texto normal, no hay imágenes. Pero en general la calidad es bastante buena. Aquí vemos algún problema con la codificación de caracteres que ha convertido que los apóstrofes en inglés hayan desaparecido en muchos casos (I ll go en vez de I’ll go).

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Sobre la versión en PDF me parece importante alertar. Si esperas leer mucho en PDF vete olvidando de este aparato. No puedes cambiar el tamaño de letra y casi todo se ve muy pequeño. Tanto que tienes que cambiar la configuración de la pantalla, para leer apaisado, con lo que la experiencia de usuario pierde mucho. En la pantalla que muestro no hay forma de hacer el texto más grande y según se ve, en los finales de línea a veces el texto aparece cortado y cuando pasas página no te encuentras la línea completa, te la encuentras de nuevo partida por lo que no se puede leer bien.

En resumen: la lectura de PDFs en el Kindle es el equivalente a ver películas screener descargadas del Emule.

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Comprar o no comprar

Al ser un producto que se consigue desde los Estados Unidos, la opción de conseguir un Kindle robado es bastante improbable con lo que uno si uno lo quiere, tiene que hacerlo pagando. De salida diría que económicamente (dinero gastado en libros vs. Kindle + libros electrónicos) siempre será una derrota para el Kindle.

Ante la monserga de los libros más baratos, decir que esto no me parece cierto para nada, especialmente con el Kindle internacional (el que se consigue fuera de EEUU). En muchos casos la versión en papel es más barata, y cuando no es así, la diferencia es mínima.

La única forma de ahorrase dinero con libros electrónicos es tomándolos de la red (compartiéndolos con el Emule o haciendo copias de seguridad) pero un libro electrónico siempre será caro o no los venderán al precio considerado “justo” por los usuarios del Emule (1-2€).

Es parecido a lo que ocurrió con los billetes de tren y autobús. Al principio la gente decía “para la empresa trae cuenta porque se ahorran de tener a gente en taquilla, luego los venderán más baratos” pero la realidad no fue esa, los vendieron más caros porque era más cómodo comprar desde casa que ir a la estación y la gente acabó aceptando este trato aparentemente injusto. La comodidad se paga, luego la próxima vez que veas + cómodo + barato ve pensando que lo de barato puede cambiar.

Por otro lado hay que pagar a los que desarrollaron la web de Renfe o a los que inventaron la tinta electrónica y cobran mucho más que un auxiliar administrativo. Eso se paga a base de libros electrónicos. Ahora mismo hay ofertas gancho, con el tiempo eso puede ir a peor (salvo que haya una competencia feroz, cosa que dudo. Para mi que habrá clientes de gratis y clientes de pago).

Las aplicaciones experimentales

Dentro del Kindle hay una serie de utilidades que ellos denominan “experimentales”. Es una vuelta de tuerca sobre el sobre abusado concepto de Beta: termino algo que no funciona del todo bien y gracias a la muletilla de beta lo puedo publicar con toda la cara del mundo.

Así, en Amazon han preferido llamarlas experimentales. Entre ellas está la forma de mostrar ficheros PDF (que como os he indicado más arriba no está mal pero al no poder redimensionarse bien pierde casi todo el sentido). La otra es la lectura de libros en voz alta.

Indicar que esta lectura sólo existe para libros en inglés. Quizás se podría aplicar para libros en castellano pero me da miedo hasta intentarlo. Pues bien, la aplicación de lectura en inglés está en el mismísimo abismo entre lo inútil y lo práctico. Es decir, que tras probarlo entiendes que la lectura es difícil de comprender, pero al mismo tiempo es comprensible. Exactamente lo mismo que las traducciones de Google (las de hace unos años).

Cuando en el texto se encuentra algo que no pega (como un indicativo de sección o una nota al pie o un caracter extraño tipo ampersand) dice ese dato en mitad de la locución y eso te deja totalmente descolocado con lo que pierdes el hilo.

También los modos de lectura son bastante rápidos, eligiendo el modo más lento uno que no tenga el inglés por idioma nativo se puede sentir un poco intimidado.

