Bingo

bingo

Hay tres experiencias eminentemente bajunas: ir a un prostíbulo, a un casino y al bingo. Quizás el bingo sea el menos interesante de los tres lugares, pero faltaba en mi listado de experiencias imprescindibles – que ni incluye plantar un árbol ni tener un hijo.

Fui con un amigo al bingo más famoso de mi ciudad, que tiene hasta una parada de taxis propia. Ahora los bingos no se entienden como forma de ocio, pero en su momento eran una de las principales alternativas – casi todos nuestros padres han estado en el bingo y muchos de forma habitual. Salir de copas pero ir al bingo antes o después. La cita del bingo era un clásico en la estrategia de seducción. Basta con examinar la ubicación privilegiada de algunos de los locales para darse cuenta de que ese negocio, alguna vez, fue muy próspero.

Lo curioso de sitios como el bingo es que el público habitual es personas con poca formación. Y todo el mundo sabe cómo se juega al bingo. Pero cuando entras en uno, estás totalmente perdido. Sirva esta entrada como guía para aquellos que tengáis un lado bajuno que os neguéis a ignorar.

Lo primero es dejar tu DNI para que te preparen una ficha y comprueben que tienes la edad mínima. También que no estás en la lista de personas que se han autoexcluido de los locales de juego. Nos dejaron pasar sin incidencias.

Delante nuestra, tres clientas de libro: gitanas desaliñadas, con ropa de mercadillo, pelo no Pantene y surtido de bisutería. Mientras se juega al bingo se exige un silencio absoluto, por lo que no te dejan entrar en la sala hasta que concluye la partida en vivo. Ahí nos tocó esperar unos minutos con tan grata compañía.

Entramos en la sala. El aspecto oscuro recuerda a los casinos. Un montón de mesas enormes, como para sentarse ocho personas. En cada mesa, apenas dos o tres jugadores. Buscamos mesa desesperadamente, sin encontrar nada libre. Como dos hoygan, nos sentamos en una mesa apartada, hasta que alguien del personal nos dijo que ahí no nos podíamos sentar. Eso al menos, sirvió para que nos explicara un poco: lo normal es compartir mesa con otra gente.

Volvimos a buscar sitio, esta vez considerando los posibles compañeros de mesa. Las opciones eran todas malas: parejas de más de sesenta años. Grupos de jubiladas de más de setenta. Hombres solos y no exentos de problemas. Gitanas. Barajando entre pésimas opciones, encontramos una mesa libre. Comienza la diversión.

Ganar a la banca

A pesar de querer vivir la experiencia, las intenciones de perder dinero eran mínimas. Es más, nos planteamos el reto de ganar dinero. Todo basado en un hecho poco conocido por la mayoría de la población: la comida y la bebida en los bingos es muy barata. Así que si vas buscando tomarte unas copas tiradas de precio, el bingo es uno de los locales más a considerar. Precios de bar de barrio lleno de borrachos. En nuestro caso nos lanzamos de cabeza a la oferta del día: cena gratis.

Si sólo vas por la comida gratis, es importante ir bien vestido. Así que desempolvé el traje que sólo uso para experiencias extremas y llegamos al bingo con un aspecto Ocean’s Eleven que sabíamos era totalmente inapropiado. La gente que va al bingo no sólo viste con ropa de calle, en muchos casos son modelitos que pasarían por un pijama. Vestidos con traje y corbata, el cantazo estaba asegurado.

– Venimos por la cena gratis.
– Para eso, hay que jugar.

El objetivo pasaba a jugar lo mínimo posible para tener derecho a esa cena. Jugamos dos cartones de trámite. Costaban dos euros, de los cuales el Estado se queda con 0,40€. La empresa se queda otros 0,40€ y el resto, se juegan entre todos los participantes. La tensión se corta con un cuchillo mientras se dicen los números a toda velocidad. Una partida no durará más de dos minutos y el ganador del bingo suele serlo tras unas 75 bolas – entre las que se ha cantado una línea. La velocidad es frenética, así que si pierdes un número, porque alguien te ha distraído, se despiertan tus ansias de matar. Evita ser el causante de ese ruido.

Cuando se canta el bingo o la línea, se dispone de un sistema automático que detecta inmediatamente entre todos los cartones vendidos si hay un ganador. La verificación es casi instantánea y no admite errores. En la sala estábamos unas 80 personas. Por ganar un bingo, el premio eran unos 100 euros y se paga en efectivo en el acto.

Tras quedarnos a varios números de esperanza de premio, pusimos cara de tener hambre y pedimos al camarero. Había que jugar más.

Entre partida y partida hay un descanso de unos tres minutos, que sirve para que la gente hable, coma, tome sus bebidas, tenga algo parecido a un descanso. Los vendedores reparten los cartones a 2€ y los camareros sirven la cena. Nosotros observábamos de tapadillo la fauna de semejante circo humano. Dejamos pasar un par de partidas y volvimos a comprar dos cartones, con certidumbre de derrota.

Tras volver a perder, el camarero nos vio con mejores ojos. Pudimos pedir la bebida, la comida era menú único. Al rato aparecería la sopa, pero para entonces ya habíamos vuelto a perder: dos cartones más. Dos por dos por tres ya son 12 euros perdidos.

Qué decir de la sopa. Tomarte una sopa templada, mientras cantan números, en semi tiniebla, rodeados de personas hostiles que insisten en que compres más cartones. Al margen del desfavorable entorno, era peor que comida carcelaria. Tropezones escasos, salados y duros. Todo aderezado con el típico chusco de pan imprescindible en los menús del INMSERSO, que ni me molesté en quitar del envoltorio de papel.

