Veterano de guerra

Uno de los asuntos de máxima actualidad son las celebraciones que se están llevando a cabo con motivo del aniversario del Desembarco de Normandía, hace 60 años.
Los americanos, siempre tan suyos, no paran de darse autobombo, de ser los liberadores del mundo presente, pasado y futuro.
Cualquiera con mínimos conocimientos de historia sabe que si alguien ganó la guerra, fue Rusia. Quizás lo más justo sería decir que la guerra la perdió Alemania por meterse donde no le llamaban. Habían hecho lo más díficil y aún querían más de lo que tenían. Se tropezaron con Rusia y ya no levantaron cabeza. Otro gallo habría cantado si Alemania no hubiera tenido la cabeza en el frío invierno ruso, tal vez se hubiera preocupado de su costa oeste.
Con motivo de estas celebraciones los americanos siempre airean a los veteranos de guerra. Para ellos tienen un tratamiento especial, son homenajeados, censados y controlados. Hasta tal punto, que saben cuántos veteranos de cada guerra aún siguen vivos.
Consultando un libro de datos sobre los Estados Unidos, observo que también contabilizan las viudas de dichos veteranos. Y me llevo la increíble sorpresa de que hasta hace un año aún seguía con vida la viuda de un combatiente en la guerra de Secesión.
Tengo que desempolvar mis conocimientos, sí, la guerra de Secesión estadounidense terminó en 1865. Y una de las mujeres que se casó con uno de los soldados murió en enero de 2004. No me salen las cuentas.
Resulta que la mujer se casó con un de los soldados mucho después, en 1927. Tuvieron que esperar 3 años hasta que ella cumplió los 18. Él tenía 81 cuando se casó. Una bella concurrencia de números capicúa.
El nombre de la mujer era Gertrude Janeway.
Seguramente, el gobierno estuvo pagándole, como viuda de un veterano de guerra, durante todos estos años. Una mujer que oía las historias de su marido sobre la guerra mientras estaba en la cama con él y que ha visto las sobrecogedoras imágenes del ataque contra las torres gemelas. Ante casos así, la historia del mundo se hace pequeña, y la personal, insignificante.