Así, para decir diría que:

  • ¿Lees poco? Si es así, comprar el Kindle es tirar el dinero.
  • Lees siempre en casa y libros gordos tipo best-seller. Nunca te compensará tener el Kindle.
  • Lees libros muy raros o principalmente en español. Muchas de tus lecturas no estarán en el Kindle.

Para mi es un invento perfecto, por el tipo de cosas que leo. Pero creo que la tecnología aún no está lo suficientemente preparada para la mayoría de la gente que lo podría usar.
Eso sí, como regalo es una muy buena idea.

Audio Captcha

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Un captcha es uno de esos desafíos con palabras o letras distorsionadas que hay que reproducir sobre un cuadro de texto. El objetivo de los captcha es evitar que un programa pueda realizar automáticamente una determinada tarea, y que tenga que mediar la intervención humana en una parte del proceso. Esto especialmente útil para evitar el envío automático de información o el registro de usuarios en un determinado sistema, casi siempre con fines de spam.

Un problema de los captchas es el de las personas que no pueden ver. Para ellos ya es bastante complicado el navegar por Internet, como para encima encontrarse con un problema de este tipo. Un ciego no puede resolver un captcha y no existen programas que les faciliten la vida, pues en tal caso serían empleados por los distribuidores de spam, para saltarse la protección directamente.

La solución pasa por los captchas de audio que son un fichero de sonido que sirve como alternativa a la detección de las palabras escritas. Normalmente uno tiene la elección entre un sistema u otro (en Estados Unidos hay leyes que exigen que el sistema sea apto para personas con minusvalías visuales) aunque lo normal es emplear el sistema de las palabras distorsionadas.

Sin embargo, si alguna vez has oído un captcha te habrás dado cuenta de que es un verdadero galimatías. Los captcha de audio son mucho más difíciles de resolver que los de texto. Se estima que la tasa de acierto de los captchas de audio es inferior al 50%.

En la pantalla de arriba, vemos dos captchas ofrecidos por ReCaptcha. El de texto te exige introducir dos palabras sencillas. Pero el de audio te muestra una secuencia de ocho cifras que hay que distinguir entre un considerable ruido de fondo.

Para colmo de males, los captcha de audio son más fáciles de resolver por las máquinas que los captchas de texto. Gran parte de la dificultad estriba en que los sistemas de audio captcha están mucho menos desarrollados.

En muchos casos sólo hay que enunciar una serie de cifras (ocho en el caso de recaptcha) con lo que resulta mucho más fácil de trazar para una máquina que todas las combinaciones de letras, con la doble opción de mayúsculas y minúsculas. Además, los sonidos están pregrabados, con lo que no sólo hay que perseguir una serie de cifras, sino en unas interpretaciones limitadas y concretas.

Verdaderamente estamos ante un reto tecnológico considerable. Cualquier movimiento hacia dificultar la tarea de los spammers convierte la experiencia de los usuarios ciegos en una pesadilla, pues ya la situación actual es casi intolerable.

Una posible solución sería que el captcha de audio formulara una pregunta y el usuario tuviera que introducir no lo que ha oído, sino la respuesta a dicha pregunta. En este caso se choca con las minusvalías intelectuales, pues no hay pregunta lo suficientemente sencilla que no pueda resultar complicada para algunas personas.

En muchos casos hay además problemas de usabilidad en los formularios que dificultan el trabajo de las personas ciegas aún más. Al tratarse de un apartado marginal dentro del registro o la introducción de formularios, muchas veces el tratamiento es absolutamente superficial.

Así que amigos, la próxima vez que veáis uno de esos molestos captchas pensar que dependiérais de la versión de audio, vuestra situación sería infinitamente peor.