Entre primero y segundo, y para tratar de digerir la sopa, fuimos a por otro cartón más. Jamás tuvimos opciones de acercarnos a un premio. Algunos se enfadaban por no haber conseguido su bingo – haberse quedado a falta de un número. Para nosotros era cuestión de tener nuestra cena low cost.

Llegó el segundo y aunque el aspecto era aceptable, la calidad era inexistente. Una ensalada embadurnada en un aceite muy poco virgen. Una sepia rebozada, más bien templada. Aunque se dejaba comer todo, era rancho de la peor calaña y nutricionalmente un crimen de lesa humanidad.

Dimos cuenta de esa porquería, esperando al postre que era la crónica de una muerte anunciada. Piña y melocotón en almíbar, sin paños calientes. Menú carcelario, de camping, de scouts, de escuela de verano, de comedor social. A euro la tonelada. Ya no recuerdo bien si jugamos algún cartón más. Incluso contando casos de comida en mal estado y cenas en China señalando un amasijo de signos en la carta, era lo peor que había comido en toda mi vida. Ahora bien, tirando de money-value, había sido una cena para dos a unos 16 euros. Precios de McDonald’s con opciones de haber ganado un premio de 100 euros.

Mientras estábamos en los postres se nos sentó una pareja en la misma mesa. En los cincuenta largos, ambos parecían estar bastante borrachos y trataban de hacerse los simpáticos mientras tachábamos números con menos esperanza que un náufrago. Cuando terminó la partida, se pelearon por elegir entre los dos cartones que les habían vendido – uno traía suerte, el otro no. Nosotros ya estábamos en retirada, la típica sensación de haber ganado a la banca y hecho un poco el gilipollas. Luego pensé que si escribía sobre nuestra experiencia y lo llenaba todo de publicidad contextual, recuperaría algo de mi dignidad perdida.

Creatividad y trabajo

Sé que es patético pegar un texto tal cual sin siquiera traducirlo. Por eso pido disculpas. Pero está en Quora, que no es enlazable sin estar registrado – o puede que no permanentemente – y me ha parecido de mucho interés, es una pena que se pierda pasado un tiempo. Coincido con lo que dice el autor al 100%. La creatividad no está en el trabajo que haces (ser músico vs ser fontanero) sino en cómo lo haces. Un músico que siempre toque las Cuatro Estaciones tiene menos creatividad que la señora de la limpieza del Metro.

Why is it difficult for creative people to find satisfying jobs?

Creativity is widely regarded as a valuable skill in the workplace. But in my observations, most self-described «creative» people (artists, designers, writers, musicians, actors, etc.) have trouble finding jobs that satisfy their creative needs and also pay a living wage.

It’s simple. Because people with ‘creativity’ or at least, who think themselves creative, have this idea subconsciously drilled into them from a young age that only a select number of professions are ‘creative’ – actors, writers, fashion designers, artists, musicians, writers, designers etc. This leads them to join the above-mentioned professions in droves. It also convinces people who join the ‘drone’ professions believe that they aren’t/don’t need to be creative.

I am no exception. I am one of these ‘self-described’ creative people. In the past I have been an artist, musician, graphic designer and even acted in a couple of plays. These days I write a lot, love playing the guitar, my design skills are rusty but I try to take some time out to sketch, and I despise acting and theatre now. There’s nothing wrong with having any of these skills or pursuing them passionately- however, this superficial conception that areas like these are the ‘only’ way to be creative is devastatingly misleading.

All professions benefit from creativity- but all of them are not equally ‘easy’ to be creative in. I’m working hard on improving my technical skills right now- and it’s going to take a lot of study and learning from others before I’m at a stage I can do something original on a regular basis.

(Now I’m going to get flamed and downvoted by people I don’t give a shit about- for what I say next- too bad: keep living in your little bubble)

Firstly- the professions people typically associate with creativity are saturated. Too many people trying to prove that they are the most creative individuals out there in the world. A lot of it is from hedonism, really.

They are the easiest way to be creative.

The barrier to entry is low- you don’t need much of an education to get into any of these fields. This makes people think that education and creativity are anti-thetical.

They are not analytical or mathematical. Once again, it leads to this ridiculous notion that scientific or mathematical skill is somehow detrimental to creativity- leading to such individuals to reject careers in say- Engineering, Science or Business.

Now, there’s a hint of truth to these stereotypes- a Scientist/Engineer/Manager works under a lot of constraints laid upon him by the laws of nature or economics. You can get by in some of the ‘normal’ professions by not doing anything creative at all.

People in the ‘superficially creative’ professions seem to have fewer barriers to work with, or this seems to be true. Not only this: people from these professions- actors, musicians etc, seem to get a lot more attention and lionization from society in general.

The creativity of people from other fields is ignored. The outcomes of their creativity can potentially have far, far greater reach and ramifications than even the greatest of the ‘artists’ and ‘musicians’- and the world needs more creative people making an impact in professions deemed ‘uncreative’ than they need artists. Beethoven was amazing, but if I were to measure his impact on the world it would be negligible compared to some unknown Indian pharma CEO pumping out cheap drugs for Africa. The latter’s ‘creativity’ was in exploiting a situation and setting up efficient supply chains.

The kind of creativity these professions demand is not easy (more flame material here). It requires a tremendous amount of knowledge and understanding of often extremely complex material before it can translate to creativity.

Look at your computer. Unless you have advanced degrees in electrical engineering and computer science: you have no freaking idea how it works.

Some guy built it though. Lots of guys- in fact. They visualized everything from the flow of electrons to the storage of information microscopically to the way in which you interact with the machine. That level of creativity: that is fucking incredible, and exceptionally rare.

Every time I hear Picasso or Monet or Jackson Pollock mentioned as some kind of paragon of creative thought process across all fields- I feel like socking someone in the jaw right there.