No soy una ONG

La gestión de los burdeles se realiza a través de sociedades como Camagran Proyectos e Inversiones S. L. (cuyo fin social es el “servicio de cafés y bares”), o Dance & Music of the World S. L. (dedicada a las “empresas de espectáculos”). Miguel Arufe es administrador de ambas, que acumulan numerosas sanciones administrativas impagadas y expedientes municipales sin resolver. Arufe, aparentemente, quiso darle a su labor un barniz filantrópico. La fachada del burdel de la calle del Gasómetro lució hasta el pasado verano la placa de una ONG: Andando sin Fronteras. Nunca llegó a registrarse como asociación por defectos de forma, pero una portavoz de la Generalitat confirma que se intentó inscribir como tal. La ONG pretendía dedicarse, entre otras cosas, a “impulsar las relaciones internacionales entre miembros y asociaciones afines“. Una nómina falsa de Andando sin Fronteras sirvió de aval a Arufe para alquilar el piso que funciona como prostíbulo en la calle Gobernador González.

Impagable lo de “impulsar las relaciones internacionales”.

Corvo Branco

El cuatro de diciembre de 1998 a las 19:30 horas me encontraba en mi habitación preparando el equipo de música. Me sentía intranquilo porque un acontecimiento importante estaba a punto de ocurrir. No era una una conjunción planetaria ni mi primera vez pero dentro de lo que cabe tenía su trascendencia.

Aquel día iban a retrasmitir una ópera de Philip Glass que se estrenaba en España y no sólo la emitirían por la radio sino que incluso lo harían por televisión (por la 2). Philip Glass es lo más que un músico de clásica puede parecerse a un grupo de pop o rock. No tiene a gente que le guste su música, sino a fans y seguidores.

En aquella época había pocos discos suyos en España, muchas de sus composiciones no llegaban a España y era el empuje de cuatro gatos, entre ellos Ramón Trecet, el que permitía que esta escasa música llegara a nuestro país. El hecho de que saliera una ópera nueva (una ópera son siempre palabras mayores) y además con presentación en directo, era una oportunidad única.

Además en aquella época la única forma razonable de conseguir música era grabándola de la radio. No es que los CDs de música fueran caros, es que uno no tenía mucho dinero. Igual costaba salir de copas, hacer un remedo de viaje. Cuando no se tiene trabajo todo es caro.

Por eso ese día, que no es que recuerde como Funes sino que lo he localizado con Internet, me encontraba preparado para grabar la ópera en cintas de casete.

Ya he indicado que la música clásica no es la idónea para el mp3, pero es que tampoco las cintas resultan las más apropiadas. Algunas piezas tienen longitudes obscenas, sobre todo las escénicas, y no hay forma de trocear una de estas composiciones en dos caras que queden más o menos equilibradas. Me viene a la mente la sinfonía nº6 de Chaikovski, de la que tenía una versión enormemente desproporcionada. Una cara estaba rellena sólo por la mitad. Pero seguro que hay ejemplos de composiciones aún más desiguales.

Tener que grabar una ópera en cinta de casete implicaba que en un momento dado habría que interrumpir la grabación, voltear la cinta lo más rápido posible y volverla a dejar grabando. Esto exigía cierta maestría – que nunca tuve. Además de un estado de tensión complejo. Lo ideal es que el giro se produjera en una transición entre dos movimientos. Pero también tenía que ser hacia el final de la cinta, para no desaprovecharla.

Era muy difícil llegar a un compromiso en que el resultado fuera aceptable. Los giros de cinta eran algo un tanto triste, pues destrozaban por completo la continuidad musical.

Volviendo al caso de marras, la ópera que se estrenaba en España era ni más ni menos que Corvo Branco (Cuervo Blanco). Esta ópera se compuso con motivo de la Exposición Universal de 1998 en Lisboa. Se trataba de un acontecimiento importante y para ello no escatimaron en gastos: Philip Glass y Robert Wilson, dos de los más reconocidos creadores de óperas – cada uno en su área. Y Luisa Costa Gomes como libretista, que me imagino sería una de las más adecuadas y costosas dentro de su país.

Este tipo de proyectos son los que hacen que un músico tenga un año bueno. No tienes que pelear por estrenar, ni buscar patrocinadores. Es pronto pago y sin preguntas ni limitaciones económicas. En aquella época, y hoy aún más, una ópera de esa envergadura era económicamente inviable.

Pues bien, para mi era una pena que para un día en que podría ver una ópera en directo no tendría más remedio que estar atento a la grabación de casete. Se me olvidaba indicar que, al ser una retransmisión en directo, si había una interrupción de algún tipo (entreacto, escena con muchos aplausos) uno tenía que parar la grabación, so pena de encontrase luego con un discurso del locutor que, aunque molesto al principio, con el paso del tiempo se transforma en una pesadilla, pues memorizas las frases contra tu voluntad.

Mejor o peor, al final del día tenía una grabación de la ópera, de la que sólo pude ver unos fragmentos que me parecieron bien bizarros. Luego al oír las cintas una parte estaba con muy mal sonido, uno de esos momentos en que se había ido la sintonización y se oía ruido de fondo. Por supuesto para el final de la ópera no alcanzó la cinta. No tenía sentido tener media cara con el final de una ópera.

Durante mucho tiempo esa fue una de mis músicas preferidas. Obviamente el proceso manual, la preparación y la vigilia antes del señalado día aportaron mucho. Cierto es que la música era de Philip Glass, pero una parte de mi estaba en esa cinta. Me había costado trabajo conseguirla y por eso la apreciaba.

Pasaron muchos años y en una de mis primeras consultas en el Emule se me ocurrió introducir Philip Glass. Ahí estaba, una selección de 17 cds en un único fichero, con muchas fuentes. A un click de distancia y sin pagar nada.

Entre esos discos había algunas joyas, como Einstein on the Beach, que llevaba años queriendo tener. Y otros que ni siquiera conocía. Pero también notables ausencias, como su ópera Akhnaten. Al margen de dar opiniones, me gusta rascar en la verdad. Casi desde que tengo el blog he estado pensando “¿Si tuvieras que recomendar una única pieza de Philip Glass, cuál sería?”. He dedicado muchas horas a decidirlo y finalmente creo que la respuesta correcta es Akhnaten.

Pero siempre tuve un cariño especial por la extraña ópera Corvo Branco, que tiene que ser más rara que un perro verde. Como los textos están en portugués, se entienden frases enteras, lo que la hace aún más enigmática. Ya no sé dónde andarán esas cintas, hace años que les perdí el rastro. Pero desde siempre quise conseguir la grabación de Corvo Branco.

Que sea música clásica – y contemporánea – no ayuda a la hora de usar los métodos convencionales. Pero después de investigar un poco llegué a la conclusión de que es que nunca se había editado en CD.

El típico problema de las óperas es que son deficitarias. No hay forma de producir una ópera rentable, salvo las representaciones para el pueblo llano con grandes aforos. Cuando le encargaron la ópera a Glass para la Exposición de Lisboa, fueron los sufridos portugueses los que pagaron de sus impuestos el experimento musical. Y aunque fue un acontecimiento importante, ninguna discográfica iba a llegar y tratar de realizar una edición en disco.

La representación en el Teatro Real en 1998 fue una verdadera excepción. Lo habitual de estos estrenos es que se representen una vez y caigan en el olvido. O que tengan un insospechado éxito. Pero dos representaciones, es algo inusual.

A pesar de todo siempre he seguido la pista a Corvo Branco. Cualquier día hacen una grabación que te sorprende. Pero no, no se da el caso.

Hoy sin embargo probé suerte en el Emule y para mi sorpresa me encontré que había varias canciones sueltas disponibles. En realidad estaban todas. Con una única fuente pero era una muy buena noticia, porque confirmaba que ya existía una grabación de Corvo Branco.

Me dispuse a buscar por Internet y la verdad es que para mis sorpresa había páginas de descargas que ofrecían el disco entero. Había que pagar una pequeña cantidad, menos de 2€. Mucho mejor que esperar a que una única persona en el mundo se conecte al Emule.

Antes de dar mis datos a nadie indagué un poco sobre esa página y resultó ser de una empresa rusa que causa muchas sospechas por los precios tan bajos que ofrece. Mejor no correr riesgos innecesarios. Así que tras buscar y buscar me encontré numerosas páginas que con otro nombre y diseño eran en realidad copias de la primera (legalsounds.com es una de tantas). Han hecho un gran trabajo de distribución por Internet, todas las búsquedas son para ellos.