Every single component of your computer- from the rechargeable battery to the LCD display, signal modulation that lets you use wifi and communicate wirelessly, the millions of tiny transistors, the processing unit that computers and displays graphics- is a greater achievement of human creative spirit than anything Monet and Pollock did- and it’s about damn time that we start understanding that creativity is not about drawing or singing.

It’s a way of looking at things with a fresh perspective. Anything. Even business, or medicine or engineering which are seen to be for ‘geeks/nerds/preps’.
These professions can often become quite mechanical, yes, but that’s why they need creative thinkers who are willing to take on the challenge.

It’s easy to be creative if you’re an actor or musician. Anyone with a mediocre skillset can claim to be superficially ‘creative’ in this sense and be acknowledged as such by society. Art and music and writing give me a lot of peace of mind, and keep me mentally stimulated and receptive to new ideas. I have created some great art, I have composed songs that I am in love with.

But I would have to be a masturbatory fool to think that this was somehow ‘more creative’ than the people who created Quora, Google, Microsoft or Amazon- or any of the hundreds of startups trying to solve problems in ways that I could never have even thought of.

It’s hard to be creative if you’re an engineer or businessman or mathematician or a system builder of any sort- you have deadlines and constraints to meet. You won’t get any respect, your creativity will neither be understood nor appreciated by the general public. Your creativity needs to survive and then thrive even after 2 or 3 decades of social conditioning that tries to turn you into a drone- of having people trying to convince you that that what you’re doing is menial, mechanical, mediocre, generic, or just generally incomprehensible.

That is rare, and that is why it is valuable.

Economía experimental

He estado leyendo un artículo sobre los inicios de China en la economía de mercado, cuando decidió que al comunismo había que darle un lavado de cara, sin perder lo esencial.

Siempre que se habla de comunismo se entiende que es una ideología equivocada, y que por lo tanto todo lo que salga de ella, es erróneo. Esa fallida forma de pensar la tenemos enraizada y nos es imposible eliminarla del todo. Y claro, cuando se ve que el país comunista progresa, la gente cada vez está mejor, y no hay verdaderos síntomas de que la cosa empeora, nos cuesta entender cómo es posible, si lo que hacen está todo mal.

En 1980, China concede a la ciudad de Shenzhen el régimen de zona económica especial. Es decir, convierte a la ciudad en un sitio donde las normas son diferentes al resto del país, en cuestiones de impuestos y leyes económicas.

Está claro que en su momento lo pintarían de una forma diferente, más autoritaria y aparentemente clara. Pero con el paso de los años, se entiende que lo que allí sucedió fue un experimento de nuevas formas de desarrollo económico. Se abrió la oportunidad a que empresas extranjeras (en este caso del extranjero más nacional posible, Taiwan) se instalaran en la región. Ahí surgieron las primeras fábricas, deshumanizadas pero que pagaban salarios muy superiores a la media del país. Shenzhen pasaría de tener 300.000 habitantes en 1980, la población de Vigo, a 10 millones en el 2010, la población de todo Cataluña y Galicia, juntas.

Y sí, seguro que en Shenzhen se come fatal y no se puede votar libremente cada cuatro años. Pero algo debería decirte que no les ha ido nada mal.

En la situación actual de crisis, me ha llamado la atención que el Estado plantea escenarios negativos con salida gradual hacia la recuperación. Tras atravesar muchos años de deterioro económico. Se han tomado muchas medidas equivocadas y acertadas. Pero no se ha realizado ni una sola medida experimental. Lo más parecido a una medida experimental son los llamados «globos sonda», que consisten en decir que se va a tomar una determinada medida, esperar a ver la reacción de la prensa, y en función de dicha reacción, modificarla o dejarla más o menos igual.

Y eso es lo que me sorprende, que el sistema en el que vivimos se ve obligado a tomar medidas que se suponga siempre que son la mejor de las medidas posibles y que tendrá un éxito garantizado. Esto lleva a regulares reformas educativas, cambios del sistema impositivo y medidas a corto plazo continuas, que son bandazos sin rumbo alguno. Es interesante el ejemplo de China, un país que toma medidas experimentales en regiones concretas. Si funcionan, el modelo se extiende. Si no, se olvida. En el peor de los casos, el daño habrá sido localizado y reducido. Se pueden realizar muchos experimentos a la vez, por el mismo precio con que se toma una medida extrema, que funcionará o no.

Me imagino que esto de los experimentos no es posible debido a la propia esencia de la democracia. No la democracia de votar cada cuatro años, sino lo que nos venden que va en el kit, de que todos somos iguales en todo, para la bueno y para lo malo. Si se toma una medida que afecte sólo a la Extremadura, hay dos opciones: que se quejen los extremeños, por considerarla equivocada, o que se quejen todos los demás, por desearla para ellos.

En resumen, tomar medidas empíricas suena a que no se sabe lo que se hace, mientras que enumerar el camino a seguir para salir de la crisis es lo que suena a científico, seguro de sí mismo y eficaz. Lamentablemente los resultados son claros: no salimos, no vamos camino de salir, y no sabemos si saldremos. Eso sí, votar, votaremos.

Cómo enviar dinero físico por correo

¿Cuál es la forma más segura de enviarle a alguien 1.000 euros en efectivo (billetes de papel)?

Corta dos billetes de 500 euros en tres partes cada uno. Coloca los tres lados izquierdos de este billete en un sobre, los derechos en otro y la parte central en un tercer sobre. Envia los sobres por separado.

Un tercio de billete no tiene valor legal alguno, así cada envío por separado no vale nada. Sin embargo, los bancos te devolverán el importe íntegro de un billete siempre y cuando poseas al menos el 51% del papel de dicho billete. Así, aunque perdieras uno de los sobres, el destinatario recibiría sus 1.000 euros.