Tras recorrer un montón de páginas finalmente di con un enlace que me llevaba a un sitio de descarga directa (rapidshare). Y tras esquivar las molestias de usar rapidshare sin pagar un céntimo, acabé consiguiendo un disco que no había podido tener desde hacía más de diez años.

La calidad de esta versión es bastante baja. Se nota que no es de un disco original, sino que la deben haber obtenido de alguno de los archivos de estas representaciones en directo. Así se explica que puedan vender una música desde Rusia sin tener que pagar a la discográfica. Es que no la hay.

Es curioso que tras tantos años uno vuelva a la misma música, de nuevo con una versión que tiene que ser casi artesanal. Como recuerdo perfectamente la anterior, juraría que esta no es la que se representó en Madrid, o no la de la noche del estreno.

Han pasado diez años largos y prefiero una ópera menor con poca calidad de sonido a otras muy superiores en todos los sentidos. La música gratis por Internet habrá matado a las discográficas, pero también a algo más. Esa especie de comunión entre una música y el que la oye creo que se ha perdido, o al menos yo la he perdido para siempre. La abundancia de productos de altísima calidad ha llevado a que ya nada resulte verdaderamente especial. Ahí tengo las sinfonías de Mahler, en versiones selectas, que había recomendado, almacenadas y sin oír.

El consumismo se suele asociar a productos de baja calidad, pero en la música estamos ante una sobreabundancia de exquisiteces. Por eso el mito de que ya no se hace buena música. Si Gustav Mahler hubiera poseído la discografía completa de Beethoven, Mozart y Bach, en versiones de máxima calidad, nunca se habría atrevido a componer ni una nota.

Cuando se habla de valores que hay que inculcar en la juventud, me hago una idea de que son como esto de la música. El valor es una cinta que has grabado en pésimas condiciones y con un resultado aún peor. Es parte de la enseñanza del esfuerzo, de que muchas de las cosas importantes en la vida cuestan o es bueno incluso que cuesten. ¿Que cuestan porque hay un montón de aprovechados que encarecen los precios naturales de los discos? Me da igual, tiene su parte buena, la que pocos quieren ver.

Disclaimer: Cobro a menudo altas cantidades por escribir estos artículos en el blog. Hasta el momento me han pagado de las discográficas (en general), de McDonald’s y empresas de distribución cárnica, de Altadis y Philip Morris, de Danone, de Amazon, de Yahoo, de Microsoft, de Pets.com, de Nintendo, de Coca-cola, de la agencia de Turismo de Armenia y de Laboratorios Roche.

Boda tradicional

No sé como fue, pero oí la estadística de que España, Reino Unido y Rumanía son los países donde más se aborta de Europa y venírseme a la cabeza la idea de que las bodas en España son un esperpento.

España ha avanzado mucho en muchas cosas en las últimas décadas. Nos parecemos mucho más a Reino Unido que a Rumanía, aunque hubo un tiempo en que estaríamos más cerca del tipo de sociedad rumana que de la británica (ojo, no estoy en modo alguno diciendo que una sea mejor que la otra).

Poco a poco se han ido racionalizando muchos comportamientos aberrantes de nuestro modo de vida. Otros no había ni que tocarlos porque eran mucho mejores que lo del resto de países de nuestro entorno. Ahora ves una obra en Alemania y otra en España y los niveles de seguridad y profesionalidad son equivalentes. Vas a un taller y la probabilidad de encontrarte con un trabajo bien hecho (con factura, te dan las cajas de los repuestos, te dan la pieza rota, los precios son coherentes) es la misma en un sitio que en otro. Nos cuesta pensar que muchas de estas cosas antes no eran asín.

Pero en toda esta marea de cambios, una de las que se ha quedado absurdamente atrás son las bodas que organizamos en España. Lo primero, básico ante el resto de lo que voy a observar, es que las bodas españolas no son tradicionales.

Hace cien años, una boda no tendría casi nada en común con una de ahora. Se salvan detalles ínfimos, como que la novia vista de blanco, el novio de chaqueta y que se presenten dos testigos. Pero muchas de las cosas que ahora damos por supuesto son de hace casi nada, y tienen muy pero que muy poco de tradicional y muy pero que muy mucho de aberración. Siempre tenemos que estar alertas ante “lo tradicional”. Te puede gustar más o menos, como los toros. Pero en casos de “tradiciones” que son de hace casi nada (como la de tomarse las uvas) hay que andarse con pies de plomo.

¿Casarse en una iglesia es tradicional? No, es la única forma que antes existía de casarse, igual que matar a un cerdo en un matadero no es algo tradicional, sino un requisito para poder vender luego la carne. Ahora tratamos de salir con que es que hay que casarse por la iglesia por respeto a las tradiciones. No, se hace porque a uno le puede gustar más o menos, pero el verdadero motivo por el que la gente se casaba ahí es porque no había ningún otro lugar donde se pudiera uno casar.

El arroz, los anillos, las flores, son pequeñas piezas tradicionales, que no piden pan y que bien pueden perdurar por los siglos de los siglos. ¿Gastarse una obscena fortuna en un traje de novia, para un único uso? Es algo que siempre ha existido, pero entre las familias pudientes.

Ahora una familia puede gastarse ese dinero, porque dispone de él, pero no deja de ser algo a extinguir, en el momento en que se racionalice un poco el concepto de boda. Supongo que el origen, que a lo más tiene dos generaciones, se debe a que en su momento una mujer vestía un traje especialmente bonito el día de su boda. Hoy en día esto resulta complicado, ya que cualquiera puede vestir bien casi a diario. Y se ha optado por el extraño camino de conseguir algo especial entrando en precios extraordinarios.

Otra barbaridad es el invitar a cientos de personas. Esto no ocurre en otros países y con el tiempo también en España entraremos en razón. Pero nos está costando. El incomparable absurdo de invitar a cerca de doscientas personas, y en muchos casos a bastantes más, se sumerge en la repugnante tradición de la boda rentable.

El hecho de que los invitados tengan que hacer un regalo de coste mayor o igual al estimado precio de su menú en el banquete parte de otro error, similar al del vestido. Antaño a los novios, pareja joven y que no tenía donde caerse muerta, se les realizaba una colecta para darles al menos un poco de dinero con el que empezar una nueva vida. Aparte de la existencia de dotes. Hoy este concepto no tiene lógica, ya que para irse a vivir en pareja no hace falta demasiado. Además que las personas se casan después de encontrar un trabajo, con lo que no necesitan de ese empujón inicial. Sin embargo ha perdurado lo peor, la idea de que “de una boda se sale ganando”.

El viaje de novios, otra tradición inexistente, bien puede permanecer entre nuestras costumbres. Se ha de ir a un destino “de viaje de novios”, normalmente un sitio estereotipado como Nueva York o Las Vegas.

Pero los conceptos de:

  • Hay que casarse en la iglesia.
  • Vestido de boda de más de 1.000 euros (1.000 euros es lo que cuesta un vestido de novia “de lo peor”).
  • Invitar a cientos de personas.
  • La boda negocio.

Tendrán que erradicarse pues son un reducto de nuestro pasado autóctono y original, pero que a muchos europeos les resultan – en mi opinión con mucho motivo – absurdas.

My Flesh and Blood

He visto pocas películas, pero una de las que más me han impresionado jamás ha sido My Flesh and Blood (En Emule).

La película es un documental del 2003 dirigido por Jonathan Karsh. Trata sobre Susan Tom, una mujer anónima de un pueblo de California. Es la típica mujer gorda, con gafas enormes, un poco envejecida, prototipo de americana risible. Sin embargo la vida de Susan Tom es totalmente inusual, pues tiene trece hijos. A partir de aquí, puedes leer partes que te hagan disfrutar menos de la película.
Continúa leyendo My Flesh and Blood

David Y Goliat

I
Como siempre que escribe un artículo, Malcolm Gladwell presenta una pequeña obra de arte. La última es un excelente ensayo del New Yorker donde habla sobre el baloncesto de categorías inferiores.