Puedes eliminar por completo el riesgo de pérdida (y ahorrar gastos de envío) a cambio de aumentar la latencia. Si esperas a que el destinatario te confirme que ha recibido un envío, antes de enviar el siguiente. Si un envío se pierde, divides los billetes en partes más pequeñas, con lo que te aseguras que entre tú y el destinatario siempre tenéis más del 51% de los billetes. En el momento en que el destinatario tenga el 51% de los billetes, puedes dejar de enviar trozos, ahorrando costes.

Brillante respuesta de Ben Maurer, uno de los fundadores de recaptcha, en Quora. Es una traducción literal, adaptada a euros y a la legislación europea (idéntica en ese aspecto a la estadounidense).

Entrevista a Tim Cook

El nuevo presidente de Apple, Tim Cook, es un excelente profesional nada mediático. Hace bien su trabajo, y por lo tanto tiene una vida bastante aburrida. No es tan excéntrico como su predecesor, motivo por el cual algunos lo tachan de falto de talento.

Una larga entrevista bastante interesante, estos son los párrafos que he resaltado:

Podrías poner todos los productos que fabricamos sobre esta mesa. Si lo piensas, es que hay cuatro tipos de iPods, dos iPhones diferentes. Tenemos luego dos iPads y unos pocos Macs. Eso es todo.

El ochenta por ciento de nuestros ingresos proviene de productos que no existían hace dos meses. ¿Hay alguna otra compañía que pueda hacer eso?

Queremos escuchar las ideas que vengan de nuestros 80.000 empleados, no de cuatro o cinco. Un grupo mucho más pequeño tiene que decidir, puntualizar y llevar a cabo los progresos, pero las ideas las tomas de cualquiera. Quieres que la gente explore.

¿Has usado el Surface o el Galaxy? [Las tabletas de Microsoft y Samsumg respectivamente] Sí, claro. Con ambas, y alguna que otra más. Lo que veo, desde mi punto de vista, es que algunas de estas son confusas, tienes diferentes sistemas operativos con interfaces también diferentes. Ellos se alejan de la simplicidad. Pero nosotros pensamos que todo ese desorden tiene que ser eliminado.

Si entras en nuestra página, estamos publicando las horas que trabaja casi un millón de empleados a lo largo de nuestra cadena de suministros. Nadie hace nada parecido.

Puede que el aspecto más infravalorado de Steve Jobs era que tenía el coraje de cambiar de ideas. Y eso, es un talento.

Cambio madmaxista

Hay anuncios que pueden verse como una metáfora del tiempo que estamos viviendo:

CAMBIO PORTATIL POR ESCOPETA DE PLOMOS

cambio portatil modelo acer aspire one d250. el portatil es de 10. 1 pulgadas. dentro de los ordenadores pequeños es de los mas altos de gama. las fotos son reales. el portatil tiene 250gb de disco duro, 1gb de ram, window 7, webcam, bluetooth. funciona perfectamente. se entrega con su cargador, bateria, funda, raton, lector de cd-dvd. cambio por escopeta de plomos ( whisper x vampir, maxima, cometa, norica. . . ) no escopetas malas . contexto todos los correos. EL PORTATIL SE PUEDE PROBAR CUANDO QUIERA.

El billete más caro del mundo

Cuando el delincuente más buscado del mundo, Osama bin Laden, fue capturado por los Estados Unidos, llevaba encima 500 euros en billetes. Una ironía verdaderamente macabra. Los billetes de 500 euros se han acabado llamando «bin Ladens«, por aquello de que son billetes que todo el mundo reconoce, ha oído hablar de ellos pero pocos han visto en la realidad. Es incierto el origen de ese sobrenombre, aunque no cabe duda que español.

Al principio no se emitieron billetes de 500 euros en España, pero poco tiempo después, se acabaron atesorando a un ritmo que preocupaba: la cuarta parte de todos los billetes acababan en España, una cantidad desproporcionada por el tamaño de nuestra economía. Tal vez baja, sin embargo, si se tiene en cuenta que es un billete empleado principalmente para operaciones económicas fraudulentas o entre criminales.

Tras la captura de Osama bin Laden, el sobrenombre para estos billetes pierde su sentido. Está claro que con el paso de los años, los que sepan de ese nombre quedarán fascinados por tan extraña relación.

El billete de 500 euros es perfecto para llevar una pequeña fortuna en el bolsillo. Es un billete valioso, en una moneda muy común. Osama bin Laden vivía en Pakistán, pero aún así tenía billetes de euro (no uno único de 500 sino una combinación de varios).

El dólar no tiene un equivalente a este billete tan valioso. Hay billetes exóticos, como el de 100.000 dólares, impreso en 1934 con la imagen del presidente Woodrow Wilson. Pero no deja de ser una rareza y un billete empleado para operaciones interbancarias. Estados Unidos tiene la curiosa situación de que el billete más valioso de todos es el de 100 dólares, aunque existen unos pocos billetes de 500 y 1.000 dólares. Estos fueron emitidos en los años 30 y son perfectamente legales, aunque de tal rareza, que el intentar pagar con ellos causa verdadera conmoción. A diferencia de los billetes de 500 euros, despreciados y rechazados en muchos comercios, estos grandes billetes tienen un valor superior al de mercado, y se pueden vender fácilmente a coleccionistas por cantidades por lo menos un 50% superior a su valor impreso. Existen billetes de 5.000 o 10.000 dólares pero esos no tienen circulación ni tan siquiera testimonial.