En él plantea la lucha por parte de equipos que son muy inferiores. Sugiere que en lugar de tratar de hacerlo “de igual a igual” hay que realizar una aproximación de guerrillas: provocar un combate desigual. Es el método que mejores perspectivas de éxito da.

En el caso del baloncesto, muestra el sorprendente caso de algunos equipos que basaban su estrategia exclusivamente en la defensa a todo el campo, complicando ya desde el primer instante el juego a su rival. El artículo narra interesantes casos de éxito a nivel preuniversitario (que es casi profesional) y el caso desproporcionado de un equipo de niñas de 12 años.

Para las niñas, el método de combate era una aproximación sugerida por el padre de una de ellas, forrado empresario tecnológico de Silicon Valley: las chicas sólo disponen de cinco segundos para realizar el saque desde la línea de fondo. Si se impide con todas las fuerzas que este se produzca, es muy posible conseguir el robo de un balón.

Como estrategia auxiliar, tratar de impedir que el equipo rival pase del medio campo en los diez segundos de que disponen. Y si no, aguantar el chaparrón, en el que sus chicas eran bastante malas.

Los sorprendente de su técnica ultradefensiva es que funcionó a las mil maravillas y las chicas llegaron lejísimos en la competición nacional, venciendo a equipos inmensamente superiores. Los robos de balón eran continuos y a veces los partidos empezaban por resultados abultadísimos como veinte a cero. Los equipos rivales no estaban preparados para resolver sobre el estadio la extraña estrategia.

Teóricamente la defensa a campo completo es muy poco recomendable porque un buen pase puede convertirse en una canasta segura. Pero dar el buen pase no es trivial. El método de defensa estaba basado en el propio fútbol americano: cubrir a toda costa el pase del quaterback.

El artículo es muy recomendable. Por aportar algo, mi modesta experiencia como pseudo entrenador de ajedrez. La situación a menudo era la misma que en los encuentros de baloncesto: tienes una alumna netamente inferior a otra. Si la partida se convierte en un duelo entre iguales, no hay nada que hacer.

II

Lo habitual era siempre usar una táctica gitana: jugárselo todo a una carta en la apertura.

La apertura en ajedrez es como cuando entras en un restaurante. Te indican donde te vas a sentar, ves de qué cubiertos dispondrás, eliges el vino. Vas viendo la sala y pensando en función de lo que ves si tomarás café allí o en otra parte. Te vas acomodando y preparando.

Pero hay aperturas en ajedrez que son como un fast-food. Nada más entras en el umbral de la puerta ya tienes a un impresentable preguntándote qué vas a tomar: antes de respirar ves que te ponen un puñado de servilletas y la elección del postre es instantánea.

En un restaurante no suelen matar a la gente, pero en una partida de ajedrez puedes salir destrozado de la misma apertura. Te acabas de sentar en la silla y ya tienes a un desgraciado que te está atacando a la misma yugular. No ha dado tiempo a las presentaciones, a las maniobras, a los cambios de cortesía. Ese desgraciado te quiere matar rápido.

Apertura tranquila es la española. Si todo sigue el guión principal, las blancas realizan una lenta maniobra de alfil (Ab5, Aa4, Ab3, Ac2) y luego otra más aún de caballo (Cd2,Cf1,Cg3). Las negras, a verlas venir.
Apertura fast-food es el ataque Marshall. Las negras sacrifican un peón y se dejan de preliminares: van a por el rey blanco.

Los métodos ultraagresivos no suelen funcionar. Algunos están refutados, basta pensar un poco, o incluso recordar un poco, y defenderse de los vanos aspavientos del rival. Es como el pase fácil desde la línea de fondo. Hay que darlo.

Por eso, las partidas en categorías inferiores eran un continuo de sobresaltos de apertura. Si tu alumno o alumna tenía oportunidad, le preparabas un gambito suicida contra el rival superior. Si el rival descubría la defensa, la partida terminaba pronto. Si no, podía tener problemas.

El inconveniente de este sistema es que estaba tan desarrollado por España que te encontrabas a timadores de ladrones y a embaucadores de timadores de ladrones. La rival superior, asustada ante el posible intento de engaño de su rival, era instruida a su vez en un método de apertura también engañoso y sorprendente.