Los coleccionistas se pasean por las cajas de los grandes casinos, por si algún despistado ha canjeado uno de esos billetes. Pero la suerte de estos billetes no admite términos medios. O son rechazados, como no válidos, o aceptados por conocedores que automáticamente se los guardan para sí. Nadie acepta un billete de estos valores sin saber lo que vale realmente.

No hay que ir muy lejos para encontrar billetes más valiosos a los de 500 euros. Rodeada por la Eurozona, Suiza emite billetes de 1.000 francos suizos, más de 800 euros. Curioso es el nombre de franco suizo, pues la distinción «suizo» ya es casi innecesaria. No existen ya francos franceses o belgas. Hay francos en países de África, pero el franco suizo debería ser como el dólar estadounidense, que prescinde del gentilicio. Aunque también muy adecuado para el lavado de dinero, este billete es mucho menos común que el de 500 euros, y tiene el riesgo añadido de que la cotización del franco suizo es más impredecible (lo que no quiere decir que sea menor).

El rey de los billetes, sin embargo, se encuentra en Singapur: los 10.000 dólares de Singapur, que a día de hoy son unos 6.000 euros. La economía de Singapur, país de servicios bancarios, tecnología, comercio internacional y enorme mercado del juego, exalta en este billete su peculiarmente privilegiada economía. Orgulloso de ser puntero en nuevas tecnologías, es un billete que hasta muestra un ordenador. Además es un billete elegante, con colores dorados.


Una verdadera rareza es que este billete tiene justo un competidor que justo le iguala en valor: el billete de 10.000 dólares de Brunei. Este pequeño país, comercialmente muy ligado a Singapur, tiene un tipo de cambio de uno a uno con el dólar de Singapur, algo verdaderamente infrecuente entre monedas relativamente modestas; los tipos de cambio fijos respecto al dólar o el euro son muy comunes.

Incluyendo las imágenes de los billetes, es llamativo ver que en la red hay pocas imágenes de calidad del billetón suizo, mientras que los billetes de Brunei se muestran a gran calidad y sin ningún tipo de «Facsímil» sobreimpreso.

En resumen, contrariamente a lo que se pudiera esperar, no hay un único billete que sea el más caro del mundo, sino que hay un empate entre dos países del Este de Asia.

Relacionado: Billetes grandes.

Lambrusco

Una forma de galantería precocinada es la idea de que cenar en un restaurante italiano es algo romántico. Y como todo lo que tiene que ver con el amor, los hombres suelen tener la idea de convertir un gesto del corazón en una posterior transacción de los bajos instintos. Así, surge el plan perfecto, carente de toda sutileza a poco que se rasque en la superficie. Consiste en invitar a la novia o al ligue a un restaurante italiano y, con el conjuro del alcohol, culminar en casa en una proeza digna del olvido. Si se realiza en un sábado, sirve para justificar el refranero español.

La pieza que falta en este puzzle de Casanova es un vino italiano. Aunque en España tenemos muy claro que disfrutamos de los mejores vinos, sin necesidad de dejar opinar siquiera a los franceses, muchos desconocen que los vinos italianos merecen un lugar de excepción. Algunos de sus vinos son de una singularidad única. De entre todas las regiones vinícolas italianas, una de las más burdas es la de Lambrusco, sobre todo si tenemos en cuenta que el vino que se exporta a muchos países, entre ellos España, es el de la peor calidad de entre casi todos los que se fabrican. Es un vino para tomar frío, que entra fácil y que emborracha de una forma alegre, desenfadada.

Ahora bien, es bueno que sepas, y esto puede servirte tanto para amargarte una de esas supuestamente cenas románticas, como para aportar un barniz cultural que siempre tiene algo de atractivo, que el sobreprecio al que se venden estas botellas es delirante.

No te digo que ocurra como con todos los vinos del mundo, que en el supermercado valen una cantidad y en un restaurante ese precio se puede ver multiplicado fácilmente hasta por ocho. Lo que te estoy hablando en primer lugar es que estos vinos se suelen vender con uno de los múltiplos de beneficio más exagerados posibles. Mercadona vende una botella de Lambrusco, que no es peor que la del restaurante italiano, a 1.5 euros. Y llegamos al punto crucial. No importa que el restaurante lo venda a 20 euros, a 15 o a 10. Lo que quiero es que entiendas ese euro y medio cómo está repartido.

Lo más caro de toda la botella de Lambrusco es el tapón. Al final es un tipo de corcho resistente a varias atmósferas. No existen opciones baratuzas. Sólo ese tapón de corcho vale cerca de un euro, cincuenta céntimos si se realiza una tirada de millones de botellas. Lo siguiente más caro es la etiqueta del vino. Los dos trozos de papel, el de delante y detrás, donde se cuentan las virtudes embriagadoras del bebedizo. Lo tercero es el cuello de la botella, la parte superior, que de nuevo es de un vidrio reforzado, al tratarse de un vino a presión. Fuera del podio, no está claro si lo más costoso sería el resto de la botella de cristal o la cápsula de plástico que hay en torno al cuello de la botella. Sólo al final, sin lugar a dudas, llega el vino, cuyo precio está entre los 5 y los 20 céntimos de euro. Hay que entender que este vino es, es decir, el líquido, no la botella o la presentación, el más barato que se vende en el mercado, muy por debajo del vino de cartón de marcas blancas.

Más información: Foro de especialistas.
Fuente: Tradición oral.

Deuda alemana

Siempre se pone a Alemania como ejemplo de país a la hora de pagar su deuda. Alemania es el paradigma de AAA en las escalas de deuda.

¿Por qué es ejemplar este país? Pues porque ha perdido dos guerras mundiales y aún asín ha conseguido pagar toda su deuda siempre. Nadie pone como ejemplo a Luxemburgo porque, aunque tenga – o tuviera – la misma nota crediticia que Alemania, no ha demostrado su intención de pagarla bajo una situación de grave crisis.

De las dos crisis superadas por Alemania, en la de la I Guerra Mundial siempre se ha considerado que las sanciones impuestas por Francia fueron excesivas e impagables. Aunque Alemania hizo todo lo que pudo por pagar, ya sea mediante argucias de devaluación de moneda o apretándose el cinturón, al final siempre queda una parte de esa deuda no pagada que se asumió como que no tenía sentido ser pagada. La irrupción de la II Guerra Mundial complica cualquier tipo de cálculo sobre estas deudas. Aunque es sabido que hasta hace bien poco, Alemania seguía pagando parte de reparaciones por la I Guerra Mundial, aunque unas cantidades testimoniales y anecdóticas.

Tras perder la II Guerra Mundial, los vencedores tuvieron muy claro que una sanción gravosísima no era solución y en todo momento se trató de paliar la situación alemana tanto como fuera posible. Un hecho poco conocido es que se recurrió a una argucia, aceptada o incluso alentada por los vencedores.

Tras terminar la guerra, Alemania se separaría en dos países: Alemania Federal (RFA) y Alemania Democrática (RDA). La Alemania Federal, la Occidental y heredera de la gran potencia mundial, sería la encargada de atender a esas deudas. Pero se usó el argumento de que no era justo que Alemania pagara por todas las deudas cuando era algo que correspondía a los dos países. En lugar de ponderar las deudas a la parte proporcional del país resultante, lo que se hizo fue anular la deuda(!) porque no correspondía con ese país al 100%. Así, una gran parte de la fama alemana de buenos pagadores es totalmente errónea. Como no se podía pagar y todo el mundo quería una Alemania libre de deudas, se hizo la vista gorda y se obviaron esas deudas, con el beneplácito de todos los países afectados. Pasadas varias décadas, nadie repara en ese dato que no deja de ser importante: el paradigma de pagador no pagó y a nadie le importó.

Finalmente todo quedó en un acuerdo de pago surrealista: Alemania dijo que pagaría «cuando el país volviera a estar unido». Algo que sorpendentemente acabaría ocurriendo. Y ¿Qué pasó con los títulos de deuda para aquel entonces? Pues que la Alemania unida y perfecta deudora los pagó religiosamente. Ahora bien, una deuda de cuarenta años, sin tal vez aplicaciones del IPC que proporcionaran la deuda, pues sería muy llevaderas. Aparte el principal problema de que la mayoría de estos títulos se habían estado negociando a la baja durante décadas, hasta perder toda liquidez y potenciales compradores. Cuando Alemania anunció que estaba dispuesta a pagar ya no había casi nadie preparado para cobrar esos bonos.

Estos bonos de la Alemania reunificada son uno de los pocos ejemplos que existen de producto financiero cuyo valor ha caído hasta prácticamente cero y que pasadas varias décadas se han revalorizado de forma extraordinaria.

Vía: Un comentario a un artículo del blog de Freakonomics.
Fuentes: London Debt Agreement de 1953.

Jubilación anticipadísima

Una lectura bastante interesante, por lo inusual de la temática, es el libro de Early Retirement Extreme (jubilación anticipada extrema). En él, el autor trata de crear una guía de los pasos necesarios para poder jubilarse a una edad muy temprana. Pero ante todo lo que acaba mostrando es su inusual forma de vida, cómo llego hasta ella y la justificación filosófica que la sustenta.

Normalmente las personas que viven al margen del sistema, salvo cuando lo están porque este no les ha dado ninguna facilidad, ofrecen una imagen muy diferente a la de este escritor. Suelen defender una cultura de «lo alternativo». Uno piensa en fumadores de porros, aspirantes a comuneros, trenzadores, artesanos de baratijas y percusionistas. Naturista, ecologista y vegetariano.

Está claro que esto no es más que un estereotipo y que por lo tanto es de por si fallido. Pero cuando uno ve esas congregaciones de personas que se muestran «al margen del sistema», los que llaman la atención son los que llevan ese aspecto. Entre los que nunca te fijarías, se encuentra Jacob, el autor de este libro.

Otrora un físico que trabajo en puestos de razonable responsabilidad e importancia, el autor decidió jubilarse lo antes posible, nada de 65, 67 o una generosa jubilación a la Telefónica, con 50 años. Él se planteo la jubilación cuando tenia menos de 30 años y su objetivo era conseguirla en apenas cinco.

La lógica matemática dice que para conseguir esto, si quieres mantener tu nivel de vida, tienes que tener ahorrados cerca de un millón de euros que, invertidos a un tipo de interés razonable, y con un riesgo mínimo, dan el equivalente al sueldo medio. Hay ya algunos libros y artículos al respecto. Si quieres jubilarte, sólo tienes que conseguir esa cantidad de dinero y mantener tu tren de vida actual (nada de comprar ostentosos Ferraris o tendrás que trabajar tarde o temprano).

Jacob le da una vuelta de tuerca al tema: si bajas tu nivel de vida, las necesidades de ahorro descienden drásticamente. Es decir, que si ahora vives con un sueldo de 20.000 euros al mes – que no se enfaden los millones de parados o los extranjeros que vean esa cantidad desorbitada – y mas o menos tu nivel de gasto se corresponde con esos ingresos, si consiguieras acostumbrarte a vivir con la mitad de esos ingresos, algo que mucha gente se ha visto obligada a hacer por la crisis, tus necesidades de ahorro para conseguir esa jubilación no serian ahora de 500.000 euros, sino de mucho menos. Y en cuanto mas austero sea tu modo de vida, menos dinero necesitas tener en el banco para poder vivir el resto de tu vida sin tener que trabajar.