Se jugaba al despiste sobre despiste. Por ejemplo, una chica llevaba toda su vida jugando la apertura española. A mi se me ocurría preparar a su rival con el complicado gambito Marshall. Pero los preparadores de la competencia se anticipaban con otro gambito, el Duras. Ahí mi alumna estaba totalmente perdida: no sabía nada y se enfrentaba a la rival superior.

Pero en cierto modo la ventaja se diluía. La mejor jugadora jugando una apertura realmente dudosa. Entonces tenías una posibilidad de vencerle: si nuestra alumna pensaba como una condenada y encontraba la refutación sobre el tablero, podía tener una partida muy superior.

Esto era lo que ocurría en los campeonatos finales, cuando los alumnos disponían de profesor, una notable excepción. Te encontrabas a un alumno nuevo y tratabas de sacar petróleo de donde no lo había. Era igual que David contra Goliat: tirabas una piedra nada más empezar. Y si no dabas en la diana, pues lo más seguro es que fueras hombre muerto.

III

El método de descubrir lo que podría estar tramando el equipo contrario y adelantarme siempre se me ha dado bien. Supongo que porque soy muy buen embustero. El caso más grave de David contra Goliat al que tuve que enfrentarme fue saliendo de las competiciones de barrio. Una vez pude tener un buen alumno y el alumno tuvo una enorme oportunidad, hasta que se enfrentó contra Goliat.

Goliat era uno de los mejores jugadores del mundo y hoy suele jugar todas las competiciones de altísimo nivel. Nosotros (porque éramos dos los embaucadores) teníamos a un gran jugador, mucho peor que la estrella, pero con sus posibilidades. Al fin y al cabo tenía las cualidades más extrañas en un niño pequeño: ambición y desconocimiento de sus propias carencias.

Supongo que este encuentro fue uno de los puntos culminantes de mi vida, de los que contaré una y otra vez a mis nietos cuando me lleven a cobrar la pensión. Normalmente todos hemos ganado a un rival muy superior alguna vez, la suerte sonríe a los insistentes más que los audaces. En este caso el milagro lejos de algo anecdótico podía cambiar el curso de la historia de una persona: ese pobre chico.

Por supuesto los cambios bruscos suelen ser para peor. En lugar de ser médico ahora sería un buscavidas del tablero o quizás estuviera en esa extraña élite del ajedrez. Pero el caso es que si dábamos con la receta mágica, con el engaño adecuado, podíamos atracar a ese genio desprevenido.

Por azares del destino, nuestro underdog era el último favorito para la competición y el rival el principal favorito, alguien a quien incluso Kasparov había señalado con el dedo.

Para nosotros, los entrenadores fue una pesadilla. Estábamos superados no sólo por el rival, sino por el peso de sus entrenadores, primeras espadas de la Escuela Soviética de Ajedrez, personas a las que admirábamos. Nuestra única baza era el gitanismo, algo que ellos no conocían.

Fue un trabajo científico de primer orden, del que estoy muy orgulloso. No era cuestión de una sorpresa de cálculo (el rival era como un ordenador) la opción posible era muy sencilla: llegar a una posición endiabladamente complicada en la que nuestro jugador se sintiera como pez en el agua.

Se me ocurre como ejemplo el de un opositor que se prepara sólo un tema. Se la juega a una carta, si sale ese tema, puede sacar la plaza. Si no sale, se acabó, los demás lo conocerán mejor que él. Nuestra tarea como entrenadores era elegir el tema, en base a cuestiones probabilísticas y lógicas.

Y el caso es que sorprendentemente lo conseguimos. Nuestro chico llegó a una posición muy complicada que habíamos analizado en detalle, todas las ideas posibles, todo lo que podía funcionar de su lado, las trampas, los trucos. Y el otro, tenía que verlo sobre el tablero.

Pero ni siquiera asín funcionó. Por eso nuestro alumno acabó como médico. Las batallitas de los abuelos siempre tienen finales penosos, esta no iba a ser menos.