En su blog, el autor del libro cuenta que el es capaz de vivir por unos 5.000 euros al año, sin vivir de lo que encuentra en las basuras, depender de un piso de protección social o de ningún tipo de ayuda social. Una vida muy modesta pero parecida a la que tenemos todos.

Mejor que el libro, tal vez, sea leer su blog, que abunda en artículos muy interesantes sobre su forma de pensar en numerosos aspectos de la vida cotidiana. Un detalle importante de la filosofía del autor es que no se opone al dinero, ni es un radical en ningún aspecto. Tiene una visión pragmática admirable. Seguramente mantendría el mismo modo de vida que todos nosotros si pudiera permitírselo, salvo algunas modificaciones inexcusables. Pero como quiere no trabajar, porque trabajar es normalmente algo muy desagradable y que nos consume a todos, pues ha optado por todos esos recortes.

Para entender su modo de vida, basta con fijarse en su propio libro. Lo ha editado él mismo, tanto en formato físico como en digital. El libro digital lo vende en Amazon a unos 10 dólares y yo lo he comprado. El libro físico cuesta unos 20 dólares. Aunque Jacob es un defensor del trueque, del dar cosas a cambio de nada y de vivir de forma barata, no regala su libro. Y el precio de 10 dólares esta lejos del precio «recomendado» por los defensores del todo gratis, en torno a los dos-tres euros (mejor dólares, ¿No?).

A pesar de tener una pagina de bastante éxito, su libro ha vendido unos 4.000 ejemplares, que le habrán reportado un beneficio de unos 10.000 dólares como mucho. Puede parecer que es mucho dinero, sobre todo para alguien que puede vivir con ese dinero durante más de un año. Si lo hubiera vendido mas barato, tal vez habría conseguido mas ventas, pero no mas ingresos. Si lo hubiera regalado, quizás hubiera tenido 50.000 descargas o 100.000 o 1.000.000.000. Ahora bien, en un mundo de todo gratis, eso no significa nada. No se traduce en lectores reales, en potenciales simpatizantes de su forma de pensar. Esa cifra de descargas es un numero indeterminado, infladísimo, de significado incierto. Pero tener a 4.000 personas que han pagado 10 dolares es algo real y concreto. El autor no busca enriquecerse – no podría, con un libro así – pero tampoco quiere inflar su ego creyendo que tiene a un numero de simpatizantes que no es real. Jacob se ha movido en un terreno deslizante: su libro es barato pero no esta regalado. Ha intentado evitar los intermediarios para maximizar su beneficio. Pero al mismo tiempo, consigue algo de dinero que se supone que no necesita.

Y es que uno de los pilares de la forma de vida propuesta por el autor, es que uno debe cambiar la mentalidad, pasar de ser un «asalariado» a pensar en forma mas emprendedora. El libro es una forma de obtener ingresos, por tiempo idefinido. Muy modestos, pero continuados en el tiempo. Trabajando, trabajas hoy para cobrar el sueldo de hoy. Lo que hagas en el día no tendrá ninguna transcendencia en el futuro para tu bolsillo.

Al mismo tiempo, el autor no trata de defender una cultura de la inactividad. Aunque dispone y disfruta de muchas horas de ocio, también se esfuerza en tareas productivas que le resultan gratificantes, como ha sido la escritura de ese libro, o el mantener su blog y foro. Que yo sepa no tiene conocimientos ni interés en la fabricación de pulseras o en desarrollar el virtuosismo tocando el tam-tam.

Mucha gente se encuentra con un modo de vida similar al defendido por el autor por pura necesidad. Los parados, tarde o temprano, empiezan a adaptar sus patrones de comportamiento a la existencia de un sueldo pírrico. Los becarios y dudosos beneficiarios de un primer empleo, tratan de integrarse en una vida normal con una economía de guerrilla. La vida da muchos palos y siempre es bueno estar preparado para recibir otro, saber ponerse en una situación así: como vivir si no tienes ingresos o apenas si los va a tener.

Gran parte del esfuerzo del libro trata de demostrar el absurdo que supone vivir de trabajar para otros. Aunque algo exagerado, en muchos puntos acierta por completo, sobre todo cuando uno reflexiona sobre hasta que punto el hecho de trabajar tantas horas condiciona el resto de nuestro vida. ¿Quién no se ha comprado el coche pensado en el trabajo, en si es fácil o no aparcar o si tiene que hacer muchos kilómetros? ¿Quién no elige los colegios, los gimnasios y hasta los amigos en función del trabajo? Se corre por la noche no porque sea lo idóneo, sino porque es cuando se vuelve de trabajar. El numero de hijos que una pareja tiene depende ante todo del trabajo de cada uno de ellos, y no de que sea mejor o peor, sino de las horas de ocio que facilite. Se come y se duerme en función del trabajo.

Muchos llegamos a un momento de hartazgo de ese sonar del despertador. La mayoría opta por jugárselo todo a la carta de la lotería, sin verdaderas esperanzas pero con la resignación del que al menos lo ha intentado. Jacob plantea una forma alternativa e interesante de vivir. Lo interesante de su sistema es la conjunción de ideas «alternativas» sin entrar en el kit de ser un antisistema, anti-higiene, vegano, defensor del comercio justo y fanático de las energías limpias.

Precisamente la forma de vida de Jacob es perfectamente posible en tanto en cuanto sea minoritaria. Si todos hiciéramos lo que él, el sistema se vendría abajo. Su forma de vida recuerda a los que subsisten de ayudas sociales. Son pocos, tienen casa, algo de comida, sin tener que esforzarse. Teniendo resuelto el problema del techo, vivir es la cosa mas barata del mundo, ni siquiera hace falta recoger cobre abandonado o robar teléfonos móviles.

Porque el modo de vida propuesto es razonable: no intentes ser clase media en un mundo en el que para serlo se te exigen unos niveles de consumo determinado (ropas de marca, coches, ipads, móviles) sino teniendo necesidades y lujos cubiertos. Una casa donde vivir, luz eléctrica, agua corriente, comida caliente y sana. Lo que hace 20 anñs se llamaría clase acomodada.

De entre todos los gastos a controlar, el mas importante de todos es la vivienda. No importa si compras o alquilas, tus gastos mensuales mínimos van a estar condicionados casi en su totalidad por lo que gastes en vivienda. Así, promueve que uno sea lo mas morigerado posible en la compra o alquiler de la casa. Eso si, evitando vivir en lugares ruinosos o penosamente comunicados. Porque vivir en el quinto pino es trasladar los gastos de la casa hacia el coche. Desvestir a un muerto para vestir a otro.

Jacob vive en una autocaravana, que esta aparcada en un camping y sin intención de moverse. Lo hace porque vive en San Francisco – ciudad idónea para estos tipos de vida alternativos – pero que también es una ciudad bastante cara. Pero para el lo ideal es tener una casa de un solo dormitorio. El tener varias, para posibles invitados, o tener varios baños para situaciones hipotéticas que se dan cada mucho tiempo, es un gasto que, haciendo la cuenta, nunca compensa.

Dependiendo de donde se vida, puede ser totalmente innecesario el tener un coche. Y si se tiene, procurar que sea uno pequeño, barato y robusto.

De los siguientes gastos a tener bajo control, el mas alarmante son las salidas a comer fuera. Algo muy común en España, la muestra principal de que ese es el pozo sin fondo del dinero «extra» o los lujos que merecemos, es ver como la gente que se compra una casa se ve obligada a dejar de salir y sufre duramente los primeros meses de tener que comer siempre en casa. Lo cierto es que casi todo el mundo gasta en comer fuera «todo lo que puede». Si uno se resigna a limitar extremadamente las salidas, los gastos se minimizan en forma dramática. En la misma linea de gasto se pueden incluir los viajes, algo en lo que se puede llegar a gastar todo el dinero que se ahorra durante el año.

Finalmente Jacob lanza la alerta ante el modo de vida consumista. Muchos cambiamos de móvil cada año, el vestuario se renueva continuamente. Un abrigo por temporada, un café aquí y allí. El mundo nos ha condicionado a una forma de vida en que continuamente estamos gastando en comprar, lo que se nos ha roto, se nos ha quedado obsoleto o nos aburre seguir viendo. Si quieres seguir su modo de vida, tienes que orientar tu vida hacia un mundo donde comprar no es mas que una necesidad puntual. Para ello apunta a dos posibles vías: tener las menos posesiones posibles, para desvincularnos de los objetos que nos atan mas que darnos libertad, y evitar comprar barato pensando en comprar dos veces.

Aunque tratándose de una personalidad alternativa, lo que uno esperaría seria que viviera con taparrabos o camisetas del Che Guevara, el escritor promueve la compra de ropa de calidad – que no de marca – pensada para que dure muchos años. Resulta grotesca e interesante su defensa de los trajes de lana, que pueden durar toda la vida. Hoy en día se piensa que solo hay que llevar traje en bodas, funerales, o por cuestiones laborales. Justo un defensor de la vida sin trabajar, aboga por una prenda que suele durar décadas. Pero en la misma linea sugiere comprar un buen abrigo, aunque sea caro, o buenos zapatos. Si no te preocupan las modas, intenta que la ropa te dure mucho tiempo.

Y para que sirve tener tanto tiempo libre? Muchos de los que mas amargamente se quejan de tener que trabajar, suelen afirmar que se aburrían estando en casa en los periodos de baja por enfermedad. Si no echas en falta tiempo libre, esta claro que este modo de vida, o algunas muy buenas ideas que se pueden aprovechar de el, no es para ti. Pero si te gustaría hacer tantas cosas, que no tienes tiempo para ellas, por que no reflexionar un poco sobre todo esto? En el tiempo libre, las horas y horas que a menudo perdemos, se puede:

  • Aprender muchas cosas que siempre se quisieron saber
  • Leer
  • Cocinar todo lo que se coma, abandonado las comidas preparadas que ahorran tiempo
  • Hacer ejercicio con mas libertad
  • Vivir de una forma mas natural y cumplir el mitico sueno de comer tus propios tomates
  • Trabajar para ti: ser tu ninera, el profesor particular de tus hijos, tu limpiadora. Todos esos trabajos que nos obligan a gastar dinero en poder ganar dinero, mientras estamos trabajando.

En cualquier caso, es fundamental tener una actitud activa ante el dinero. Parece que trabajando mucho se preocupa uno mas por el dinero, cuando es todo lo contrario. El trabajar tanto no lleva sino a tener una actitud algo irresponsable: todos los meses hay un ingreso en la cuenta, y siempre por la misma cantidad. La vida puede ser maravillosa. Sin embargo, si tienes un puñado de dinero ahorrado, y te toca invertirlo, tienes que tener mas cuidado, tienes que pensar qué haces, qué no haces, y sobre todo, si lo inviertes de una forma u otra.

Muchos dirán «esto no es para mi». Pero la verdad es que el mundo en el que vivimos pone a muchos en situaciones «que no son para ellos» y ante ellas hay que estar mínimamente preparados. Es este una especie de libro de supervivencia, orientado a la vida urbana. Un libro en el que el autor ha explicado su forma de vida, lo que el es. Mucho mejor que tantos otros donde se trata de parecer lo que no se es.